Dirofilariasis en humanos

La dirofilariasis humana es una zoonosis causada por nematodos del género Dirofilaria, principalmente Dirofilaria immitis y Dirofilaria repens. Los huéspedes naturales son perros y otros cánidos, en los que los parásitos adultos se alojan en el corazón, grandes vasos o tejido subcutáneo. El ser humano actúa como huésped accidental y de fondo de saco, donde las larvas no completan su ciclo y suelen morir, generando nódulos inflamatorios, en especial en pulmón y tejido subcutáneo. La forma más habitual es la dirofilariasis pulmonar, que se manifiesta como un nódulo único (“coin lesion”) en estudios de imagen y puede confundirse con neoplasia primaria o metastásica.

Tipos

Desde el punto de vista clínico, en humanos se describen principalmente tres formas: dirofilariasis pulmonar, subcutánea y, con menor frecuencia, ocular. La dirofilariasis pulmonar se debe sobre todo a Dirofilaria immitis y genera nódulos periféricos solitarios o múltiples en el parénquima pulmonar. La dirofilariasis subcutánea se asocia con Dirofilaria repens y produce nódulos móviles, dolorosos o asintomáticos en tejido celular subcutáneo, a veces con migración visible. La afectación ocular puede aparecer como masa subconjuntival o intraorbitaria. En todos los casos el ser humano es un huésped accidental que no participa en la transmisión del parásito.

Síntomas

Muchas infecciones son asintomáticas y se detectan incidentalmente en radiografías o tomografías de tórax realizadas por otros motivos. Cuando hay síntomas respiratorios, estos incluyen tos, dolor torácico pleurítico, disnea leve o hemoptisis. La presencia de derrame pleural pequeño y febrícula también se ha descrito en algunas series. En la forma subcutánea, los pacientes consultan por nódulos o masas subcutáneas indoloras o levemente dolorosas, a veces acompañadas de prurito o eritema local. La dirofilariasis ocular puede manifestarse como sensación de cuerpo extraño, enrojecimiento ocular, lagrimeo o alteraciones visuales si la masa compromete estructuras profundas.

Causas

La infección se produce cuando un mosquito se alimenta de la sangre de un perro parasitado y adquiere microfilarias circulantes, que se desarrollan en el insecto hasta convertirse en larvas infectantes. Posteriormente, al picar a otro huésped, el mosquito inocula las larvas de estadio L3 en el tejido subcutáneo. En perros, estas larvas migran hacia el sistema cardiovascular y maduran a gusanos adultos; en humanos, en cambio, el desarrollo es incompleto y las larvas suelen morir en pequeños vasos pulmonares o en tejido subcutáneo, desencadenando una reacción inflamatoria y granulomatosa. La presencia de perros no desparasitados y condiciones favorables para mosquitos aumentan el riesgo de exposición humana.

Diagnóstico

El diagnóstico de dirofilariasis pulmonar suele realizarse tras la detección de un nódulo pulmonar solitario en radiografía o tomografía computada, que plantea el diagnóstico diferencial con carcinoma primario, metástasis o granuloma por otras causas. En muchos casos el diagnóstico definitivo se obtiene mediante resección quirúrgica y estudio histopatológico, donde se identifican restos de nematodos seccionados rodeados de inflamación granulomatosa. No suele haber microfilarias en sangre y las pruebas serológicas no están estandarizadas para humanos. En las formas subcutánea u ocular, la extracción del gusano y su identificación morfológica o molecular permiten confirmar la especie.

Tratamiento

En la mayoría de los casos humanos, el tratamiento es quirúrgico y consiste en la resección completa del nódulo pulmonar o subcutáneo, tanto para resolver los síntomas como para descartar neoplasia. No hay evidencia sólida que apoye el uso rutinario de tratamientos antihelmínticos sistémicos en la dirofilariasis humana localizada, dado que las larvas suelen estar muertas o aisladas. En casos de afectación ocular, la extracción cuidadosa del parásito preservando las estructuras oculares es el manejo de elección. El tratamiento médico antiparasitario se orienta principalmente a los perros, que son el reservorio principal de Dirofilaria immitis y Dirofilaria repens.

Complicaciones

La principal complicación clínica en humanos deriva del error diagnóstico: un nódulo pulmonar por dirofilariasis puede ser interpretado como sospecha de cáncer y conducir a procedimientos invasivos. Sin embargo, una vez resecado, el pronóstico es excelente y la recurrencia es excepcional. En formas subcutáneas u oculares, las complicaciones pueden incluir cicatrices, secuelas estéticas o daño parcial de estructuras si la resección no es cuidadosa. En general, al ser el ser humano un huésped terminal, la enfermedad no progresa a infecciones cardiacas masivas como ocurre en perros.

Prevención

Las medidas preventivas se centran en el control de la infección por Dirofilaria en perros mediante quimioprofilaxis regular, pruebas periódicas y tratamiento de animales positivos, así como en la reducción de las poblaciones de mosquitos. El uso de repelentes y ropa protectora en zonas endémicas disminuye la probabilidad de picaduras. Desde la perspectiva de salud pública, los programas integrados de control de vectores y la educación sobre la desparasitación canina son claves para reducir el riesgo de exposición humana.

Conclusión La dirofilariasis humana es una zoonosis poco frecuente en la que las personas actúan como huéspedes accidentales, desarrollando sobre todo nódulos pulmonares o subcutáneos. Aunque el cuadro suele ser benigno, su principal relevancia radica en el diagnóstico diferencial con cáncer pulmonar y otras masas. La resección quirúrgica y el estudio histopatológico permiten confirmar el diagnóstico y son habitualmente curativos. La prevención descansa en el control de la dirofilariasis canina y de los mosquitos.

Fuentes: CDC – Dirofilariasis y dirofilariasis pulmonar; revisiones recientes en Emerging Infectious Diseases y Clinical reviews sobre dirofilariasis humana.
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