La esofagitis consiste en la inflamación del revestimiento interno del esófago, el tubo que transporta los alimentos desde la boca hasta el estómago. Puede derivarse de infecciones (hongos como la cándida, virus como el herpes simplex), de irritaciones químicas (ingesta de cáusticos, reflujo ácido sostenido) o de reacciones inmunitarias (esofagitis eosinofílica). El proceso inflamatorio daña el epitelio esofágico, provocando dolor al tragar (odinofagia), sensación de ardor retroesternal y, en algunos casos, ulceraciones que sangran o conducen a estenosis. La esofagitis, si no se trata, disminuye la calidad de vida al dificultar la alimentación y exponer a complicaciones como las estenosis o incluso la transformación maligna en casos crónicos relacionados con reflujo. El diagnóstico oportuno y la corrección de las causas precipitantes permiten la curación en muchas situaciones, aunque la presentación recurrente requiere un seguimiento a largo plazo.
| Tipos |
La esofagitis puede subdividirse en infecciosa (causada por Candida albicans, herpes simplex, citomegalovirus en inmunodeprimidos), por reflujo gastroesofágico crónico o ERGE (lesiones erosivas por la agresión del ácido) y eosinofílica (infiltración por eosinófilos vinculada a alergias alimentarias o atopia). Asimismo, existe la esofagitis química o corrosiva, tras la ingesta accidental o intencional de sustancias irritantes (lejías, ácidos). Cada variedad presenta rasgos específicos en la endoscopia y requiere tratamientos diferenciados. |
| Síntomas |
El reflujo ácido persistente es la principal causa de esofagitis en la población general. Ciertos medicamentos (antiinflamatorios, tetraciclinas) pueden ocasionar lesiones si se retienen en el esófago. Las infecciones proliferan en contextos de inmunosupresión (VIH, tratamientos oncológicos). La esofagitis eosinofílica se relaciona con hipersensibilidad a alimentos (trigo, leche, huevo) o aeroalérgenos. La ingesta de cáusticos daña de manera aguda el epitelio, creando quemaduras profundas. Los trastornos motores esofágicos (acalasia) y los vómitos crónicos también favorecen la irritación del esófago. |
| Causas |
La odinofagia (dolor al tragar) y la pirosis (sensación de ardor retroesternal) constituyen los signos más habituales. En casos graves, se presenta disfagia (dificultad para deglutir alimentos sólidos y, a veces, líquidos), regurgitación ácida y posible hematemesis si hay erosiones sangrantes. Pacientes inmunodeprimidos con infecciones candidiásicas o herpéticas pueden experimentar dolor torácico, fiebre y repercusión sistémica. La esofagitis eosinofílica crónica provoca impactaciones alimentarias recurrentes y estenosis en adultos jóvenes. La intensidad de los síntomas no siempre se correlaciona con la extensión de la lesión. |
| Diagnóstico |
La endoscopia digestiva alta es la herramienta primordial, permitiendo visualizar la mucosa esofágica y detectar erosiones, úlceras, placas blancas (cándida) o signos de inflamación difusa. Se toman biopsias para confirmar la infiltración por eosinófilos en la esofagitis eosinofílica o para detectar hongos o virus al microscopio. En la enfermedad por reflujo, se observan lesiones erosivas en el tercio distal del esófago. El pH-metría de 24 horas o la manometría son útiles cuando se sospecha un trastorno motor o un reflujo poco evidente. Los análisis inmunológicos pueden descartar patologías sistémicas relacionadas. |
| Tratamiento |
La base del tratamiento en esofagitis por reflujo consiste en inhibidores de la bomba de protones (omeprazol, pantoprazol) y cambios en el estilo de vida (elevar la cabecera al dormir, evitar comidas copiosas antes de acostarse). En la esofagitis infecciosa, se administran antifúngicos (fluconazol) o antivirales (aciclovir). Para la variante eosinofílica, se emplean dietas de exclusión y corticoides tópicos u orales. Las quemaduras por cáusticos exigen manejo hospitalario intensivo, corticoides tempranos en algunos casos y evaluación quirúrgica de secuelas. Las dilataciones endoscópicas corrigen la estenosis cicatricial si se forma. |
| Complicaciones |
La persistencia de la inflamación esofágica puede generar estenosis que dificulta progresivamente la deglución, ocasionando pérdida de peso y desnutrición. El sangrado crónico da lugar a anemia ferropénica. En la esofagitis por reflujo, la exposición prolongada al ácido conlleva el riesgo de esófago de Barrett, una condición premaligna que puede evolucionar a adenocarcinoma. Las úlceras infecciosas profundas causan perforación y mediastinitis si no se tratan. La esofagitis eosinofílica sin control adecuado origina engrosamientos y fibrosis que dificultan definitivamente el paso alimentario. |
| Prevención | Evitar el consumo abusivo de alcohol, tabaco, cafeína y comidas hipercalóricas previene en gran parte el reflujo gastroesofágico y sus secuelas. Es aconsejable no acostarse inmediatamente tras comer, usar ropa holgada y mantener el peso adecuado. En el ámbito infeccioso, el control riguroso de la inmunodepresión y la higiene bucal redundarán en menor incidencia de esofagitis por candidiasis o herpes. Revisar la medicación que pueda dañar la mucosa (ej. AINEs) y tomar fármacos con agua suficiente contribuye a evitar lesiones localizadas. Identificar alérgenos en la esofagitis eosinofílica facilita la supresión dietética temprana. |
| Conclusión | La esofagitis es la inflamación del esófago, habitualmente causada por reflujo ácido (esofagitis por reflujo), infecciones (cándida, herpes) o reacciones alérgicas (esofagitis eosinofílica). Sus síntomas incluyen dolor retroesternal, disfagia y sensación de ardor. El tratamiento depende de la etiología: puede requerir fármacos antirreflujo, antimicóticos o esteroides tópicos. Un abordaje integral y un seguimiento endoscópico permiten prevenir complicaciones como úlceras o estenosis esofágica. Referencia: MedlinePlus. (2023). Esophagitis. Recuperado de https://medlineplus.gov/ Fuente 1: Johns Hopkins Medicine. (2022). Esophagitis Overview. Recuperado de https://www.hopkinsmedicine.org/ |
