La enfermedad por virus de Chapare, conocida como fiebre hemorrágica de Chapare, es una zoonosis viral grave causada por un arenavirus identificado en Bolivia a comienzos de la década de 2000. Produce un cuadro de fiebre hemorrágica similar al de otros arenavirus sudamericanos, con compromiso multiorgánico y elevada letalidad. Los brotes descritos han sido pocos, pero han incluido transmisión de persona a persona, especialmente en entornos sanitarios, lo que genera preocupación por su potencial impacto en sistemas de salud con recursos limitados.
| Tipos |
No se describen subtipos clínicos formales, pero en los brotes se ha observado un curso que va desde cuadros febriles iniciales hasta formas graves con hemorragias y shock. Pueden distinguirse fases: una etapa prodrómica con fiebre y síntomas generales, seguida de una fase toxémica con manifestaciones hemorrágicas, alteraciones neurológicas y fallo multiorgánico en los casos más severos. El número limitado de pacientes estudiados hace que el espectro completo de la enfermedad aún se esté delineando. |
| Síntomas |
Los síntomas iniciales incluyen fiebre, cefalea intensa, mialgias, malestar general, dolor retro-ocular, dolor abdominal, náuseas y vómitos. A medida que progresa la enfermedad pueden aparecer diarrea, dolor torácico, hipotensión y signos de deshidratación. Las manifestaciones hemorrágicas abarcan petequias, equimosis, sangrado gingival, epistaxis, hematuria y hemorragia gastrointestinal. En algunos casos se han reportado alteraciones neurológicas como confusión, somnolencia marcada, convulsiones y coma. La evolución a shock y fallo multiorgánico se asocia a alta mortalidad. |
| Causas |
El agente causal es el virus de Chapare, un arenavirus del Nuevo Mundo. Se presume que el reservorio zoonótico es un roedor silvestre de áreas rurales de Bolivia, probablemente pequeños roedores de campo, que eliminan el virus en orina y heces. La infección humana se produciría por contacto con excretas o superficies contaminadas, en forma directa o a través de aerosoles. Además, en el brote de 2019 se demostró transmisión de persona a persona, incluyendo contagio a trabajadores de la salud en el contexto de procedimientos invasivos y manejo de pacientes sin protección adecuada frente a fluidos corporales. |
| Diagnóstico |
El diagnóstico requiere alta sospecha clínica en pacientes con fiebre hemorrágica que viven o han viajado a zonas donde se ha documentado circulación del virus de Chapare. La confirmación se realiza en laboratorios de referencia mediante RT-PCR para detección de ARN viral y, en algunos casos, aislamiento del virus o pruebas serológicas específicas. Los exámenes de laboratorio muestran trombocitopenia, leucopenia o leucocitosis, elevación de transaminasas, alteración de la función renal y coagulopatía. El diagnóstico diferencial incluye otras fiebres hemorrágicas virales, dengue grave, sepsis bacteriana y leptospirosis, entre otras. |
| Tratamiento |
No existe un antiviral específico aprobado para la fiebre hemorrágica de Chapare. El tratamiento es principalmente de soporte y debe brindarse en unidades con capacidad de aislamiento y cuidados intensivos. Se incluye reposición cuidadosa de líquidos y electrolitos, manejo de la coagulopatía con hemoderivados, soporte respiratorio y hemodinámico, control de infecciones bacterianas secundarias y tratamiento sintomático del dolor y la fiebre. El uso de antivirales como ribavirina se ha considerado por analogía con otros arenavirus, pero la evidencia específica es limitada y su empleo suele restringirse a protocolos de investigación o decisiones caso a caso. |
| Complicaciones |
Las complicaciones principales son shock hipovolémico, hemorragias masivas, fallo hepático y renal, encefalopatía, infecciones nosocomiales y muerte. La transmisión en establecimientos de salud añade riesgo para trabajadores sanitarios y otros pacientes, especialmente cuando no se dispone de equipos de protección y protocolos estrictos de control de infecciones. Los supervivientes pueden experimentar convalecencia prolongada y secuelas físicas o psicológicas derivadas de la enfermedad grave y la hospitalización prolongada. |
| Prevención | Las medidas preventivas se centran en reducir el contacto con reservorios y sus excretas mediante mejoras en las condiciones de vivienda, almacenamiento seguro de alimentos y control de roedores. En el entorno sanitario es esencial aplicar precauciones estándar y de contacto, incluido el uso de guantes, mascarillas, protección ocular y batas impermeables al atender pacientes sospechosos o confirmados. Asimismo, se requiere formación del personal en bioseguridad, protocolos de manejo de residuos y notificación inmediata de casos para activar la respuesta de salud pública. La vigilancia epidemiológica en zonas endémicas facilita la detección temprana de brotes. |
| Conclusión | La fiebre hemorrágica de Chapare representa una amenaza emergente localizada, pero con potencial de causar brotes graves y afectar a trabajadores de la salud si no se aplican medidas de control estrictas. El reducido número de casos dificulta estimar con precisión su letalidad y patrón de transmisión, por lo que resulta clave fortalecer la investigación, la capacidad diagnóstica y la preparación de los sistemas sanitarios en Bolivia y la región. Integrar la vigilancia en humanos, animales y ambiente ayudará a comprender mejor su ecología y a diseñar estrategias de prevención más eficaces. Fuente: CDC, OMS y revisiones recientes sobre fiebre hemorrágica de Chapare. |
