Esta categoría contempla las situaciones en las que el feto y el recién nacido sufren consecuencias de alteraciones en la placenta, el cordón umbilical o las membranas ovulares (amniótica y coriónica). Dichas complicaciones incluyen la placenta previa, la inserción velamentosa del cordón, las placentas con infartos múltiples, las membranas con corioamnionitis, la ruptura prematura de membranas y otras condiciones que afectan la transferencia de oxígeno y nutrientes al feto o aumentan el riesgo de infecciones. La placenta es el órgano fundamental de intercambio materno-fetal, y cualquier trastorno que la afecte puede derivar en restricción del crecimiento, hipoxia crónica, parto prematuro o complicaciones intraparto. El cordón umbilical, por su parte, es la vía principal de abastecimiento fetal, y su disposición o estructura anómalas (por ejemplo, cordón con un solo vaso, nudos verdaderos o procidencia) pueden poner en peligro la vida del bebé. Finalmente, las membranas amnióticas actúan como barrera protectora, por lo que su rotura prematura o infección compromete el entorno intrauterino. Reconocer estas complicaciones y tratarlas de forma adecuada es esencial para disminuir la morbimortalidad perinatal.
| Tipos |
Entre los tipos más frecuentes de complicaciones placentarias figuran la placenta previa (cuando la placenta se implanta en la parte baja del útero, cubriendo parcial o totalmente el orificio cervical), el desprendimiento prematuro de la placenta (abruptio placentae), las placentas con infartos extensos y la placenta acreta (adherencia anormal al miometrio). En cuanto al cordón umbilical, se describen alteraciones como la inserción velamentosa (los vasos se extienden por las membranas antes de insertarse en la placenta), la presencia de un solo arteria umbilical, los nudos verdaderos y la vasa previa. Por último, las membranas pueden verse afectadas por corioamnionitis (infección), rotura prematura o anomalías estructurales. Cada una de estas variantes plantea riesgos específicos para el feto, que pueden manifestarse durante la gestación o en el momento del parto. |
| Síntomas |
Las causas de estas alteraciones pueden ser multifactoriales, abarcando factores genéticos, inmunológicos, vasculares e infecciosos. Por ejemplo, la placenta previa se asocia con cicatrices uterinas previas (cesáreas, cirugías), multiparidad o embarazos gemelares. El abruptio placentae se relaciona con hipertensión materna, traumatismos o consumo de tabaco y drogas. Las infecciones ascendentes que causan corioamnionitis pueden resultar de la rotura prematura de membranas o de una mala higiene vaginal. En la inserción velamentosa del cordón, se especula que las variaciones en la implantación trofoblástica durante las primeras semanas de embarazo juegan un papel relevante. Muchos de estos factores son complejos y se combinan con características individuales de la madre y el feto. |
| Causas |
En el feto, estas complicaciones pueden manifestarse a través de signos de sufrimiento, como cambios en la frecuencia cardíaca fetal, restricción del crecimiento, oligohidramnios, polihidramnios o alteraciones en los movimientos fetales. En la madre, algunas de estas condiciones producen sangrado vaginal (placenta previa, abruptio placentae), dolor abdominal intenso, contracciones uterinas anómalas o fiebre en caso de infección de las membranas. En el momento del parto, la compresión o procidencia del cordón umbilical puede desencadenar bradicardia fetal y riesgo de hipoxia. Los signos de corioamnionitis incluyen fiebre materna, dolor uterino y leucocitosis, pudiendo afectar la vitalidad fetal y propiciar partos prematuros. |
| Diagnóstico |
El diagnóstico se basa en la ecografía obstétrica, que permite ubicar la placenta, evaluar su integridad, detectar anomalías en el cordón (como la inserción velamentosa o la vasa previa) y estimar la cantidad de líquido amniótico. Además, el monitoreo electrónico fetal es esencial para identificar posibles episodios de sufrimiento fetal. Cuando se sospecha infección de las membranas, se recurre a exámenes de laboratorio como la proteína C reactiva, el recuento de glóbulos blancos y la amniocentesis con cultivo de líquido amniótico en casos específicos. El reconocimiento precoz de estas complicaciones resulta decisivo para planificar el manejo obstétrico, ya sea mediante reposo, medicamentos o la finalización anticipada del embarazo si la salud materno-fetal está comprometida. |
| Tratamiento |
El tratamiento varía según la alteración diagnosticada. En la placenta previa, se indica reposo y seguimiento estricto para prevenir hemorragias, programando una cesárea en caso de sangrado abundante o localización que impida el parto vaginal. El abruptio placentae, dependiendo de su severidad, puede requerir la finalización urgente del embarazo, habitualmente por cesárea, para evitar la muerte fetal o el shock materno. En la inserción velamentosa o la vasa previa, se aconseja una monitorización intensiva y, en muchos casos, la planificación de un parto por cesárea antes del inicio de contracciones. Las infecciones de las membranas se tratan con antibióticos y, si hay signos de corioamnionitis severa o riesgo de sepsis, se induce o practica un parto urgente. El manejo de cada caso implica un balance cuidadoso entre prolongar la gestación para mejorar la madurez fetal y evitar complicaciones mayores. |
| Complicaciones |
Las complicaciones incluyen hemorragias masivas que ponen en riesgo la vida de la madre y el feto, infecciones que pueden desencadenar sepsis neonatal, sufrimiento fetal agudo con hipoxia o muerte intrauterina, partos prematuros y secuelas neurológicas en el recién nacido. El cordón umbilical comprometido (vasa previa, prolapso) puede llevar a la pérdida brusca de sangre fetal, generando anemias graves y poniendo en peligro inmediato la supervivencia del bebé. A largo plazo, la restricción del crecimiento y la hipoxia crónica pueden afectar el desarrollo neurológico y cognitivo, así como incrementar el riesgo de enfermedades crónicas en la infancia y la vida adulta. |
| Prevención | La prevención se basa en la asistencia prenatal temprana y la identificación de factores de riesgo, como antecedentes de cirugías uterinas, embarazos múltiples o consumo de tabaco. Las ecografías regulares permiten un diagnóstico oportuno de las placentas anómalas, la inserción velamentosa del cordón o la presencia de quistes amnióticos. En casos de rotura prematura de membranas, se vigila el riesgo de infección y se administran antibióticos profilácticos si procede. Se recomienda instruir a la madre sobre los síntomas de alerta (sangrados, dolor abdominal intenso, fiebre), fomentando la consulta inmediata ante cualquier signo inusual. Un control obstétrico integral y la atención en centros con capacidad de respuesta a emergencias perinatales constituyen la mejor estrategia preventiva. |
| Conclusión | Incluye situaciones como placenta previa, vasa previa, prolapso de cordón umbilical o corioamnionitis, que pueden ocasionar hemorragias fetales, infecciones y alteraciones en el suministro de oxígeno y nutrientes. El diagnóstico se realiza mediante ecografía obstétrica, doppler y cultivos, y el manejo oportuno disminuye la morbimortalidad perinatal. Fuente: Crane JM, et al. (2013). "Umbilical cord prolapse and placenta previa" en American Journal of Obstetrics & Gynecology. Goldenberg RL, et al. (2008). "Intra-amniotic infections" en Obstetrics & Gynecology. |
