– Leve (no amenazante): Volumen bajo (p. ej., estrías o <30 mL/día), con estabilidad hemodinámica y sin insuficiencia respiratoria. Suele asociarse a bronquitis aguda, infecciones leves o bronquiectasias.
– Moderada: Sangrado apreciable (p. ej., 30–200 mL/día), con riesgo de deterioro respiratorio, que puede requerir hospitalización y broncoscopía para localización y control.
– Masiva (amenazante para la vida): Volúmenes que ponen en riesgo la vía aérea (clásicamente ≥200–600 mL en 24 h, aunque hoy se prioriza el compromiso ventilatorio por encima del volumen exacto). Requiere manejo de urgencia, protección de la vía aérea y control hemostático rápido.
Operativamente, también puede clasificarse por localización (central vs. periférica), por frecuencia (episódica vs. recurrente) y por etiología (infecciosa, inflamatoria, vascular, neoplásica, iatrogénica, criptogénica).
| Tipos |
Las causas más comunes incluyen bronquitis aguda, bronquiectasias, tuberculosis (y sus secuelas), neoplasias broncopulmonares y neumonías. En regiones con alta prevalencia, la tuberculosis activa o antigua es un origen clave del sangrado (lesiones cavitadas, aspergilomas post-TBC). Las bronquiectasias producen hemoptisis recurrente por neovascularización frágil. Los tumores endobronquiales pueden erosionar vasos. Entre las causas vasculares destacan el embolismo pulmonar, malformaciones arteriovenosas y la hipertensión pulmonar. Otras etiologías: vasculitis (p. ej., granulomatosis con poliangeítis), síndrome de Goodpasture, anticoagulación/antiagregación, procedimientos (biopsias, broncoscopía), infecciones fúngicas, trauma torácico y hemorragia alveolar difusa por fármacos o autoinmunidad. |
| Síntomas |
Además de la tos con expectoración hemática, el cuadro puede acompañarse de dolor torácico pleurítico, disnea, sibilancias o fiebre según la causa subyacente. En neoplasias es frecuente la pérdida de peso y la tos crónica; en bronquiectasias, la expectoración purulenta crónica con episodios de sangrado; en TBC, síntomas constitucionales (fiebre, sudoración nocturna) y hemoptisis recurrente. La hemoptisis masiva se asocia a taquipnea, hipoxemia, inestabilidad hemodinámica y riesgo de aspiración, constituyendo una emergencia vital que requiere intervención inmediata y protección de la vía aérea. |
| Causas |
La evaluación inicia con confirmación del origen pulmonar (historia y examen físico orientados a descartar hemorragia nasofaríngea o gastrointestinal). Se solicita radiografía de tórax como método inicial y, en la mayoría de los casos, tomografía computarizada (TC) de tórax con contraste para localizar el sitio del sangrado y orientar la etiología (tumor, bronquiectasias, cavitaciones, embolia). La broncoscopía flexible es útil para localizar el sangrado activo, extraer coágulos, tomar muestras (citología/biopsia) y aplicar medidas locales hemostáticas. Según sospecha, se añaden baciloscopías y cultivo para TBC, pruebas inmunológicas (ANCA, anti-MBG), estudios de coagulación y gasometría. En hemorragia alveolar difusa, el lavado broncoalveolar revela progresión hemática en alícuotas seriadas. |
| Diagnóstico |
El manejo depende de la gravedad. En hemoptisis amenazante, priorizar la vía aérea (oxigenoterapia, intubación selectiva si es necesario) y estabilización hemodinámica. La broncoscopía terapéutica permite lavado con suero frío, adrenalina tópica, coagulación con láser/electrocauterio o balón oclusor temporal. La embolización de arterias bronquiales por radiología intervencional es el tratamiento de elección en sangrado persistente o recurrente, con alta tasa de control, aunque puede recidivar si la causa persiste. El tratamiento etiológico es clave: antibióticos en infección bacteriana, antituberculosos en TBC, suspensión o ajuste de anticoagulantes, corticoides/inmunosupresores en vasculitis, terapias oncológicas en neoplasias. La cirugía (resección segmentaria/lobectomía) se reserva para hemoptisis localizada refractaria o lesiones estructurales no controlables por embolización. |
| Tratamiento |
La más temida es la asfixia por inundación hemática de la vía aérea. También pueden presentarse insuficiencia respiratoria aguda, anemia significativa, inestabilidad hemodinámica, broncoaspiración e infecciones sobreagregadas. La embolización conlleva riesgos infrecuentes (dolor torácico, infarto pulmonar, isquemia de pared bronquial); la cirugía implica complicaciones posoperatorias (atelectasias, fístulas, sangrado residual). La recurrencia es posible si no se controla la causa subyacente. |
| Complicaciones |
Se orienta a tratar las enfermedades predisponentes y a reducir factores de riesgo: control y seguimiento de bronquiectasias e infecciones respiratorias, pesquisa y tratamiento oportuno de TBC, abandono del tabaco, vacunación respiratoria según guías, corrección de trastornos de la coagulación y uso racional de anticoagulantes/antiagregantes. En pacientes con hemoptisis recurrente por bronquiectasias, la terapia fisiátrica respiratoria y el manejo antimicrobiano dirigido pueden disminuir exacerbaciones y sangrado. |
| Prevención | |
| Conclusión | La hemoptisis es un signo clínico potencialmente grave que exige confirmación del origen pulmonar, estratificación de riesgo y tratamiento etiológico. La combinación de TC de tórax y broncoscopía mejora la localización y el control del sangrado, mientras que la embolización de arterias bronquiales es una herramienta clave para casos persistentes o masivos. El pronóstico depende de la causa, el volumen del sangrado y la rapidez del manejo. Fuente: Guías y consensos de la American College of Chest Physicians (CHEST), British Thoracic Society, y textos estándar de neumología. |
