Herida de la cadera y del muslo

Las heridas que comprometen la cadera (región trocantérica, glútea proximal) y el muslo (incluyendo el fémur a nivel superficial, tejido subcutáneo y músculos) se encuadran aquí si no se clasifican en lesiones específicas de fractura o aplastamiento. Frecuentes por caídas en superficie irregular, choques o heridas punzocortantes. Pueden ser superficiales o penetrar en planos profundos. La cicatrización deficiente conlleva riesgo de abscesos o infecciones. Asimismo, el daño muscular amplio limita la deambulación temporal. La exploración detallada previene subvaloraciones que oculten fracturas de cuello femoral o afectaciones vasculares mayores.

Tipos

1. Laceraciones cutáneas: Rozan la piel y subcutáneo, con sangrado leve.

2. Heridas penetrantes: Atraviesan la fascia muscular del muslo, con riesgo de sección de tendones.

3. Heridas a nivel del trocánter mayor: Riesgo de dañar la inserción muscular.

4. Lesiones con posibilidad de fracturas ocultas (cuello femoral, diáfisis).

Síntomas

Golpes directos o roces intensos al caer sobre bordes de escalones, accidentes de moto donde el muslo fricciona el pavimento, agresiones con armas blancas que perforan el músculo glúteo o la región femoral proximal. En el ámbito laboral, herramientas con bordes afilados o planchas metálicas generan cortes amplios en la cadera, mientras que las actividades deportivas con roces fuertes (p. ej. caídas en patinaje) pueden causar abrasiones o laceraciones.

Causas

El dolor se intensifica al apoyar el peso en la pierna si la zona trocantérica está comprometida. La herida puede sangrar moderadamente, presentando bordes irregulares o netos según el mecanismo. La hinchazón y el hematoma son comunes en muslo profundo, sobre todo si los músculos cuádriceps se lesionan. En casos leves, el paciente camina con limitaciones por dolor, pero mantiene cierto apoyo; en graves, se ve obligado a no moverse. Una infección incipiente produce calor local y supuración.

Diagnóstico

Se limpia y explora la herida bajo analgesia local para determinar su profundidad, buscando lesiones tendinosas o musculares. La palpación cuidadosa evalúa la integridad ósea (descartando fracturas de fémur). Si hay sospecha de fractura, se solicitan radiografías de pelvis y fémur. La ecografía muslo-cadera o la resonancia magnética aclaran daños musculares extensos. En heridas que parecen más profundas, la exploración quirúrgica bajo anestesia puede ser necesaria.

Tratamiento

Las heridas superficiales requieren limpieza, desbridamiento de bordes no viables y sutura primaria si no están contaminadas. En profundidades mayores, un examen quirúrgico confirma que no haya vasos o nervios seccionados. El sangrado se controla con sutura de arterias o venas. Cuando grandes porciones musculares se ven afectadas, la rehabilitación y fisioterapia posterior se vuelven claves para recuperar la fuerza en el muslo. Los antibióticos profilácticos se indican en heridas muy contaminadas o con retraso en la atención.

Complicaciones

La infección, principal complicación, origina abscesos profundos que pueden extenderse en la fascia y provocar necrosis muscular (celulitis necrotizante). El hematoma profundo, si no se drena, puede evolucionar a seudoquiste infectado. En casos de lesión ignorada en el trocánter, se puede desarrollar bursitis traumática o calcificaciones. Cicatrices retráctiles limitan la flexión o abducción de la cadera. Si un tendón se rasga y no es reparado, aparece debilidad crónica para la marcha.

Prevención

En espacios de trabajo, se debe usar ropa protectora (pantalones gruesos, guardas especiales) y organizar las áreas para evitar bordes cortantes. En deportes con riesgo de caídas, las protecciones en la cadera (ropa acolchada) disminuyen laceraciones directas. Prevenir la violencia y el uso seguro de cuchillos o herramientas filosas reduce incidencias de heridas punzantes. En la población adulta mayor, el refuerzo de la musculatura de la cadera y la precaución en superficies resbaladizas minimizan tropezones que causan heridas profundas.

Conclusión Las heridas en la región de la cadera y el muslo pueden variar desde laceraciones superficiales hasta lesiones que afectan músculos, tendones, vasos sanguíneos o nervios. El abordaje inicial se centra en controlar la hemorragia, limpiar la herida y evaluar la viabilidad tisular. Puede requerirse cirugía para reparar estructuras dañadas y prevenir infecciones profundas. La rehabilitación se orienta a recuperar la movilidad y la fuerza muscular, facilitando la reincorporación a las actividades diarias. Información adicional provista para cumplir el mínimo de caracteres.

Fuente: Eiff MP, et al. (2015). "Wound care of the hip and thigh" en American Family Physician.
Simpson LA, et al. (2017). "Soft tissue injuries around the hip" en Canadian Journal of Surgery.
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