Debido a «alarmantes» cifras de obesidad en Chile, expertos llaman a diagnosticarla y ampliar acceso a tratamientos.

Resumen

Aun hay profesionales que no la tratan como una enfermedad, aseguran médicos, lo que es clave para evitar las secuelas, como la diabetes. A esto se suma, dicen, que las estrategias del Minsal son en general preventivas, como los programas de vida saludable.


Uno de cada tres chilenos que lee esta noticia tiene obesidad

La última Encuesta Nacional de Salud (2017) muestra que su prevalencia en la población mayor de 15 años alcanza un 34,4%, es decir, más de un tercio presenta esta afección.

«Las cifras de obesidad en Chile son alarmantes. Se proyecta que para el año 2035, la población adulta con obesidad alcance un 43%. Ante este creciente aumento, levantar propuestas es urgente», dice Rony Lenz, economista y académico de la U. Andrés Bello (UNAB), quien investiga en torno a políticas públicas de salud.

«Las políticas en Chile han estado focalizadas en la prevención y en las comorbilidades de la obesidad. Si bien han beneficiado en parte a los pacientes, no se hacen cargo del origen del problema: la obesidad y su tratamiento», opina Lenz.


En el contexto global

En comparación con otros países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Chile está entre aquellos con mayor prevalencia de obesidad. Datos de 2022 indican que México y Chile encabezaban este ranking. Por otro lado, la prevalencia de la enfermedad en los niños chilenos es del 30%, la más alta en Latinoamérica, según una investigación internacional hecha en 190 países y publicada en The Lancet.


Nos quedamos atrás

Ada Cuevas, nutrióloga y directora del comité clínico de la World Obesity Federation, comparte esta mirada. «Partiendo de que falta ese reconocimiento, todo lo que sigue va mal. Todavía hay profesionales de la salud que no reconocen esta enfermedad como lo que es, y si no la consideras una enfermedad, no te esfuerzas por tratarla».

Cuevas añade: «Creo que Chile ha hecho un esfuerzo importante en la prevención, como el etiquetado nutricional, pero nos quedamos atrás en el diagnóstico y tratamiento, cuando el paciente ya tiene esta condición».

Desde el año 1998, la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera a la obesidad como una enfermedad. Esta se define como una acumulación excesiva de grasa corporal.


Consultados sobre este tema

Desde el Ministerio de Salud indican que la cartera «considera la obesidad como una enfermedad crónica y un factor de riesgo, según su relación con otras patologías, las que constituyen un motivo de preocupación hace décadas tanto en Chile como en el mundo».

Pero al igual que Lenz, el resto de los expertos plantea que hoy el sistema de salud chileno trata las consecuencias y complicaciones de la patología, como la diabetes tipo 2 o la hipertensión, pero no la enfermedad en sí.


Acceso limitado a cirugías y tratamientos

Si bien actualmente existe un beneficio para facilitar el acceso a las cirugías de la obesidad, los expertos explican que esto cubre solo a las personas con obesidad mórbida o que ya tienen patologías como secuela de la obesidad.

Cuevas comenta: «En los consultorios hay programas de enfermedades cardiovasculares, en los que el paciente ve al nutricionista y le dan medicamento de hipertensión, colesterol o diabetes, pero no se trata la raíz que es la obesidad».


Tratamientos y políticas clave

Actualmente, explica, son varias las líneas de tratamiento indicadas para el manejo de la obesidad, las cuales incluyen intervenciones al estilo de vida, pero también fármacos, y después están las cirugías.

Respecto de cuáles son las políticas clave que Chile tiene en esta materia, el Minsal señala por escrito seis, entre ellas el programa «Elige Vida Sana» o la Ley de Etiquetado Nutricional. Todas las indicadas se centran esencialmente en impulsar un estilo de vida saludable.


Expertos insisten en un enfoque integral

Rodrigo Alonso, médico internista y nutriólogo, director del Equipo Obesidad en Chile (EOBCHILE), señala: «Dos insisten en que se trata de herramientas preventivas y que, en cambio, se debe avanzar hacia mejorar el diagnóstico y el acceso a tratamientos que apuntan específicamente a obesidad.

‘Tenemos que empezar a diagnosticar, explicarle al paciente que esto es una patología de la cual tiene que preocuparse. Muchas veces los médicos no saben cómo tocarlo ni abordarlo’, dice Alonso.


El caso de la cirugía

Pese a los desafíos planteados, los especialistas reconocen que Chile ha avanzado en el acceso a tratamientos cuando se trata de las cirugías para frenar la obesidad. Esto, debido a la iniciativa «PAD Cirugía Bariátrica», beneficio lanzado en 2022 que permite a pacientes Fonasa acceder a paquetes de estas intervenciones quirúrgicas en clínicas u hospitales, conociendo desde antes el monto que van a pagar.

«Definitivamente ha ayudado a que muchos más pacientes tengan acceso», dice Martín Insunza, director del comité de investigación de la Sociedad Chilena de Cirugía Bariátrica y Metabólica (SCCBM). «El año pasado se operaron en Chile 26 mil personas con cirugía bariátrica y, de esos, 21 mil fueron con el Bono PAD», asegura Insunza.

Sin embargo, comenta, «el paciente que llega a cirugía tiene al menos treinta kilos de exceso de peso, pero si hay uno que tiene una obesidad menor (que no se trata con cirugía), también se debería legislar su diagnóstico y tratamiento».


Bajo éxito

Lenz comenta: «A la obesidad se le sigue viendo solo como factor de riesgo para otras enfermedades, entonces se le dice a la persona que haga ejercicio y coma de forma saludable, pero ese tipo de intervención tiene una baja tasa de éxito».

Según el experto, «solo el 10% de las personas tiene éxito con ello, con lo cual a nivel internacional se habla de una estrategia más costo-efectiva, lo que incluye acceso a fármacos (específicos para tratar obesidad) y para quienes lo necesiten, la cirugía bariátrica».


Conclusión

Los especialistas abogan además por un manejo integral de la enfermedad, lo que implica tratamiento multidisciplinario y políticas que no solo se enfoquen en lo preventivo, sino que también consideren intervenciones más amplias y accesibles para quienes lo necesiten.

Fuente

El Mercurio, The Lancet


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