Enfermedades virales congénitas

Las enfermedades virales congénitas son aquellas infecciones producidas por virus que se transmiten de la madre al feto durante el embarazo, causando alteraciones en el desarrollo o manifestándose clínicamente tras el nacimiento. Entre los agentes más comunes se encuentran el citomegalovirus (CMV), el virus de la rubéola, el virus de la varicela-zóster, el VIH y, más recientemente, el virus del Zika. La gravedad de estas infecciones depende de múltiples factores, como el tipo de virus, el momento de la gestación en el que se produce la infección y la respuesta inmune materna. Algunas enfermedades virales congénitas pueden desencadenar malformaciones graves (ceguera, sordera, microcefalia, defectos cardíacos), restricción del crecimiento fetal e incluso la muerte in utero. Otras veces, los síntomas son más leves o se hacen evidentes tiempo después del nacimiento. Un diagnóstico precoz y un seguimiento adecuado son cruciales para atenuar los daños y optimizar la calidad de vida del recién nacido.

Tipos

Entre las enfermedades virales congénitas más estudiadas se encuentran la infección por citomegalovirus (CMV), la rubéola congénita, la varicela congénita, la infección por VIH y, en los últimos años, la infección congénita por virus del Zika. Cada una presenta manifestaciones clínicas específicas. Por ejemplo, la rubéola congénita puede provocar cataratas, cardiopatías y sordera (tétrada de Gregg), mientras que la varicela congénita se asocia a cicatrices cutáneas y malformaciones de las extremidades. El Zika puede originar microcefalia y alteraciones neurológicas, y el VIH se transmite verticalmente, comprometiendo el sistema inmune del neonato si no se instaura un tratamiento antirretroviral. La magnitud de la afectación depende en gran medida de la etapa de la gestación en la que se produzca la infección.

Síntomas

La transmisión vertical de estos virus ocurre principalmente por vía transplacentaria, aunque también puede suceder durante el parto (al pasar por el canal de parto infectado) o, en algunos casos, a través de la leche materna (como con el VIH si no se toman las medidas antirretrovirales adecuadas). La susceptibilidad de la madre a contraer estas infecciones depende de factores como la exposición a personas infectadas, la falta de vacunación (rubéola, varicela), la situación epidemiológica (Zika en zonas endémicas), el uso de medidas de protección sexual (en el caso de VIH) y el estado inmunológico general. La infección fetal ocurre cuando el virus atraviesa la barrera placentaria o contamina los líquidos amnióticos y las superficies mucosas del neonato.

Causas

En el neonato, los síntomas varían ampliamente según la infección y pueden incluir bajo peso al nacer, microcefalia, alteraciones neurológicas (convulsiones, retraso en el desarrollo psicomotor), cardiopatías congénitas, hipoacusia, cataratas, lesiones cutáneas y hepatomegalia, entre otros. Algunas infecciones, como la rubéola o el CMV, pueden cursar de forma subclínica y manifestarse más tarde en la infancia con pérdida auditiva progresiva o retraso en el aprendizaje. Por su parte, los neonatos con infección por VIH pueden no mostrar signos en un inicio, pero desarrollar inmunodeficiencia con infecciones oportunistas en los meses o años siguientes, si no reciben tratamiento.

Diagnóstico

El diagnóstico de las enfermedades virales congénitas suele requerir pruebas serológicas específicas (IgM e IgG), cultivos virales, PCR y, en ciertos casos, estudios de imagen (ecografías prenatales, resonancia magnética cerebral) para identificar malformaciones o calcificaciones intracraneales. Durante el embarazo, se puede sospechar una infección congénita cuando hay alteraciones ecográficas como retraso del crecimiento, ventriculomegalia, lesiones en la placenta o polihidramnios. La confirmación se logra analizando el líquido amniótico (amniocentesis) o mediante pruebas en sangre neonatal y cordón umbilical tras el parto. El cribado neonatal también puede detectar signos tempranos de algunas de estas infecciones, permitiendo una intervención oportuna.

Tratamiento

El tratamiento varía según el virus. Para la rubéola no existe un tratamiento específico, enfocándose las medidas en la prevención mediante la vacunación. En el caso del CMV congénito sintomático, se han empleado fármacos antivirales como el ganciclovir o valganciclovir para disminuir la progresión de la hipoacusia y las secuelas neurológicas, aunque con resultados variables. La infección por VIH se maneja con antirretrovirales durante el embarazo y el periodo neonatal, reduciendo la transmisión vertical y mejorando el pronóstico. La varicela congénita es menos común, pero puede requerir inmunoglobulina específica en la madre si la infección se detecta en etapas tempranas de la gestación. En general, el manejo de las enfermedades virales congénitas implica un seguimiento multidisciplinario, involucrando a infectólogos, pediatras, neurólogos y otros especialistas según las secuelas presentes.

Complicaciones

Las complicaciones abarcan desde malformaciones congénitas graves, discapacidades sensoriales (sordera, ceguera), alteraciones neurológicas permanentes (parálisis cerebral, convulsiones), retraso mental y riesgo de muerte neonatal. En el caso del VIH, la evolución sin tratamiento antirretroviral puede desembocar en infecciones oportunistas y fallo inmunológico severo. Las enfermedades virales congénitas también pueden afectar el desarrollo socioemocional del niño, al requerir apoyos educativos y médicos continuos. En embarazos posteriores, la madre puede experimentar recurrentes infecciones o reactivaciones virales, dependiendo de la patología y su estado inmune, por lo que la planificación familiar y la asesoría genética resultan relevantes.

Prevención

La prevención descansa en la vacunación materna (rubéola, varicela) antes del embarazo, las medidas de protección contra picaduras de mosquitos en zonas endémicas de Zika, el uso de preservativos para evitar el contagio de VIH y otras ITS, y el control de la higiene (lavado de manos frecuente) para reducir la transmisión de CMV. Durante el embarazo, se aconseja evitar la exposición a personas con infecciones agudas, y en casos de sospecha, se efectúan pruebas serológicas para descartar contagios recientes. El cribado prenatal y neonatal, la consejería genética y el seguimiento estrecho en unidades de medicina materno-fetal pueden minimizar el impacto de estas enfermedades en el recién nacido.

Conclusión Las enfermedades virales congénitas ocurren cuando el feto se infecta durante el embarazo, pudiendo causar anomalías estructurales, retraso en el crecimiento intrauterino o secuelas neurológicas. Ejemplos destacados son la infección por citomegalovirus, rubéola y zika. La prevención se basa en la vacunación y la adopción de medidas de protección para reducir el riesgo de transmisión materno-fetal.

Fuente: Kimberlin DW (2015). "Congenital viral infections" en Infectious Disease Clinics of North America.
World Health Organization (2020). "Congenital rubella and zika infections".
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