Enfermedad por virus Oropouche

La enfermedad por virus Oropouche es una zoonosis causada por el virus Oropouche, un arbovirus del género Orthobunyavirus. Se transmite principalmente por pequeños jejenes (Culicoides paraensis) y, en algunas zonas, por mosquitos. Produce un síndrome febril agudo parecido al dengue, con fiebre, cefalea intensa y mialgias. La mayoría de los casos son autolimitados, pero se han descrito cuadros con afectación neurológica, como meningitis o encefalitis, en un pequeño porcentaje de pacientes. No hay vacuna ni tratamiento antiviral específico, por lo que el manejo es de soporte.

Tipos

Desde el punto de vista clínico se describen: (1) forma febril aguda no complicada, caracterizada por fiebre, cefalea, mialgias, artralgias y malestar general; (2) forma recurrente, en la que los síntomas reaparecen tras un período de mejoría, lo que puede generar confusión con recaídas de otras arbovirosis; y (3) formas neurológicas, infrecuentes, con signos de meningitis o encefalitis. Epidemiológicamente existen ciclos selváticos, con reservorios animales, y ciclos urbanos donde el virus se transmite entre humanos mediante vectores abundantes en zonas densamente pobladas.

Síntomas

El inicio suele ser brusco con fiebre, escalofríos, cefalea intensa, dolor retro-ocular, mialgias y artralgias. Muchos pacientes presentan fotofobia, náuseas, vómitos y marcada sensación de postración. En algunos casos aparece exantema maculopapular, mareos e irritabilidad. Los síntomas duran típicamente de 2 a 7 días, aunque pueden darse recaídas del cuadro febril. Cuando hay compromiso neurológico se observan rigidez de nuca, alteración del estado de conciencia, convulsiones o signos de irritación meníngea, lo que requiere evaluación urgente.

Causas

El agente causal es el virus Oropouche. La transmisión a humanos ocurre fundamentalmente por la picadura de jejenes infectados (Culicoides paraensis), que adquieren el virus al alimentarse de reservorios vertebrados, incluidos algunos mamíferos silvestres. En entornos urbanos, la abundancia de vectores y las condiciones ambientales favorecen la amplificación del virus en la población humana. No se ha documentado transmisión directa sostenida de persona a persona, por lo que los vectores son el principal motor de los brotes.

Diagnóstico

El diagnóstico se sospecha ante un síndrome febril agudo en pacientes que viven o han viajado a áreas endémicas o con brotes. La confirmación requiere pruebas de laboratorio, principalmente RT-PCR para detectar ARN viral en sangre durante la fase aguda. Posteriormente pueden emplearse pruebas serológicas para demostrar anticuerpos IgM o seroconversión de IgG. Es esencial descartar otras arbovirosis como dengue, chikungunya o Zika, y considerar estudios de neuroimagen y análisis de líquido cefalorraquídeo en pacientes con signos de afectación neurológica.

Tratamiento

No existe un antiviral específico aprobado para el virus Oropouche. El manejo es sintomático y consiste en antipiréticos para la fiebre, analgésicos para cefalea y mialgias, hidratación adecuada y reposo. En casos con vómitos intensos o compromiso neurológico se recomienda hospitalización para monitorización y manejo de complicaciones, incluyendo control de convulsiones y soporte hemodinámico si es necesario. Debe evitarse el uso indiscriminado de antiinflamatorios en contextos donde no se ha descartado dengue u otras infecciones con riesgo hemorrágico.

Complicaciones

Aunque la mayoría de los casos son benignos, se han descrito meningitis y encefalitis asociadas al virus Oropouche, con convulsiones y alteración del nivel de conciencia. También pueden presentarse deshidratación por mala ingesta, exacerbación de enfermedades crónicas y ausentismo laboral o escolar significativo en brotes extensos. Las recaídas del síndrome febril afectan la calidad de vida y pueden generar consultas repetidas al sistema de salud.

Prevención

Las medidas preventivas se centran en la reducción de la exposición a vectores: uso regular de repelentes, ropa de manga larga, mosquiteros y mallas en puertas y ventanas. La eliminación de criaderos de insectos, el manejo de residuos y la mejora del drenaje de aguas contribuyen al control vectorial. La vigilancia epidemiológica y la notificación oportuna de brotes permiten intensificar las acciones de control. No hay vacuna disponible, por lo que la educación comunitaria sobre protección frente a picaduras es esencial.

Conclusión La enfermedad por virus Oropouche es una arbovirosis emergente que puede generar brotes importantes de fiebre aguda en regiones tropicales. Aunque suele ser autolimitada, el impacto en salud pública y la posible afectación neurológica justifican fortalecer la vigilancia, el diagnóstico diferencial y las estrategias de control vectorial. En ausencia de vacunas y tratamientos específicos, la prevención sigue siendo la herramienta principal.

Fuente: CDC, OPS/OMS y revisiones sobre virus Oropouche.
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