Las legumbres existen desde hace siglos y siguen desempeñando un papel fundamental en nuestros esfuerzos por construir un futuro sostenible y con seguridad alimentaria para todos.
Las legumbres han acompañado a la humanidad desde antes incluso del cultivo y la domesticación de los cereales. Están indisolublemente ligadas a las primeras civilizaciones que se desarrollaron en el Creciente Fértil, donde se originó la agricultura hace 10.000 años. Entre los ocho cultivos fundadores del Neolítico (las primeras plantas cultivadas) se encuentran cuatro legumbres: la lenteja (Lens culinaris Medik.), el guisante (Pisum sativum L.), el garbanzo (Cicer arietinum L.) y el yero (Vicia ervilia [L.] Willd.). Aunque las legumbres existen desde hace tiempo, su contribución a la seguridad alimentaria, la buena salud y el medio ambiente está empezando a ser plenamente reconocida.
Las legumbres tienen una amplia diversidad genética, de la que se pueden obtener los rasgos necesarios para adaptarse a los futuros escenarios climáticos mediante el desarrollo de variedades resistentes al clima. La ciencia, la tecnología y la innovación son fundamentales para responder a esta acuciante necesidad.
Hemos visto que los beneficios de las legumbres son enormes, siendo más conocidos por sus aspectos nutricionales y saludables, dado que son una importante fuente de proteínas asequibles y con bajo contenido en grasa. También contienen vitaminas importantes, como el folato, y minerales esenciales, como el hierro, el calcio, el magnesio y el zinc. El alto contenido en fibra de las legumbres puede ayudar a reducir el riesgo de diabetes de tipo 2, cáncer colorrectal y enfermedades cardiovasculares. Se ha demostrado que el bajo índice glucémico de las legumbres atenúa la glucemia, lo que también reduce el riesgo de diabetes, enfermedad crónica, que, de no ser tratada conlleva a la ceguera, insuficiencia renal, diálisis, amputaciones. Fuente: ONU.
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