Fiebre de Lassa

La fiebre de Lassa es una fiebre hemorrágica viral causada por un arenavirus endémico de África Occidental. Se transmite principalmente a través del contacto con excretas de roedores Mastomys natalensis, que actúan como reservorio. La mayoría de las infecciones son leves o subclínicas, pero una proporción de pacientes desarrolla enfermedad grave con manifestaciones hemorrágicas, afectación multiorgánica y alta mortalidad, especialmente en mujeres embarazadas y personas con acceso limitado a cuidados intensivos.

Tipos

Se describen formas leves con cuadro seudogripal autolimitado, formas moderadas con compromiso sistémico y formas graves con afectación hepática, renal y cardiovascular. En términos epidemiológicos, se distinguen casos esporádicos en zonas rurales, brotes comunitarios y casos nosocomiales asociados a fallas en el control de infecciones. La enfermedad puede presentarse también en viajeros procedentes de áreas endémicas.

Síntomas

El período de incubación varía de 6 a 21 días. Los síntomas iniciales incluyen fiebre, debilidad, cefalea, mialgias y malestar general. Posteriormente pueden aparecer odinofagia, tos, dolor torácico, dolor abdominal, náuseas, vómitos y diarrea. En los casos graves se observan edema facial, derrame pleural, insuficiencia respiratoria, hemorragias mucosas, hipotensión y signos de fallo renal y hepático. La afectación del oído interno es característica y puede dejar hipoacusia permanente en una proporción importante de sobrevivientes.

Causas

La causa es la infección por virus de Lassa, un arenavirus que se mantiene en la naturaleza en roedores Mastomys infectados crónicamente. Los humanos contraen la infección al inhalar aerosoles contaminados, al ingerir alimentos contaminados por orina o heces de roedores, o por contacto directo con estos animales. La transmisión de persona a persona puede ocurrir por contacto con sangre, tejidos, secreciones o fluidos corporales, especialmente en hospitales donde no se aplican medidas de protección adecuadas.

Diagnóstico

El diagnóstico definitivo requiere pruebas de laboratorio especializadas, incluyendo detección de ARN viral por RT-PCR o pruebas serológicas para anticuerpos IgM/IgG. Estas pruebas deben realizarse en laboratorios con bioseguridad adecuada. Los exámenes complementarios suelen mostrar trombocitopenia, leucopenia, alteraciones de enzimas hepáticas y disfunción renal. El diagnóstico diferencial incluye otras fiebres hemorrágicas virales, malaria grave, sepsis bacteriana y fiebre tifoidea.

Tratamiento

El tratamiento se basa en el manejo de soporte y en el uso temprano de ribavirina intravenosa, que ha mostrado reducir la mortalidad si se administra en los primeros días de la enfermedad, especialmente en grupos de alto riesgo. El soporte incluye reposición de fluidos, corrección de trastornos electrolíticos, manejo de la presión arterial, transfusiones cuando son necesarias y tratamiento de infecciones bacterianas asociadas. La atención debe brindarse con estrictas medidas de aislamiento.

Complicaciones

Las complicaciones graves abarcan shock, fallo hepático y renal, edema pulmonar, hemorragias severas y muerte. Entre los sobrevivientes, una complicación frecuente es la pérdida auditiva neurosensorial, que puede ser permanente y afectar significativamente la calidad de vida. Las mujeres embarazadas, en particular en el tercer trimestre, presentan mayor riesgo de enfermedad grave, muerte materna y fetal.

Prevención

Las medidas de prevención se centran en el control de roedores y la reducción de su presencia en viviendas, almacenes y entornos de trabajo, así como en el adecuado almacenamiento de alimentos. En hospitales, el cumplimiento estricto de las precauciones estándar y de contacto (uso de guantes, mascarillas, protección ocular y manejo seguro de materiales contaminados) es fundamental para prevenir brotes nosocomiales. La educación comunitaria sobre higiene, manejo de alimentos y riesgos asociados a la presencia de roedores es una herramienta clave en las zonas endémicas.

Conclusión La fiebre de Lassa es una de las principales fiebres hemorrágicas virales en África Occidental y representa una amenaza para la población local y para los sistemas sanitarios. El acceso a diagnóstico temprano, al tratamiento con ribavirina y a cuidados de soporte adecuados puede disminuir la mortalidad. La reducción del riesgo depende de estrategias sostenidas de control de roedores, mejora del saneamiento y fortalecimiento de las prácticas de control de infecciones en los servicios de salud.

Fuente: Organización Mundial de la Salud, CDC y guías clínicas sobre fiebre de Lassa.
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