La hernia femoral se caracteriza por la protrusión de tejido o vísceras a través del canal femoral, un espacio anatómico situado por debajo del ligamento inguinal, donde discurre la vena femoral. Suele observarse más frecuentemente en mujeres, especialmente en mayores de 40 años, debido a las características de la pelvis y la laxitud de los tejidos de soporte. Al igual que en otras hernias, el aumento de la presión intraabdominal (tos, esfuerzo, obesidad) favorece la protrusión. La hernia femoral se presenta cerca del triángulo femoral, a menudo como un bulto doloroso en la zona inferior a la ingle. Su mayor relevancia clínica radica en que tiene más probabilidades de encarcelarse o estrangularse que las hernias inguinales, requiriendo vigilancia intensiva y tratamiento oportuno para evitar complicaciones mayores.
| Tipos |
Las hernias femorales pueden ser clasificadas en reducibles, si el contenido retorna a la cavidad abdominal, o incarceradas, cuando ese contenido queda atrapado en el saco herniario. Si la vascularización se compromete, se denomina hernia femoral estrangulada. La localización y el tamaño del saco varían, pero siempre se ubican en el canal femoral, medial a la vena femoral, distinguiéndose así de las hernias inguinales. La recurrencia puede obedecer a reparaciones inadecuadas o a la laxitud progresiva de los tejidos con el envejecimiento. |
| Síntomas |
La principal causa es la debilidad o distensión de la pared abdominal en el conducto femoral, conjugada con el aumento repetitivo de la presión dentro del abdomen. Factores como embarazos múltiples, obesidad, tos crónica, dificultad para defecar y ocupaciones que exigen levantar pesos aumentan el riesgo. La anatomía de la pelvis femenina, con un canal femoral más amplio, explica la mayor incidencia en mujeres. De igual manera, la edad y la pérdida de tono muscular contribuyen a la aparición de estas hernias, menos frecuentes en hombres. |
| Causas |
El síntoma inicial suele ser un abultamiento o protuberancia en la región debajo del ligamento inguinal, cerca del muslo, que puede incrementar con la bipedestación o la maniobra de Valsalva (toser, levantar peso). A veces se acompaña de dolor o sensación de tirón, empeorando con actividades físicas. En casos de incarceración, el dolor se intensifica y la hernia deja de ser reducible, mientras que en la estrangulación, aparece dolor súbito, vómitos y signos de obstrucción intestinal o isquemia. La piel puede mostrarse tensa y enrojecida. Este escenario demanda atención quirúrgica urgente. |
| Diagnóstico |
El examen físico identifica la masa femoral, que se localiza por debajo de la línea inguinal y medial a la vena femoral. El médico puede solicitar al paciente que tosa o realice maniobras para acentuar la protuberancia. Cuando existen dudas con hernias inguinales u otras protuberancias (adenopatías, lipomas), la ecografía o la tomografía computarizada ayudan a precisar la localización y la naturaleza del contenido herniario. La resonancia magnética constituye otra alternativa en situaciones particulares o en hernias recurrentes con anatomía compleja. |
| Tratamiento |
La cirugía es esencial para prevenir complicaciones, incluso en hernias femorales pequeñas, dado su alto riesgo de encarcelación. Se utilizan métodos de reparación abierta (incisión inguinal o femoral) o técnicas laparoscópicas, colocando con frecuencia una malla de refuerzo. En caso de estrangulación, se evalúa la vitalidad del intestino o epiplón atrapado, resecando las porciones inviables. El tratamiento no quirúrgico (observar o utilizar fajas) no se recomienda, pues la probabilidad de progresión es elevada. Tras la operación, se sugiere evitar esfuerzos intensos por varias semanas para lograr una cicatrización óptima. |
| Complicaciones |
La encarcelación y la estrangulación representan el mayor peligro, al comprometer la irrigación del contenido intestinal o la epiplón, generando necrosis y perforación. La negligencia quirúrgica puede llevar a peritonitis y sepsis, poniendo en juego la vida del paciente. Además, la recurrencia de la hernia es posible si la reparación resultó deficiente o si persisten los factores predisponentes (como la tos crónica). En el postoperatorio inmediato, existen riesgos como hematomas, seromas o infecciones, que requieren seguimiento médico. |
| Prevención | El mantenimiento de un peso saludable, la corrección del estreñimiento y el control de la tos crónica reducen las fuerzas que actúan en la pared abdominal. Una rutina de ejercicios moderada fortalece la musculatura de la zona inguinal y femoral. Asimismo, levantar objetos pesados de forma correcta (flexionando las piernas, no la espalda) disminuye la presión en la región inguinal. La revisión ginecológica periódica en mujeres ayuda a la detección temprana de debilidades pélvicas. Fomentar consultas médicas al notar cualquier abultamiento en la ingle o el muslo es decisivo para una intervención oportuna. |
| Conclusión | La hernia femoral ocurre cuando una porción del intestino o tejido graso protruye a través del conducto femoral, justo debajo del ligamento inguinal. Es más frecuente en mujeres y puede causar dolor o molestias en la zona inguinal, con riesgo de estrangulación si no se trata. El diagnóstico se basa en la exploración clínica y estudios de imagen. El tratamiento es principalmente quirúrgico para evitar complicaciones, especialmente la isquemia del tejido herniado. Referencia: MedlinePlus. (2023). Femoral Hernia. Recuperado de https://medlineplus.gov/ Fuente 1: Sociedad Española de Cirugía. (2022). Guías sobre Hernias. Recuperado de https://www.aecirujanos.es/ |
