La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel, con un marcado componente inmunológico y predisposición genética. Se caracteriza por placas eritematosas cubiertas de escamas blanquecinas, frecuentemente en codos, rodillas, cuero cabelludo y región sacra. La renovación epidérmica acelerada y la activación inmune por células T generan la hiperproliferación cutánea típica. Además del impacto cutáneo, puede asociarse a artritis psoriásica, enfermedades metabólicas y comorbilidades cardiovasculares.
| Tipos |
Las formas principales incluyen: – **Psoriasis en placas** (vulgar): la más frecuente, con placas sobreelevadas y descamación. – **Psoriasis guttata**: lesiones pequeñas en forma de gotas, común tras infecciones estreptocócicas. – **Psoriasis invertida**: placas en pliegues (axilas, ingles), con menos escamas. – **Psoriasis pustulosa**: con pústulas estériles, generalizadas (von Zumbusch) o localizadas (palmo-plantar). – **Eritrodérmica**: forma extensa con eritema generalizado, potencialmente grave. |
| Síntomas |
Resulta de la interacción entre la predisposición genética (varios genes HLA) y factores ambientales (infecciones, estrés, obesidad, fármacos, clima). Los linfocitos T autorreactivos y las citocinas proinflamatorias (TNF, IL-17, IL-23) impulsan la hiperproliferación queratinocítica y la inflamación cutánea. Detonantes como traumatismos (fenómeno de Koebner), infecciones (faringitis) o estrés agravan o inician brotes. |
| Causas |
La lesión típica es una placa eritematosa, bien delimitada, cubierta de escamas blancas plateadas. Suele picar o doler, dependiendo de la extensión y localización. En la psoriasis del cuero cabelludo, se forman escamas gruesas adheridas. La psoriasis en uñas provoca onicólisis (desprendimiento), picaduras o engrosamiento. La artritis psoriásica causa dolor e inflamación articular, con patrones variables (desde oligoarticular a poliarticular). Los brotes pueden persistir semanas o meses, con recidivas cíclicas. |
| Diagnóstico |
La evaluación clínica (apariencia de las placas, su localización) basta usualmente para el diagnóstico. Si hay duda, se toma biopsia cutánea que revela engrosamiento epidérmico (acantosis), elongación de crestas interpapilares y microabscesos de Munro (acumulaciones de neutrófilos). El signo de Auspitz (sangrado puntiforme al raspar) y el fenómeno de Koebner (lesiones en zonas de trauma) son indicativos. La radiografía de articulaciones ayuda a descartar artritis psoriásica. Se descartan otras dermatosis descamativas (dermatitis seborreica, pitiriasis) cuando la presentación es atípica. |
| Tratamiento |
La terapia depende de la gravedad y del compromiso articular. Casos leves a moderados se manejan con emolientes, corticoides tópicos, derivados de vitamina D (calcipotriol) y análogos de alquitrán. La fototerapia (rayos UVB o PUVA) beneficia pacientes con placas extensas. Formas moderadas a graves o artritis psoriásica pueden requerir tratamientos sistémicos: metotrexato, ciclosporina, acitretina o fármacos biológicos (anti-TNF, anti-IL-17, anti-IL-23). El cuidado integral (dieta, reducción de estrés) mejora la respuesta. |
| Complicaciones |
La forma pustulosa o eritrodérmica puede descompensarse con pérdida masiva de función cutánea y riesgo de infección sistémica. La artritis psoriásica, si no se trata, produce daño articular irreversible y discapacidad. Hay asociación con síndrome metabólico (obesidad, hipertensión, dislipidemia) y mayor riesgo cardiovascular. Además, los tratamientos sistémicos pueden causar hepatotoxicidad, nefrotoxicidad o supresión inmune si se abusan o no se controlan adecuadamente. |
| Prevención | La prevención de brotes involucra evitar desencadenantes conocidos (infecciones, estrés grave, traumatismos repetidos, tabaco). Mantener un peso saludable, la abstinencia de alcohol y el manejo del estrés benefician la evolución. La detección temprana de infecciones estreptocócicas y el tratamiento adecuado reducen la frecuencia de psoriasis guttata. Recomendaciones como la fotoprotección moderada y la hidratación cutánea ayudan a minimizar la severidad de las recaídas. Los chequeos regulares con el dermatólogo y la adhesión terapéutica son pilares para un control sostenido. |
| Conclusión | La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que se caracteriza por placas rojas, escamosas y, en ocasiones, pruriginosas. El manejo incluye tratamientos tópicos, fototerapia y, en casos severos, medicamentos sistémicos para controlar la inflamación y mejorar la apariencia cutánea. Un enfoque integral y personalizado, junto con un seguimiento regular, es esencial para manejar los brotes y mantener una buena calidad de vida. Referencia: UpToDate. (2023). Psoriasis Management. Recuperado de https://www.uptodate.com/ Fuente 1: National Psoriasis Foundation. (2021). Clinical Guidelines for Psoriasis. Recuperado de https://www.psoriasis.org/ |
