Sindemia

Una sindemia es la interacción sinérgica entre dos o más enfermedades o condiciones de salud en una población, amplificada por determinantes sociales y contextos estructurales que agravan la vulnerabilidad, empeoran los desenlaces y dificultan la respuesta sanitaria. A diferencia de una simple comorbilidad, la sindemia subraya que las patologías co-ocurren, se potencian biológica y socialmente, y están moldeadas por factores como pobreza, hacinamiento, violencia, racismo estructural, inseguridad alimentaria y acceso desigual a servicios. El abordaje exige integrar clínica, salud pública y políticas sociales.

Tipos

Las sindemias se describen según los conjuntos de condiciones que coexisten y se refuerzan: (1) Infecciosas y crónicas, como VIH/TB con desnutrición o diabetes; (2) Crónicas-metabólicas y mentales, por ejemplo, obesidad, diabetes tipo 2 y depresión en entornos urbanos; (3) Riesgos ambientales, como contaminación del aire con EPOC y enfermedad cardiovascular; (4) Complejas en emergencias, como COVID-19 con enfermedades no transmisibles y determinantes sociales adversos. Cada tipo requiere marcos de intervención intersectoriales.

Síntomas

Los síntomas dependen de las entidades que interactúan, pero en una sindemia suelen observarse cuadros más graves, persistentes o de difícil control que los esperados por cada condición aislada. Por ejemplo, pacientes con enfermedad pulmonar crónica y exposición a contaminación pueden presentar exacerbaciones frecuentes, hospitalizaciones repetidas y deterioro funcional acelerado, mientras que la coexistencia con depresión aumenta la falta de adherencia, el dolor percibido y la discapacidad social, perpetuando el ciclo.

Causas

No existe una única causa biológica; el concepto enfatiza la convergencia de determinantes sociales de la salud (pobreza, desigualdad de ingresos, vivienda inadecuada, violencia, discriminación), entornos ambientales nocivos (contaminación, inseguridad alimentaria), y sistemas de salud fragmentados. Estas condiciones crean nichos de riesgo donde múltiples enfermedades se instalan y se potencian mediante estrés crónico, inflamación sistémica, conductas de riesgo, barreras de acceso y menor continuidad de cuidados.

Diagnóstico

El “diagnóstico” de una sindemia es principalmente poblacional y contextual. Implica identificar co-ocurrencia no aleatoria de enfermedades, evidencias de interacción biológica o conductual que agravan desenlaces, y determinantes sociales subyacentes. A nivel clínico, se recomienda tamizaje sistemático de comorbilidades, salud mental y factores sociales (ingresos, vivienda, apoyo social), además de usar datos locales (GIS, registros sanitarios) para mapear conglomerados y priorizar intervenciones basadas en riesgo.

Tratamiento

El manejo requiere estrategias integradas: atención primaria resolutiva con enfoque de multimorbilidad, equipos interdisciplinarios (medicina familiar, salud mental, trabajo social, nutrición), y abordajes comunitarios. Intervenciones combinadas (p. ej., control metabólico + tratamiento de depresión + apoyo social y transporte sanitario) superan los resultados de intervenciones aisladas. A nivel sistémico, la coordinación con programas de vivienda, empleo y educación permite romper los bucles que sostienen la sindemia.

Complicaciones

Cuando no se aborda de forma integral, las sindemias llevan a mayor mortalidad, uso intensivo de urgencias, reingresos, polifarmacia y efectos adversos, quiebre de adherencia y empobrecimiento por gastos de bolsillo. También incrementan el estigma y la exclusión social, reducen la productividad y agotan la capacidad de los servicios sanitarios, especialmente en territorios con recursos limitados o alta segregación urbana.

Prevención

La prevención efectiva es intersectorial: políticas de reducción de pobreza, mejora de vivienda y entorno urbano, acceso a alimentos saludables, control de contaminación y fortalecimiento de la educación. En salud, tamizaje de riesgo social en APS, vacunación, control de crónicos con enfoque de riesgo, salud mental integrada y promoción de actividad física. El enfoque territorial y la participación comunitaria aseguran pertinencia cultural y sostenibilidad de las acciones.

Conclusión La sindemia recuerda que las enfermedades no ocurren en el vacío: interactúan entre sí y con el tejido social. Por ello, la respuesta más efectiva combina clínica basada en evidencia con políticas públicas y acción comunitaria. La planificación en redes integradas, la vigilancia de datos locales y la inversión social orientada a determinantes estructurales son claves para disminuir la carga y mejorar la equidad en salud.

Fuentes: Singer M. Syndemics and Public Health. | Horton R. Offline: COVID-19 is not a pandemic—The Lancet. | Kendall E et al. Social determinants and multimorbidity—Int J Equity Health.
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