La fiebre Q es una zoonosis causada por la bacteria Coxiella burnetii, un patógeno intracelular muy resistente que infecta principalmente a cabras, ovejas y vacas. El microorganismo se concentra en la placenta, los líquidos de parto, la orina, las heces y la leche de los animales infectados. En humanos puede producir desde cuadros asintomáticos o seudogripales leves hasta neumonía o hepatitis aguda, y en una minoría evolucionar a forma crónica con endocarditis u otras complicaciones graves. Es una enfermedad de importancia ocupacional para trabajadores agropecuarios, veterinarios y personal de mataderos.
| Tipos |
Se describen dos formas clínicas principales: fiebre Q aguda y fiebre Q crónica. La forma aguda se presenta habitualmente como síndrome pseudogripal con fiebre, cefalea intensa, mialgias y malestar general, o bien como neumonía atípica o hepatitis. La forma crónica aparece meses o años después de la infección inicial y se asocia sobre todo a endocarditis en personas con valvulopatías, prótesis valvulares u otras cardiopatías estructurales. También puede afectar vasos de gran calibre y producir infecciones crónicas en otros órganos. |
| Síntomas |
En la fiebre Q aguda los síntomas más frecuentes son fiebre alta de inicio brusco, escalofríos, cefalea intensa, mialgias, sudoración y marcada fatiga. Pueden añadirse tos seca y dolor torácico pleurítico cuando predomina la neumonía, o dolor en hipocondrio derecho, náuseas y aumento de transaminasas en formas con hepatitis. Algunos pacientes refieren pérdida de apetito y adelgazamiento. En la fiebre Q crónica pueden aparecer fiebre prolongada, pérdida de peso, sudoración nocturna, soplos cardiacos nuevos y signos de insuficiencia cardíaca secundaria a endocarditis. |
| Causas |
La causa es la infección por Coxiella burnetii. Las personas se contagian sobre todo al inhalar polvo o aerosoles contaminados con excrementos, placenta o fluidos de parto de animales infectados. Las prácticas de ganadería, el parto de animales en espacios cerrados y el manejo de lana y cueros favorecen la dispersión de partículas. El consumo de leche cruda y derivados no pasteurizados también puede representar un riesgo. La transmisión de persona a persona es excepcional, aunque se han descrito casos esporádicos en contextos obstétricos o de laboratorio. |
| Diagnóstico |
El diagnóstico se basa en la sospecha clínica en personas expuestas a ganado o que residen en zonas rurales con fiebre prolongada, neumonía atípica o hepatitis sin causa clara. La confirmación se realiza mediante pruebas serológicas, especialmente la inmunofluorescencia indirecta, que detecta anticuerpos frente a antígenos de fase I y II. La PCR en sangre o tejidos permite detectar ADN bacteriano en fases precoces. En la forma crónica destacan títulos elevados y persistentes de anticuerpos frente a antígeno de fase I. Las imágenes torácicas pueden mostrar infiltrados intersticiales y los estudios cardiológicos evidenciar valvulopatía o vegetaciones. |
| Tratamiento |
En la fiebre Q aguda el tratamiento de elección es doxiciclina durante 14 días, idealmente iniciada en los primeros días de enfermedad para acortar la duración de los síntomas y reducir complicaciones. En embarazadas o personas con contraindicación a tetraciclinas se emplean alternativas como macrólidos, según la valoración especializada. La fiebre Q crónica requiere tratamiento prolongado, a menudo con combinaciones de doxiciclina y hidroxicloroquina durante 18 a 24 meses o más, con monitorización estrecha de niveles séricos y efectos adversos. El manejo suele ser multidisciplinario. |
| Complicaciones |
Las complicaciones de la fiebre Q aguda incluyen neumonía grave, hepatitis fulminante, miocarditis y, en casos raros, meningoencefalitis. La forma crónica se asocia principalmente a endocarditis, que puede llevar a insuficiencia cardíaca, embolias sistémicas y necesidad de cirugía valvular. Sin tratamiento adecuado, la fiebre Q crónica tiene elevada mortalidad. En embarazadas se ha descrito mayor riesgo de aborto espontáneo, parto prematuro y bajo peso al nacer. |
| Prevención | Las medidas preventivas incluyen el control de la infección en rebaños, el manejo seguro de placentas y restos de parto, la eliminación adecuada de residuos y la reducción de aerosoles en granjas y mataderos. El uso de equipos de protección personal en trabajadores expuestos (mascarilla, guantes, protección ocular) es fundamental. La pasteurización de la leche y la vigilancia veterinaria ayudan a disminuir la circulación del patógeno. En algunos países existe vacuna para grupos ocupacionales de alto riesgo, utilizada bajo indicaciones específicas. |
| Conclusión | La fiebre Q es una zoonosis ampliamente distribuida que afecta a trabajadores agrícolas, veterinarios y poblaciones rurales. Aunque la mayoría de los casos agudos son leves, la posibilidad de enfermedad crónica con endocarditis grave exige una adecuada sospecha y seguimiento de las personas en riesgo. El manejo integral combina diagnóstico oportuno, tratamiento antibiótico adecuado y medidas de prevención en la interfaz humano-animal. Fuente: CDC, guías internacionales de fiebre Q y literatura de zoonosis. |
