Este apartado abarca un conjunto de enfermedades infecciosas y parasitarias que, aunque pueden ser clasificadas en categorías diferentes (como infecciones bacterianas, virales o parasitarias específicas), adquieren una relevancia particular cuando complican el embarazo, el parto o el puerperio. Incluye, por ejemplo, la tuberculosis, la malaria, la hepatitis viral, el VIH y otras patologías infecciosas que, al coincidir con la gestación, incrementan el riesgo tanto para la madre como para el feto. Estas enfermedades pueden repercutir negativamente en la evolución del embarazo, facilitando la aparición de abortos espontáneos, partos prematuros, bajo peso al nacer o infecciones neonatales. Por ello, la detección y el manejo oportuno son esenciales para minimizar el impacto en la salud materno-infantil.
| Tipos |
Las enfermedades maternas infecciosas y parasitarias incluyen un espectro muy amplio, desde infecciones respiratorias como la tuberculosis, infecciones de transmisión sexual como la sífilis o el VIH, hasta infecciones parasitarias endémicas de determinadas regiones, como la malaria o la enfermedad de Chagas. Cada una presenta un perfil clínico particular y puede requerir abordajes terapéuticos distintos, considerando siempre la seguridad de los fármacos durante el embarazo. Además, algunas infecciones pueden ser asintomáticas y detectarse únicamente mediante cribados o pruebas de laboratorio. |
| Síntomas |
La causa de estas patologías radica en la exposición a agentes infecciosos o parasitarios que, en una mujer no gestante, pueden tener una repercusión limitada, pero que en el contexto del embarazo adquieren una importancia mayor. Factores como el sistema inmunológico modificado de la embarazada, la carencia de servicios de salud de calidad, la malnutrición, la falta de vacunas o medidas profilácticas y las condiciones de hacinamiento pueden facilitar la propagación y agravamiento de estas enfermedades. Además, la transmisión vertical (de la madre al feto) representa un riesgo significativo, pudiendo generar infecciones congénitas o perinatales con secuelas a largo plazo. |
| Causas |
Los síntomas varían según la patología específica. Por ejemplo, en la tuberculosis se observa tos persistente, fiebre y pérdida de peso; en la malaria, episodios de fiebre cíclica, escalofríos y anemia; en la hepatitis viral, ictericia y malestar general; mientras que en el VIH puede no haber síntomas evidentes hasta fases avanzadas. Lo que distingue a estos cuadros cuando complican el embarazo es la posible mayor gravedad clínica y la influencia negativa en la gestación, aumentando la probabilidad de abortos, partos prematuros o complicaciones como la preeclampsia. |
| Diagnóstico |
El diagnóstico se basa en pruebas de laboratorio y, en algunos casos, en estudios de imagen o técnicas de cribado serológico. Por ejemplo, la tuberculosis requiere radiografía de tórax (con protección abdominal), cultivos de esputo o pruebas de amplificación de ácidos nucleicos; el VIH se detecta mediante test de ELISA y Western Blot; la sífilis con VDRL y FTA-ABS; la malaria con frotis sanguíneo; y la hepatitis viral con marcadores serológicos. La detección temprana durante los controles prenatales es clave para instaurar el tratamiento adecuado y disminuir las consecuencias adversas. |
| Tratamiento |
El tratamiento depende de la enfermedad específica, pero debe adaptarse a las limitaciones impuestas por la seguridad farmacológica en el embarazo. Por ejemplo, en la tuberculosis se utilizan esquemas de antibióticos con isoniazida, rifampicina y otras drogas, controlando los posibles efectos secundarios. En la malaria, se eligen fármacos como la cloroquina o la artemisina, según la resistencia local del parásito y la etapa de la gestación. Para la hepatitis viral o el VIH, existen regímenes antirretrovirales que buscan disminuir la carga viral y prevenir la transmisión vertical. En todos los casos, el manejo requiere un seguimiento estrecho y la coordinación con especialistas en enfermedades infecciosas. |
| Complicaciones |
La principal complicación de estas enfermedades infecciosas y parasitarias en el contexto del embarazo es el aumento del riesgo de morbilidad y mortalidad materna, así como de complicaciones fetales o neonatales. Se observan tasas más altas de abortos, partos prematuros, infecciones congénitas, restricción del crecimiento intrauterino y mortalidad perinatal. Además, la madre puede sufrir daños en órganos vitales, como los pulmones, el hígado o el sistema nervioso, según la patología. El impacto socioeconómico también es considerable, ya que estas condiciones afectan con mayor frecuencia a poblaciones vulnerables con escaso acceso a la atención sanitaria. |
| Prevención | La prevención incluye la vacunación cuando está disponible (por ejemplo, la vacuna contra la hepatitis B), el cribado prenatal sistemático para detectar infecciones (VIH, sífilis, hepatitis), el uso de mosquiteros impregnados en zonas endémicas de malaria, y el acceso a agua potable y saneamiento básico para reducir la transmisión de parásitos. Además, la educación sanitaria sobre prácticas seguras, la promoción de la lactancia materna cuando sea factible y el uso de antirretrovirales en casos de VIH durante el embarazo y el parto contribuyen a disminuir la transmisión vertical y a proteger la salud materna. |
| Conclusión | Se trata de infecciones virales, bacterianas o parasitarias preexistentes o adquiridas durante la gestación, que pueden afectar la evolución del embarazo y la salud del feto. Ejemplos incluyen VIH, hepatitis B o paludismo. La detección temprana y el tratamiento adecuado son fundamentales para reducir el riesgo de transmisión vertical y las complicaciones obstétricas. Fuente: Jamieson DJ, et al. (2009). "Infectious diseases in pregnancy" en Infectious Disease Clinics of North America. World Health Organization (2020). "Maternal infections and vertical transmission". |
