Reúne las complicaciones que surgen cuando un órgano o tejido trasplantado no cumple su función o es atacado por el sistema inmunitario del receptor. Puede ocurrir de modo agudo (rechazo hiperagudo, agudo) o crónico (rechazo tardío), resultando en el deterioro irreversible del injerto si no se identifica y trata de forma precoz. Incluye trasplantes renales, hepáticos, cardiacos, pulmonares, entre otros. El uso de inmunosupresores (corticosteroides, inhibidores de calcineurina) reduce el rechazo, pero predispone a infecciones o neoplasias. La compatibilidad HLA, el estado inmunológico y la adherencia a la terapia influyen en el éxito a largo plazo.
| Tipos |
1. Rechazo hiperagudo: minutos/horas post trasplante por anticuerpos preexistentes. 2. Rechazo agudo: días-semanas, mediado por linfocitos T. 3. Rechazo crónico: meses-años, con fibrosis progresiva del injerto. 4. Rechazo humoral (anticuerpos) vs. rechazo celular (linfocitos T) con manifestaciones diferentes. |
| Síntomas |
Incompatibilidad inmunológica (donante-receptor) mal evaluada, mala adherencia a la inmunosupresión, infecciones graves que alteran el equilibrio. El desarrollo de anticuerpos de novo contra el injerto. Subdosificación o discontinuación de los fármacos inmunosupresores. Reactivación de enfermedades autoinmunes. Factores mecánicos (trombosis en anastomosis arteriales) también generan falla precoz del órgano trasplantado. |
| Causas |
En el rechazo renal se observa reducción del volumen urinario, aumento de la creatinina, edemas, hipertensión. El rechazo hepático presenta ictericia, aumento de transaminasas, coagulopatía. El cardíaco cursa con disnea, edema pulmonar, disfunción sistólica. El pulmonar con insuficiencia respiratoria. La fiebre, el malestar general y dolor en la zona injertada pueden señalar procesos de rechazo agudo. El rechazo crónico es más insidioso, con empeoramiento lento de la función del injerto. |
| Diagnóstico |
La monitorización de la función del órgano trasplantado (creatinina para riñón, biopsia hepática, ecocardiograma o biopsia endomiocárdica para corazón, pruebas pulmonares o broncoscopia en pulmón) resulta fundamental. La biopsia del injerto es el ‘gold standard’ para determinar el tipo de rechazo y la intensidad de la respuesta inmune (infiltrados linfocitarios, daño vascular). Los estudios serológicos detectan anticuerpos anti-HLA emergentes. Se descartan causas alternativas como infecciones o toxicidad farmacológica. |
| Tratamiento |
Reajustar la inmunosupresión (altas dosis de esteroides, anticuerpos monoclonales anti-linfocitarios) en rechazo agudo. En episodios refractarios, se adoptan fármacos más potentes (IVIG, plasmaféresis, rituximab). El rechazo hiperagudo casi siempre obliga a retirar el injerto. En el rechazo crónico, el tratamiento es menos eficaz, con deterioro progresivo irreversible y, en ocasiones, se plantea un nuevo trasplante. Prevenir infecciones oportunistas y vigilar la toxicidad de los inmunosupresores es parte esencial del manejo. |
| Complicaciones |
La pérdida completa del injerto con retorno a diálisis (riñón) o muerte (hígado, corazón, pulmón). Infecciones virales o fúngicas graves por la inmunodepresión alta, linfomas post-trasplante (PTLD), diabetes pos-trasplante y osteoporosis. Enfermedades cardiovasculares aceleradas por algunos inmunosupresores (ciclosporina). El rechazo crónico con bronquiolitis obliterante en pulmón o vasculopatía en corazón limita la supervivencia a largo plazo. |
| Prevención | Seleccionar cuidadosamente donante y receptor, equilibrando compatibilidad HLA y pruebas cruzadas negativas (crossmatch). Asegurar adherencia rigurosa del paciente al régimen inmunosupresor y la profilaxis infecciosa. Realizar biopsias de control periódicas y vigilar marcadores de rechazo subclínico. Ajustar los inmunosupresores según niveles en sangre y signos tempranos de toxicidad. Fomentar un estilo de vida saludable: dieta, ejercicio, abandono de tabaco. |
| Conclusión | La falla y rechazo del trasplante ocurre cuando el órgano o tejido trasplantado no funciona adecuadamente o el sistema inmunitario del receptor lo ataca. Se clasifica en rechazo hiperagudo, agudo o crónico. El tratamiento incluye inmunosupresores para evitar el rechazo, aunque esto conlleva riesgo de infecciones y neoplasias. Un seguimiento estricto de la función del injerto, análisis de sangre y biopsias periódicas es fundamental para detectar signos tempranos de rechazo y ajustar la medicación. Fuente: Meier-Kriesche HU, et al. (2004). 'Immunosuppression and transplant outcomes' en American Journal of Transplantation. Kasiske BL, et al. (2010). 'Maintenance immunosuppression in solid organ transplantation' en Journal of the American Society of Nephrology. |
