La ruptura prematura de las membranas (RPM) consiste en la rotura espontánea del saco amniótico antes del inicio del trabajo de parto, pudiendo ocurrir en cualquier momento de la gestación, aunque con mayor repercusión clínica cuando tiene lugar antes de la semana 37 (conocida entonces como ruptura prematura de membranas pretérmino). El líquido amniótico desempeña un papel vital en la protección del feto frente a infecciones y traumatismos, por lo que su pérdida anticipada expone al bebé a riesgos como infecciones ascendentes o compresión del cordón umbilical. Para la madre, también aumenta el peligro de corioamnionitis y otras complicaciones. El diagnóstico temprano y la intervención adecuada pueden mejorar los resultados perinatales.
| Tipos |
Existen dos categorías principales: la ruptura prematura de membranas a término (después de la semana 37) y la ruptura prematura de membranas pretérmino (antes de la semana 37). Dentro de estas, también se considera la diferencia entre una ruptura evidente, en la que el líquido amniótico fluye de manera notable, y una ruptura alta o subclínica, en la que la salida de líquido puede ser escasa y pasar desapercibida, dificultando el diagnóstico. Además, la RPM puede presentarse de forma espontánea o estar asociada a intervenciones médicas, traumatismos o infecciones que debilitan las membranas. |
| Síntomas |
Las causas de la RPM pueden involucrar procesos infecciosos como la vaginosis bacteriana, que debilitan las membranas amnióticas, así como factores mecánicos, traumatismos o polihidramnios (exceso de líquido amniótico) que incrementan la presión sobre el saco amniótico. El tabaquismo, la malnutrición y la presencia de cuello uterino corto también se asocian a un mayor riesgo de RPM. Asimismo, antecedentes de partos prematuros o cirugías uterinas pueden predisponer a una ruptura temprana. La fisiología exacta involucra cambios estructurales y bioquímicos en el colágeno y en las proteínas de la matriz extracelular que conforman las membranas. |
| Causas |
El síntoma más característico es la salida de líquido a través de la vagina, que puede ser un chorro repentino o un goteo constante. Algunas mujeres experimentan una sensación de humedad persistente en la ropa interior, sin dolor o contracciones evidentes en un inicio. En ocasiones, puede acompañarse de un olor distinto del flujo vaginal habitual. No siempre se presentan contracciones inmediatamente tras la ruptura, lo que obliga a un control riguroso para determinar si el parto se desencadena de forma espontánea o se precisa de inducción. Ante cualquier sospecha, es importante acudir al especialista para confirmar el diagnóstico. |
| Diagnóstico |
El diagnóstico de la ruptura prematura de las membranas se basa en la observación clínica de la salida de líquido amniótico y en pruebas específicas como el test de nitrazina, que mide el pH del fluido vaginal, o el test de fern (cristalización en helecho) al observar la muestra al microscopio. La ecografía puede aportar información sobre la cantidad de líquido amniótico restante y la situación fetal, mientras que se pueden tomar cultivos vaginales para descartar infecciones. En casos de duda, se recurre a pruebas más avanzadas que analizan proteínas propias del líquido amniótico. La confirmación de la RPM determina el manejo posterior y la necesidad de hospitalización o seguimiento ambulatorio. |
| Tratamiento |
La conducta a seguir depende de la edad gestacional y el estado clínico de la madre y el feto. Si la RPM ocurre a término, el parto suele inducirse o se deja evolucionar de manera espontánea, siempre vigilando la aparición de infecciones. Cuando sucede de forma pretérmino, el objetivo principal es prolongar la gestación tanto como sea seguro, administrando corticoides para acelerar la maduración pulmonar del feto y antibióticos profilácticos para reducir el riesgo de corioamnionitis. El ingreso hospitalario es habitual en estos casos, con monitorización constante de la frecuencia cardíaca fetal, la temperatura materna y el recuento de glóbulos blancos. En situaciones de infección o deterioro del bienestar fetal, se valora la finalización del embarazo. |
| Complicaciones |
La RPM conlleva riesgos como la corioamnionitis, que es la infección de las membranas y el líquido amniótico, y puede derivar en sepsis materna y neonatal. Además, el feto puede sufrir compresión del cordón umbilical y restricción de movimientos, afectando su desarrollo, especialmente si la rotura ocurre en etapas tempranas de la gestación. La prematuridad es otra complicación frecuente, con los problemas que conlleva para la madurez pulmonar y otros órganos. A largo plazo, puede incrementar la probabilidad de complicaciones respiratorias y neurológicas en el recién nacido. |
| Prevención | La prevención de la RPM pasa por el control y el tratamiento precoz de infecciones genitales, la adopción de hábitos de vida saludables y el seguimiento obstétrico riguroso, especialmente en mujeres con antecedentes de partos prematuros o cirugía uterina. Mantener una hidratación adecuada, evitar actividades de alto impacto y consultar de inmediato ante la presencia de síntomas inusuales, como contracciones tempranas o flujo vaginal sospechoso, puede contribuir a reducir el riesgo. Asimismo, la detección y el manejo de condiciones como el cuello uterino corto son fundamentales para prevenir la RPM pretérmino. |
| Conclusión | La ruptura prematura de las membranas (RPM) ocurre cuando las membranas amnióticas se rompen antes del inicio del trabajo de parto, exponiendo al feto a infecciones y riesgo de parto prematuro. El diagnóstico se basa en la observación de líquido amniótico a nivel vaginal y pruebas específicas como el test de nitrazina o la cristalografía. El manejo incluye antibióticos profilácticos, corticoides para maduración pulmonar y, en casos seleccionados, inducción del parto. Fuente: Mercer BM (2003). "Preterm premature rupture of the membranes" en Obstetrics & Gynecology. Goldenberg RL, et al. (2008). "Intra-amniotic infection and preterm labor" en American Journal of Obstetrics & Gynecology. |
