Esta categoría agrupa un amplio abanico de patologías maternas que, aunque se encuadran en clasificaciones clínicas diferentes (enfermedades cardiovasculares, endocrinas, respiratorias, etc.), adquieren relevancia particular cuando aparecen durante el embarazo, el parto o el puerperio. El estado gestacional puede agravar o modificar la evolución natural de estas enfermedades, incrementando el riesgo de complicaciones tanto para la madre como para el feto. Entre estas patologías se incluyen, por ejemplo, trastornos autoinmunes, enfermedades neoplásicas, epilepsia, insuficiencia renal crónica y otras afecciones crónicas. El abordaje multidisciplinario, que involucre a obstetras y especialistas en la enfermedad subyacente, es esencial para optimizar los resultados y preservar la salud materno-infantil.
| Tipos |
Entre las enfermedades maternas clasificables en otra parte, pero que complican la gestación, se cuentan los trastornos endocrinos como el hipotiroidismo o el hipertiroidismo, enfermedades metabólicas como la fenilcetonuria, trastornos neurológicos como la epilepsia, enfermedades reumáticas como el lupus eritematoso sistémico, patologías cardíacas congénitas o adquiridas, e incluso ciertos tipos de cáncer diagnosticados o tratados durante el embarazo. Cada afección plantea desafíos propios en términos de diagnóstico, manejo terapéutico y seguimiento prenatal. |
| Síntomas |
La presencia de estas patologías en la madre obedece a causas ajenas al embarazo en sí, pudiendo ser congénitas, hereditarias, autoinmunes o adquiridas a lo largo de la vida. El estado de inmunotolerancia y los cambios hormonales característicos de la gestación pueden desencadenar brotes de enfermedades crónicas, empeorar los síntomas o modificar la respuesta a ciertos tratamientos. Asimismo, el aumento del gasto cardíaco, la alteración del metabolismo y la retención de líquidos en el embarazo pueden desequilibrar enfermedades preexistentes, poniendo en peligro la salud de la madre y del feto. |
| Causas |
Los síntomas dependen en gran medida de la enfermedad subyacente. Por ejemplo, en el caso de patologías cardíacas, la embarazada puede presentar disnea, fatiga, palpitaciones o edemas; en enfermedades reumáticas, puede haber dolor articular, rigidez y erupciones cutáneas; en trastornos tiroideos, alteraciones en el peso, la frecuencia cardíaca o la temperatura corporal. Lo que une a estas diversas condiciones es la posibilidad de agravarse o manifestarse de forma diferente en el contexto gestacional, dificultando la evaluación y el diagnóstico. |
| Diagnóstico |
El diagnóstico se basa en la historia clínica de la paciente, las pruebas de laboratorio y los estudios de imagen adecuados a cada enfermedad. Se deben considerar las limitaciones de ciertos procedimientos durante el embarazo, como las radiografías o las resonancias con contraste, y priorizar métodos seguros para el feto. Además, los exámenes deben repetirse con frecuencia para evaluar la evolución de la patología a lo largo de la gestación, ajustando la terapia según la respuesta y el bienestar materno-fetal. La colaboración entre obstetras y especialistas en la enfermedad específica es crucial. |
| Tratamiento |
El tratamiento se enfoca en controlar la enfermedad materna sin comprometer la salud del feto. Esto implica seleccionar fármacos seguros en el embarazo, en la medida de lo posible, o sopesar los riesgos y beneficios de continuar con terapias potencialmente teratogénicas. Por ejemplo, en la epilepsia, se eligen anticonvulsivos con menor riesgo de malformaciones, mientras que en enfermedades reumáticas se prefieren fármacos antiinflamatorios y antirreumáticos compatibles con la gestación. El seguimiento prenatal intensivo, la evaluación ecográfica frecuente y la vigilancia de la función placentaria forman parte del manejo integral, pudiendo requerir hospitalización si la condición materna se descompensa. |
| Complicaciones |
La presencia de enfermedades crónicas puede incrementar el riesgo de complicaciones como restricción del crecimiento intrauterino, parto prematuro, preeclampsia o descompensaciones agudas de la enfermedad materna. En casos extremos, puede poner en peligro la vida de la madre y del feto, generando la necesidad de finalizar el embarazo de forma prematura. Asimismo, la alteración de la hemodinamia, la función renal o el equilibrio metabólico pueden dejar secuelas a largo plazo en la madre, y repercutir en la adaptación neonatal. |
| Prevención | La prevención pasa por la planificación del embarazo en mujeres con enfermedades crónicas, para ajustar su tratamiento y estabilizar su condición antes de la concepción. Un control prenatal exhaustivo y la detección temprana de descompensaciones son fundamentales para minimizar los riesgos. Además, la educación a la paciente sobre signos de alarma y la importancia de la adherencia terapéutica resultan esenciales. Las consultas multidisciplinarias y la coordinación entre distintos especialistas (cardiólogos, endocrinólogos, reumatólogos, etc.) favorecen un enfoque personalizado y la toma de decisiones compartida. |
| Conclusión | Incluye patologías maternas, como enfermedades cardiovasculares, hematológicas o renales, que afectan el curso del embarazo, el parto o el posparto. Estas enfermedades pueden exacerbarse durante la gestación y requieren un control multidisciplinario para prevenir desenlaces adversos, tanto en la madre como en el feto. Fuente: Williams Obstetrics (2018). "Medical and surgical complications of pregnancy". Sibai BM, et al. (2015). "Obstetric management of maternal comorbidities" en Obstetrics & Gynecology. |
