Se trata de la clasificación de las quemaduras basadas en el porcentaje de superficie corporal afectada (SCA), que determina la gravedad y la estrategia terapéutica. Empleando escalas como la ‘regla de los nueve’ o el diagrama de Lund y Browder en pediatría, se estima cuánta piel se encuentra dañada. Por ejemplo, quemaduras menores (<10% SCA), moderadas (10-20%) o graves (>20%). Este método orienta la necesidad de fluidoterapia, manejo en unidades de quemados y posibles intervenciones quirúrgicas. La profundidad (grado) y localización también influyen, pero el porcentaje de cuerpo quemado es un indicador clave de la respuesta sistémica y el riesgo de complicaciones.
| Tipos |
1. <10% de SCA: Lesiones leves, manejo ambulatorio en la mayoría de casos. 2. 10-20% de SCA: Grado moderado, potencial admisión hospitalaria. 3. 20-40% de SCA: Importante afectación, probable ingreso en unidad de quemados. 4. >40% de SCA: Lesión severa con alto riesgo de shock hipovolémico y secuelas. |
| Síntomas |
Provenientes de incendios, derrames de líquidos calientes, explosiones o exposiciones químicas. Las quemaduras extensas suelen ocurrir en entornos industriales con siniestros mayores o en viviendas que sufren incendios sin extinción oportuna. También se observan en accidentes de tráfico con fuego en el vehículo. El contacto prolongado con llamas o superficies ardientes incrementa el área dañada. |
| Causas |
Dolor, edema y ampollas que varían según la profundidad. A mayor extensión, mayor posibilidad de deshidratación y shock hipovolémico, acompañado de palidez, taquicardia y hipotensión. El paciente con grandes áreas quemadas puede presentar escalofríos, confusión y debilidad. Asimismo, las zonas faciales, manos, pies o genitales quemadas, aunque representen poco porcentaje, se clasifican como severas por su relevancia funcional. |
| Diagnóstico |
Tras un examen rápido (ABCD de trauma), se determina el porcentaje de SCA lesionada utilizando la regla de los nueve en adultos (9% cabeza, 9% cada brazo, 18% tronco anterior, etc.). En niños, se recurre a Lund y Browder, que ajusta según la edad. Se complementa con la evaluación de la profundidad (grado) y la localización anatómica. En quemaduras severas, se realizan análisis de sangre (electrolitos, hemograma) y monitorización hemodinámica. |
| Tratamiento |
Depende en gran parte del %SCA. En <10%, la atención ambulatoria con higiene, apósitos estériles y control del dolor basta en muchos casos. Para >10%, se valora fluidoterapia intravenosa (fórmula de Parkland) y cuidado en unidades especializadas. El desbridamiento de flictenas y la aplicación de cremas antimicrobianas (sulfadiazina argéntica) previenen infecciones. En grandes superficies o quemaduras de espesor total, se procede a injertos cutáneos. El soporte nutricional y la fisioterapia son esenciales en la recuperación. |
| Complicaciones |
La sepsis y el shock hipovolémico aumentan con la extensión. Los trastornos hidroelectrolíticos y la insuficiencia multiorgánica amenazan la vida si el área quemada excede el 40% en adultos o 30% en niños. La cicatrización generalizada, cicatrices retráctiles y la inmovilización prolongada generan contracturas, impidiendo un rango de movimiento normal. El estrés psicológico o el síndrome postraumático también aparecen en lesiones masivas. |
| Prevención | Instalar detectores de humo y extintores en hogares e industrias. Capacitar en evacuación y uso de extintores reduce la propagación del fuego. Mantener líquidos calientes lejos de niños y usar ropa protectora al cocinar. La seguridad industrial exige cumplir protocolos contra incendios y el uso de equipos de protección personal (EPP) con probada resistencia al calor o a químicos. La concienciación ciudadana sobre el peligro de manipular gasolina u otros combustibles sin normas básicas evita derrames con grandes llamas. |
| Conclusión | La clasificación de quemaduras según la extensión de la superficie corporal afectada es crucial para definir la estrategia de reanimación, la necesidad de derivación a unidades especializadas y las probabilidades de complicaciones graves. A mayor área comprometida, mayor riesgo de shock, infección y secuelas funcionales. El tratamiento involucra cuidados locales de la herida, estabilización hidroelectrolítica, cirugía reconstructiva cuando sea menester y rehabilitación prolongada. La prevención pasa por la responsabilidad en el manejo de fuentes de calor y líquidos inflamables. Fuente: OMS |
