El tétanos es una enfermedad infecciosa aguda y potencialmente mortal causada por la toxina tetanospasmina producida por la bacteria anaerobia Clostridium tetani. Se caracteriza por rigidez generalizada y espasmos dolorosos de los músculos esqueléticos, que suelen comenzar en los músculos de la mandíbula (trismo o “lockjaw”) y luego hacerse generalizados. Requiere manejo en ambiente hospitalario, frecuentemente en unidades de cuidados intensivos, debido al riesgo de compromiso respiratorio y disfunción autonómica.
| Tipos |
Clínicamente se describen varias formas: el tétanos generalizado, que es el más frecuente y se manifiesta con trismo, risa sardónica, opistótonos y espasmos desencadenados por estímulos mínimos; el tétanos localizado, con contracciones sostenidas en el grupo muscular cercano a la puerta de entrada; el tétanos cefálico, asociado a lesiones craneales u otitis con compromiso de pares craneales; y el tétanos neonatal, que afecta a recién nacidos por contaminación del muñón umbilical, con alta letalidad en contextos de baja cobertura vacunal. |
| Síntomas |
Los síntomas iniciales suelen ser trismo, dificultad para abrir la boca, rigidez cervical, dolor de espalda y sensación de tensión muscular. Progresivamente se desarrollan risa sardónica, rigidez generalizada, espasmos musculares dolorosos desencadenados por ruido, luz o tacto, disfagia y rigidez abdominal. En casos graves se produce laringoespasmo, apnea, fracturas por espasmos, arritmias y inestabilidad autonómica con hipertensión, taquicardia o sudoración profusa. La fiebre puede ser moderada o ausente. |
| Causas |
La infección se produce cuando esporas de C. tetani presentes en el suelo, polvo o heces animales ingresan al organismo a través de heridas punzantes, laceraciones contaminadas, quemaduras, necrosis tisular o procedimientos no estériles. En condiciones anaeróbicas, las esporas germinan y las bacterias producen tetanospasmina, neurotoxina que se une a terminaciones nerviosas periféricas y asciende hacia el sistema nervioso central, bloqueando la liberación de neurotransmisores inhibitorios y generando hipertonía y espasmos. No existe transmisión de persona a persona; por ello se considera una enfermedad infecciosa pero no contagiosa. |
| Diagnóstico |
El diagnóstico es fundamentalmente clínico, basado en la aparición de trismo y espasmos musculares característicos en una persona con antecedente de herida o procedimiento contaminado y vacunación incompleta o desconocida. No se requiere aislamiento del microorganismo para confirmar el diagnóstico, y los exámenes de laboratorio suelen ser inespecíficos. Se realizan estudios complementarios para descartar otras causas de rigidez o convulsiones (por ejemplo, meningitis, encefalitis, hipocalcemia, intoxicaciones). La historia de vacunación y las circunstancias del trauma orientan la sospecha. |
| Tratamiento |
El tratamiento incluye tres pilares: neutralización de la toxina libre mediante inmunoglobulina antitetánica (TIG) o sueros equivalentes; control de la fuente con desbridamiento quirúrgico de la herida y antibióticos (metronidazol o penicilina); y soporte intensivo para controlar espasmos y disfunción autonómica. Se utilizan benzodiacepinas, relajantes musculares e incluso bloqueo neuromuscular con ventilación mecánica en casos graves. Es esencial iniciar o completar el esquema de vacunación antitetánica, ya que la enfermedad no confiere inmunidad duradera. Se monitoriza estrechamente la vía aérea, el estado hemodinámico y el dolor. |
| Complicaciones |
Las complicaciones frecuentes incluyen insuficiencia respiratoria por laringoespasmo o debilidad muscular, neumonía aspirativa, fracturas vertebrales o costales por espasmos, rabdomiólisis, tromboembolismo y trastornos del sistema nervioso autónomo (crisis hipertensivas, arritmias, paro cardiaco). El tétanos neonatal y el generalizado grave se asocian a alta mortalidad, especialmente donde el acceso a cuidados intensivos es limitado. |
| Prevención | La prevención se basa en la vacunación sistemática con toxoide tetánico (esquemas infantiles y refuerzos cada 10 años en adultos), el manejo adecuado de heridas (limpieza, desbridamiento, evaluación del riesgo) y la profilaxis posexposición con vacuna y, cuando corresponde, inmunoglobulina antitetánica. En el ámbito obstétrico, la atención del parto con normas de asepsia y el cuidado correcto del cordón umbilical son fundamentales para prevenir el tétanos neonatal. La educación sobre la importancia de los refuerzos vacunales en población adulta reduce la incidencia de la enfermedad. |
| Conclusión | El tétanos es una enfermedad infecciosa grave pero prevenible casi por completo mediante vacunación y manejo adecuado de las heridas. Aunque no se transmite de persona a persona, sigue siendo un problema en zonas con baja cobertura de inmunización y prácticas sanitarias deficientes. El reconocimiento precoz de los síntomas, la administración rápida de inmunoglobulina y el soporte intensivo han mejorado el pronóstico, pero la letalidad continúa siendo significativa en formas graves y en países con recursos limitados. Fuente: CDC, OMS y textos de enfermedades infecciosas. |
