Anemia falciforme

La anemia falciforme es un trastorno genético de la hemoglobina caracterizado por la presencia de hemoglobina S, que hace que los glóbulos rojos adopten una forma rígida de hoz o media luna bajo ciertas condiciones, como hipoxia, acidosis o deshidratación. Estas células falciformes son frágiles, tienen menor vida media y se obstruyen con facilidad en la microcirculación, ocasionando anemia hemolítica crónica, episodios de dolor y daño progresivo de múltiples órganos. La enfermedad se hereda en patrón autosómico recesivo.

Tipos

Dentro del espectro de enfermedad falciforme destacan: la anemia falciforme homocigota (HbSS), que suele ser la forma más grave; la enfermedad compuesta HbSC; y las combinaciones de HbS con β-talasemia (HbS/β⁰, HbS/β⁺), que presentan fenotipos de severidad variable. El rasgo falciforme (heterocigoto HbAS) generalmente es asintomático, aunque puede asociarse a complicaciones en contextos extremos (hipoxia severa, esfuerzo intenso). La expresión clínica está modulada por otros factores genéticos y ambientales.

Síntomas

Los síntomas más característicos incluyen anemia crónica con palidez, ictericia leve, fatiga y menor tolerancia al ejercicio, así como crisis vasooclusivas dolorosas que afectan huesos largos, articulaciones, columna y abdomen. Los niños pueden presentar infecciones graves por asplenia funcional, retraso del crecimiento y complicaciones óseas. A lo largo de la vida son frecuentes el síndrome torácico agudo, los accidentes cerebrovasculares, las úlceras en piernas, el priapismo, la necrosis avascular de cabeza femoral y el deterioro renal progresivo.

Causas

La enfermedad se debe a una mutación puntual en el gen de la β-globina (HBB) que sustituye el ácido glutámico por valina en la posición 6, generando hemoglobina S. Cuando la tensión de oxígeno disminuye, la HbS tiende a polimerizar y deformar la membrana eritrocitaria, produciendo las células falciformes. La herencia es autosómica recesiva: la enfermedad aparece cuando la persona recibe un alelo mutado de cada progenitor, mientras que los heterocigotos suelen ser portadores sanos.

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en pruebas de laboratorio que identifican la hemoglobina anómala, como electroforesis de hemoglobina, cromatografía líquida de alta resolución o técnicas moleculares. En muchos países se realiza tamizaje neonatal. Los análisis muestran anemia hemolítica, reticulocitosis y alteraciones en el frotis de sangre periférica (dianas, drepanocitos). La evaluación integral incluye estudios de función renal y hepática, ecocardiograma, doppler transcraneal y pruebas de imagen para detectar complicaciones vasculares y óseas.

Tratamiento

El tratamiento combina medidas generales (hidratación adecuada, analgesia, vacunación ampliada y profilaxis antibiótica en niños) con terapias específicas como hidroxiurea, que aumenta la hemoglobina fetal y reduce la frecuencia de crisis y el riesgo de síndrome torácico agudo. En determinados casos se utilizan transfusiones crónicas para prevenir accidentes cerebrovasculares o tratar anemias severas. El trasplante de progenitores hematopoyéticos puede ser curativo en pacientes seleccionados. Nuevos fármacos dirigidos a la polimerización de HbS o a la adhesión celular han ampliado las opciones terapéuticas.

Complicaciones

Las complicaciones abarcan crisis vasooclusivas recurrentes, síndrome torácico agudo, accidentes cerebrovasculares isquémicos o hemorrágicos, insuficiencia renal crónica, hipertensión pulmonar, infecciones graves por asplenia funcional, úlceras crónicas en piernas, necrosis avascular de huesos largos, retinopatía y complicaciones obstétricas. Estas complicaciones contribuyen a una disminución de la esperanza de vida y a un importante impacto en la calidad de vida si no se aborda la enfermedad de forma integral.

Prevención

La prevención primaria se basa en el asesoramiento genético y la detección de portadores en poblaciones de alto riesgo, lo que permite decisiones reproductivas informadas. El tamizaje neonatal facilita el inicio precoz de profilaxis antibiótica, vacunación específica y educación familiar, reduciendo la mortalidad infantil. La prevención secundaria se centra en evitar desencadenantes de crisis (deshidratación, frío intenso, hipoxia, infecciones) y en controles periódicos en unidades especializadas para detectar y tratar complicaciones de manera temprana.

Conclusión La anemia falciforme es una enfermedad hereditaria compleja que requiere un enfoque multidisciplinario y seguimiento continuo. Los avances en prevención, tamizaje y terapias modificadoras de la enfermedad han mejorado significativamente la supervivencia, aunque persiste una alta carga de complicaciones y desafíos en acceso a la atención. La educación de pacientes y familias, así como la integración de la enfermedad en programas de salud pública, son fundamentales para optimizar el pronóstico.

Fuente: CDC, guías de manejo de enfermedad de células falciformes y literatura hematológica.
Scroll al inicio