Microbiota y nexo con patologías neuropsiquiátricas

Las alteraciones en los microorganismos de nuestro intestino, denominada disbiosis, son la causa de numerosas enfermedades, entre las que se incluyen las mentales, como ansiedad, depresión o trastornos del espectro autista (TEA).

La evidencia que conecta la microbiota intestinal con trastornos neuropsiquiátricos específicos ha crecido exponencialmente en los últimos años. En la depresión mayor, los pacientes muestran alteraciones microbianas características, incluyendo una reducción de aproximadamente cuarenta por ciento en la diversidad bacteriana general. Se observa un exceso de Bacteroidetes proinflamatorios y un déficit significativo de Faecalibacterium prausnitzii, una bacteria con propiedades antiinflamatorias. Experimentos traslacionales han demostrado que el trasplante fecal de humanos con depresión a ratones libres de gérmenes induce conductas depresivas, proporcionando evidencia causal de esta relación.

En el TEA se han identificado firmas microbianas distintivas. Los niños con TEA presentan niveles aumentados de Clostridium bolteae (hasta diez veces superiores) que se correlacionan directamente con la severidad de los síntomas gastrointestinales, y una reducción del sesenta por ciento en Bifidobacterium. Ensayos clínicos con Bacteroides fragilis han demostrado mejorías en las conductas sociales en aproximadamente sesenta y siete por ciento de los casos, sugiriendo un potencial terapéutico significativo.

La enfermedad de Parkinson muestra una conexión particularmente intrigante con la microbiota intestinal. Investigaciones recientes indican que la alfa-sinucleína, proteína que se agrega patológicamente en el cerebro de pacientes con Parkinson, puede iniciar su agregación en el intestino y migrar al sistema nervioso central a través del nervio vago. La microbiota característica de pacientes con Parkinson induce una mayor agregación de esta proteína, proporcionando un posible mecanismo para la progresión de la enfermedad.

Intervenciones terapéuticas: Estas intervenciones dirigidas a la microbiota intestinal representan un enfoque innovador para el tratamiento de trastornos neuropsiquiátricos. Los probióticos de nueva generación, denominados «psicobióticos», incluyen cepas específicas con efectos neurológicos demostrados. Lactobacillus helveticus R0052 ha demostrado reducir los niveles de cortisol y mejorar la cognición en ensayos clínicos, mientras que Bifidobacterium longum 1714 disminuye la reactividad al estrés y modula la actividad cerebral en regiones asociadas con el procesamiento emocional.

El trasplante fecal (TMF) emerge como otra estrategia prometedora. Protocolos estandarizados para depresión resistente muestran tasas de respuesta de aproximadamente cincuenta y cinco por ciento a las ocho semanas de tratamiento. Estudios de neuroimagen revelan mejoras en la conectividad de la corteza prefrontal medida por resonancia magnética funcional, sugiriendo cambios neurobiológicos subyacentes a las mejorías clínicas.

Las dietas terapéuticas constituyen una tercera aproximación intervencionista. Dietas altas en polifenoles aumentan significativamente la abundancia de Akkermansia muciniphila, bacteria asociada con efectos antiinflamatorios y mejora de la integridad de la barrera intestinal. La dieta baja en carbohidratos fermentables reduce síntomas gastrointestinales y conductuales en aproximadamente setenta por ciento de niños con trastorno del espectro autista y comorbilidad digestiva. Fuente: Rev. Okronos.

Loading

Scroll al inicio