Tenorrafia, Neurorrafia

La tenorrafia es la reparación quirúrgica de un tendón seccionado o roto, cuyo objetivo es restaurar la continuidad y la transmisión de fuerza músculo-tendón para recuperar el movimiento activo. La neurorrafia, en tanto, corresponde a la coaptación directa o con injerto de un nervio periférico lesionado, buscando reestablecer la conducción axonal sensitiva y/o motora. Ambas técnicas son pilares en la cirugía de mano, miembro superior e inferior tras traumatismos cortantes, con tiempos de isquemia, manejo de bordes y protocolo de rehabilitación que condicionan el pronóstico funcional. La coordinación entre microcirugía, inmovilización inicial y movilización controlada determina el resultado a mediano y largo plazo.

Tipos

En tenorrafia se emplean suturas núcleo-periféricas: técnicas de Kessler, Adelaide o cruciformes de 4–6 hebras, asociadas a suturas epitendíneas para sellado y deslizamiento. Puede realizarse abierta o mini-invasiva según zona (flexores zona II, extensores). La neurorrafia puede ser término-terminal bajo tensión mínima, término-lateral en casos seleccionados, o con interposición de injerto autólogo (sural) o conductos (tubos de colágeno) cuando el gap no permite coaptación directa sin tensión. El abordaje depende de la localización, longitud de la pérdida de sustancia y disponibilidad de tejidos.

Síntomas

Antes de la reparación, las lesiones tendinosas producen pérdida de flexión o extensión activa, caída segmentaria, dolor y debilidad. En lesiones nerviosas, se observan anestesia o hipoestesia en territorios distales, parestesias y déficit motor con atrofia progresiva. Tras la intervención, es habitual dolor controlable, edema y rigidez inicial; la recuperación funcional se expresa como ganancia gradual de arcos de movilidad y reaparición de sensibilidad protectora, con variabilidad según zona, edad y adherencia a rehabilitación. La recuperación neurológica ocurre a velocidad axonal aproximada de 1–3 mm/día.

Causas

Las indicaciones derivan de traumatismos agudos por vidrios, cuchillos o maquinaria, laceraciones por accidentes laborales y avulsiones deportivas. En nervios, además de heridas cortantes, pueden existir neuromas dolorosos o pérdidas segmentarias por aplastamiento. La decisión quirúrgica considera el nivel de la lesión (ej. flexores zona II), la brecha, contaminación, tiempo desde el trauma y comorbilidades que condicionen cicatrización (diabetes, tabaquismo). Un diagnóstico y derivación tempranos mejoran el pronóstico funcional posterior.

Diagnóstico

El diagnóstico es clínico y complementado con pruebas dirigidas: en tendones se evalúan maniobras de fuerza contra resistencia y pruebas específicas por dedo y compartimento. En nervios, el examen neurológico focal identifica déficits motores y sensitivos, apoyándose en monofilamentos de Semmes-Weinstein y mapas dermatoméricos. La ecografía y la RM pueden delimitar retracción tendinosa; la electrodiagnosis (EMG/ENG) caracteriza el grado de axonotmesis, neurotmesis o neuropraxia y orienta el pronóstico. La planificación quirúrgica considera cobertura de partes blandas y necesidad de injertos.

Tratamiento

En tenorrafia, la meta es una reparación fuerte de múltiples hebras que permita movilización temprana controlada sin gap (>2 mm) ni tensión. Se utilizan suturas no absorbibles (p. ej., 3-0/4-0 para núcleo y 6-0 para epitendínea), irrigación, desbridamiento conservador y preservación de poleas en flexores. En neurorrafia, la coaptación debe ser a tensión cero, con alineación fascicular y microscopio; cuando existe brecha se prefiere injerto de sural o tubo guía. Se protocoliza rehabilitación con férulas dinámicas, movilización pasiva/activa temprana y reeducación sensitiva escalonada, ajustando progresiones según dolor y signos de adhesión o rigidez.

Complicaciones

Tenorrafia: riesgo de rotura de la sutura, adherencias con limitación del deslizamiento, rigidez articular y tenosinovitis. Neurorrafia: neuroma doloroso, disestesias, alodinia, fracaso de re-inervación o sinquinesias. En ambos casos: infección, sangrado, dehiscencia, trombosis venosa y complicaciones anestésicas. Factores de riesgo: retraso en la reparación, tabaco, mala adherencia al protocolo de rehabilitación, brechas extensas y coaptaciones bajo tensión. El seguimiento estrecho permite detectar fallos precoces.

Prevención

La prevención de fallos incluye técnica microquirúrgica meticulosa, elección de patrón de sutura con adecuada resistencia, cobertura de partes blandas sin tensión, y coordinación con terapia de mano para iniciar movilización controlada temprana. Optimizar comorbilidades, educar en cuidados de férula, vigilancia de signos de infección y control del dolor. En nervios, evitar tensión con injertos apropiados y planificar seguimiento electrofisiológico para detectar re-inervación oportuna y reeducación sensitiva estructurada.

Conclusión La tenorrafia y la neurorrafia son intervenciones complementarias que buscan restituir función mediante reparaciones fuertes y biológicamente favorables, seguidas de rehabilitación estructurada. El pronóstico mejora con reparación temprana, coaptación sin tensión y programas de movilización supervisada.

Fuentes: Tang JB. Tendon repair update. J Hand Surg Am. 2018;43(5):472-486. | Dvali L, Mackinnon S. Nerve repair and grafting. J Hand Surg Am. 2003;28(3):273-286. | Ruijs et al. Recovery of sensibility after digital nerve repair. Plast Reconstr Surg. 2005;116(2):482-494.
Scroll al inicio