Incluye lesiones por calor extremo (llama, líquidos hirvientes, metal fundido), electrocución leve y sustancias químicas (ácidos, álcalis) que dañan la piel y los tejidos subyacentes de la mano y la muñeca. Dada la alta densidad de estructuras funcionales (tendones, nervios, vasos), incluso una quemadura moderada puede generar disfunciones graves, cicatrices retráctiles y pérdida de destreza. El tratamiento oportuno busca preservar la movilidad y la sensibilidad de la mano, fundamentales para la vida cotidiana. Los accidentes domésticos, industriales o laborales suelen ser el origen de estas quemaduras.
| Tipos |
1. Quemaduras con líquidos calientes (aceite, agua hirviendo) en palmas y dedos. 2. Contacto con superficies caldeadas (plancha, horno) o metales incandescentes. 3. Corrosiones químicas por ácidos o bases en guantes defectuosos o derrames. 4. Lesiones eléctricas localizadas en dedos o muñeca al manipular cables dañados. |
| Síntomas |
La principal causa doméstica es manipular recipientes con agua o aceite hirviendo, o planchas y sartenes sin protección. En la industria, el contacto con sustancias caústicas o con equipos a alta temperatura también es frecuente. Conexiones eléctricas improvisadas, maquinaria sin aislamientos y falta de guantes resistentes completan el cuadro causal. La curiosidad infantil con enchufes y solventes concentra el riesgo en menores. |
| Causas |
El dolor suele ser muy intenso por la densidad de terminaciones nerviosas en la mano. En quemaduras de primer grado, la piel está enrojecida y caliente; en segundo grado aparecen ampollas y supuración; en tercer grado se observa necrosis y falta de sensibilidad. En la muñeca pueden existir anillos de costras que complican posteriormente la flexión. Además, la hinchazón marcada dificulta los movimientos y el agarre, agravado si hay daño tendinoso o nervioso. |
| Diagnóstico |
La inspección determina la profundidad (1°, 2° o 3° grado) y la extensión (porcentaje de la superficie de la mano y muñeca). Se evalúa la motricidad (flexión, extensión digital) y la sensibilidad en dedos para descartar compromiso de estructuras profundas. Cuando la causa es química, se identifica la sustancia implicada. Las radiografías se reservan para descartar fracturas si hubo impacto. Un hemograma básico puede apoyar la detección de infección en la fase aguda. |
| Tratamiento |
Lo esencial es enfriar la zona con agua tibia (no helada) durante varios minutos, eliminar la sustancia química (lavado prolongado) o retirar ropa contaminada. Se aplican apósitos estériles no adherentes y se administra analgesia. En quemaduras de segundo grado con ampollas extensas, puede ser preciso retirarlas bajo condiciones estériles. En tercer grado, se evalúa la necesidad de desbridamiento quirúrgico o injertos de piel. La rehabilitación temprana previene retracciones y mantiene la función de la muñeca y dedos. |
| Complicaciones |
Las infecciones locales son habituales en la mano por su exposición constante a contactos diarios. Las cicatrices retráctiles limitan la flexión de los dedos y la fuerza prensil. En quemaduras profundas, puede producirse daño tendinoso o nervioso que requiera cirugías reconstructivas adicionales. El dolor crónico o la hipersensibilidad alteran la vida cotidiana. Si la circulación queda comprometida por escaras circulares, puede sobrevenir isquemia en los dedos necesitando escarotomía. |
| Prevención | En cocina, utilizar guantes y manoplas al manipular recipientes calientes; verificar fuegos y no dejar sartenes o planchas desatendidas. En entornos industriales, los guantes adecuados y la revisión de tuberías y válvulas minimizan contactos con químicos. Mantener cables y enchufes en buen estado reduce quemaduras eléctricas. En el hogar, educar a los niños para no tocar ollas ni enchufes, instalar protectores y supervisarlos de cerca. |
| Conclusión | La quemadura y corrosión de la muñeca y de la mano suelen tener un gran impacto funcional, dada la complejidad anatómica y la necesidad de la destreza manual. La limpieza y enfriamiento rápido, el uso de vendajes apropiados y el control del dolor facilitan la cicatrización. En lesiones profundas, la cirugía plástica y la terapia ocupacional resultan fundamentales para restaurar la movilidad y evitar deformidades. La prevención radica en una manipulación segura de fuentes de calor y químicos, con la vigilancia y el equipo protector adecuados. Fuente: OMS |
