La fiebre hemorrágica argentina es una enfermedad viral grave causada por el virus Junín, un arenavirus endémico de regiones agrícolas de Argentina. Se caracteriza por fiebre, manifestaciones hemorrágicas y compromiso neurológico variable. El reservorio lo constituyen roedores silvestres de las pampas, y el área endémica clásica abarca decenas de miles de kilómetros cuadrados en zonas rurales. Sin tratamiento específico, la letalidad histórica se estimaba entre 10 % y 30 %.
| Tipos |
Clínicamente se describen tres fases: (1) fase prodrómica, con síntomas inespecíficos; (2) fase neurológica y hemorrágica, en la que aparecen sangrados y signos del sistema nervioso central; y (3) fase de convalecencia o recuperación, que puede prolongarse semanas. En función de la gravedad se distingue entre casos leves, moderados y graves con riesgo de muerte. Epidemiológicamente es una zoonosis ocupacional ligada a labores agrícolas. |
| Síntomas |
Los síntomas iniciales incluyen fiebre, mialgias, cefalea, anorexia, debilidad marcada y malestar general. Posteriormente, muchos pacientes desarrollan odinofagia, mareos, náuseas, vómitos y dolor abdominal. Cerca del 80 % de los casos progresan a un cuadro hemorrágico con petequias, epistaxis, gingivorragias, equimosis y, en los casos graves, hemorragias viscerales. Pueden aparecer temblores, inestabilidad, confusión, somnolencia y otros signos neurológicos. |
| Causas |
La infección se produce por inhalación de aerosoles o por contacto directo con excretas, orina o secreciones de roedores infectados, particularmente en actividades rurales como cosecha, manipulación de granos y limpieza de galpones. La transmisión de persona a persona es rara, pero puede ocurrir en contextos de exposición intensa a fluidos corporales sin protección adecuada. Las condiciones de vivienda y trabajo que favorecen la presencia de roedores aumentan el riesgo. |
| Diagnóstico |
El diagnóstico se confirma mediante detección de virus Junín por RT-PCR, aislamiento viral o técnicas serológicas que muestran seroconversión o títulos altos de anticuerpos específicos. El diagnóstico debe realizarse en laboratorios especializados. Los exámenes generales revelan leucopenia, trombocitopenia, prolongación de tiempos de coagulación, aumento de transaminasas y signos de compromiso de órganos. El contexto epidemiológico y ocupacional es clave en la sospecha inicial. |
| Tratamiento |
El tratamiento específico de elección es el suero inmune de convaleciente administrado precozmente, idealmente durante la primera semana de enfermedad, lo que puede reducir la letalidad a alrededor de 1 %. Además, se brinda manejo de soporte con reposición de fluidos, corrección de trastornos de coagulación, tratamiento de infecciones secundarias y monitorización neurológica. El manejo debe realizarse en centros con experiencia en esta patología. |
| Complicaciones |
Las complicaciones incluyen hemorragias severas, shock, encefalitis, edema cerebral, fallo multiorgánico y muerte. Algunos pacientes recuperados pueden presentar secuelas neurológicas, trastornos auditivos o astenia prolongada. El retraso en el diagnóstico y en la administración del suero de convaleciente se asocia a peor pronóstico. |
| Prevención | La prevención se orienta a reducir el contacto con roedores y sus excretas mediante control de plagas, mejora de condiciones de almacenamiento de granos y uso de equipos de protección en labores rurales. Existe una vacuna atenuada (Candid #1) utilizada en población de riesgo ocupacional en áreas endémicas, que ha mostrado alta efectividad. La educación sanitaria a trabajadores rurales y el fortalecimiento de la vigilancia son pilares del control de la enfermedad. |
| Conclusión | La fiebre hemorrágica argentina es un ejemplo de zoonosis viral grave ligada a actividades agrícolas, pero sus tasas de mortalidad pueden reducirse drásticamente mediante el uso oportuno de suero de convaleciente y la vacunación en grupos de riesgo. La integración de medidas de control de roedores, inmunización y atención especializada ha permitido disminuir la carga de enfermedad en las zonas endémicas. Fuente: CDC, autoridades sanitarias argentinas y literatura sobre virus Junín. |
