Feto y recién nacido afectados por complicaciones maternas del embarazo

Esta clasificación abarca los casos en los que el feto o el recién nacido experimentan consecuencias derivadas de complicaciones ocurridas durante el embarazo de la madre. Dichas complicaciones pueden incluir trastornos hipertensivos (preeclampsia, eclampsia), diabetes gestacional, hiperémesis gravídica severa, polihidramnios, oligohidramnios o cualquier otra alteración que surja en el curso de la gestación y que influya de manera directa en el bienestar del feto. Cuando la madre enfrenta estas situaciones, se pueden generar cambios en la perfusión uteroplacentaria, alteraciones hormonales, deficiencias nutricionales o un ambiente intrauterino adverso, lo que incrementa el riesgo de partos prematuros, restricción del crecimiento fetal, problemas metabólicos neonatales o dificultad en la adaptación posnatal. El reconocimiento temprano de las complicaciones maternas y un abordaje multidisciplinario son fundamentales para disminuir las secuelas en el recién nacido y favorecer un desenlace perinatal más seguro.

Tipos

Las complicaciones maternas del embarazo que impactan al feto pueden agruparse en distintas categorías: los trastornos hipertensivos (hipertensión crónica, preeclampsia, eclampsia), los trastornos metabólicos (diabetes gestacional, disfunciones tiroideas), las complicaciones del líquido amniótico (polihidramnios u oligohidramnios), los cuadros de hiperémesis gravídica con pérdida de peso y desequilibrios electrolíticos, y las infecciones sistémicas adquiridas durante la gestación. Asimismo, se incluyen patologías uterinas o placentarias, como el útero fibromatoso o la insuficiencia placentaria, que repercuten en la disponibilidad de oxígeno y nutrientes para el feto. Cada una de estas categorías presenta mecanismos específicos que pueden alterar el desarrollo fetal.

Síntomas

Las causas varían según la complicación materna. Por ejemplo, la preeclampsia puede originarse en una placentación anómala y desequilibrios inmunológicos, la diabetes gestacional se asocia a la resistencia a la insulina propia de la gestación y a factores genéticos o de sobrepeso, mientras que el polihidramnios u oligohidramnios pueden obedecer a alteraciones fetales, a infecciones o a trastornos en la producción y reabsorción del líquido amniótico. En otros casos, como la hiperémesis gravídica, intervienen factores hormonales y predisposiciones individuales. Independientemente de la etiología, el efecto final recae en la alteración de la fisiología materna y del ambiente intrauterino, lo que incide directamente en el crecimiento y la función orgánica del feto.

Causas

Los síntomas en el feto o recién nacido pueden incluir retraso del crecimiento intrauterino, signos de sufrimiento fetal durante el embarazo (por ejemplo, alteraciones en la frecuencia cardíaca fetal o disminución de movimientos fetales), partos prematuros, desequilibrios metabólicos neonatales (hipoglucemia, policitemia, hiperbilirrubinemia) o dificultades respiratorias al nacer. En la madre, las complicaciones se evidencian según el cuadro clínico: hipertensión, proteinuria y edemas en la preeclampsia; vómitos persistentes y deshidratación en la hiperémesis gravídica; hiperglucemias y glucosuria en la diabetes gestacional, entre otros. La correlación de estos síntomas y signos permite inferir el impacto que la condición materna ejerce sobre el feto.

Diagnóstico

El diagnóstico se sustenta en la historia clínica materna, los exámenes de laboratorio y las pruebas de imagen. Se pueden detectar complicaciones como la preeclampsia mediante la medición de la presión arterial y la proteinuria, mientras que la diabetes gestacional se confirma con pruebas de tolerancia a la glucosa. El control ecográfico del embarazo resulta esencial para valorar el crecimiento fetal, la cantidad de líquido amniótico y la función placentaria. Cuando se sospecha un impacto significativo en el feto, se recurre a la monitorización electrónica de la frecuencia cardíaca fetal y a pruebas de bienestar como el perfil biofísico. Una detección temprana de estas complicaciones permite instaurar medidas terapéuticas oportunas.

Tratamiento

El tratamiento varía en función de la complicación materna. En el caso de la preeclampsia, se emplean antihipertensivos y, en situaciones de riesgo severo, se valora la finalización del embarazo para proteger la salud materna y fetal. Para la diabetes gestacional, se indican modificaciones en la dieta, ejercicio y, si es necesario, insulina. Los cuadros de polihidramnios u oligohidramnios requieren una vigilancia estrecha del volumen de líquido amniótico, y en hiperémesis gravídica se utilizan fármacos antieméticos, hidratación intravenosa y corrección de desequilibrios electrolíticos. En todos los casos, el objetivo es mantener la estabilidad materna y prolongar la gestación hasta que el feto alcance la madurez necesaria, minimizando los riesgos de un parto prematuro.

Complicaciones

Las complicaciones para el feto y el recién nacido incluyen partos prematuros, bajo peso al nacer, hipoglucemia neonatal, disfunción respiratoria, policitemia, hiperbilirrubinemia y mayor susceptibilidad a infecciones. A largo plazo, pueden presentarse trastornos en el desarrollo neurológico o metabólico, dependiendo de la severidad y duración de la agresión intrauterina. La madre también puede experimentar secuelas, como mayor predisposición a enfermedades cardiovasculares o metabólicas en el futuro. En algunos casos, la progresión de la complicación materna puede desencadenar la muerte fetal o neonatal, lo que subraya la importancia de la prevención y el manejo integral.

Prevención

La prevención se basa en la identificación temprana de factores de riesgo, como antecedentes de hipertensión, obesidad, diabetes o partos prematuros previos. Un control prenatal riguroso, con evaluaciones periódicas de la presión arterial, glucemias y ecografías, permite detectar signos incipientes de complicaciones. Se promueve un estilo de vida saludable, con alimentación equilibrada y actividad física moderada, así como la adhesión a tratamientos médicos indicados (por ejemplo, insulina en diabetes gestacional). La educación de la madre acerca de síntomas de alarma (cefaleas, alteraciones visuales, sangrados, disminución de movimientos fetales) es fundamental para consultar de manera oportuna.

Conclusión En definitiva, cuando la madre experimenta complicaciones durante el embarazo, el feto y el recién nacido pueden verse afectados de manera directa, manifestando alteraciones en su crecimiento, en su metabolismo o en su adaptación a la vida extrauterina. El abordaje oportuno de estas complicaciones, mediante un enfoque multidisciplinario y controles prenatales minuciosos, constituye la mejor estrategia para salvaguardar la salud materno-infantil. La identificación de los factores de riesgo, el uso de terapias adecuadas y la educación sanitaria contribuyen a disminuir la morbimortalidad y a favorecer un desenlace perinatal más seguro para ambos.

Fuente: Organización Mundial de la Salud (OMS).
Scroll al inicio