El trabajo de parto no es una enfermedad, sino un proceso fisiológico o estado por el cual atraviesa la mujer para dar a luz. Sin embargo, en ocasiones puede verse complicado por una hemorragia intraparto, que representa una pérdida de sangre significativa durante las contracciones o en el momento del parto, sin encajar en otras clasificaciones específicas como la placenta previa o el abruptio placentae. Esta complicación puede derivar de desgarros en el canal del parto, laceraciones cervicales, atonía uterina o factores asociados a la coagulación sanguínea de la madre. Cuando la hemorragia intraparto no se identifica o trata con rapidez, el riesgo de shock hipovolémico y la morbimortalidad materna aumentan de manera notable. El reconocimiento temprano de los signos, junto con la monitorización continua del estado hemodinámico, es esencial para asegurar una intervención oportuna y efectiva. Asimismo, es fundamental considerar que el bienestar del feto puede verse comprometido si la madre experimenta una pérdida de sangre excesiva que afecte la perfusión uteroplacentaria. Este cuadro clínico subraya la importancia de la asistencia profesional durante el trabajo de parto y el parto, para detectar y resolver cualquier complicación hemorrágica que se presente.
| Tipos |
Los tipos de complicaciones hemorrágicas en el trabajo de parto pueden abarcar desgarros vaginales y cervicales, rotura uterina, atonía uterina, e incluso coagulopatías maternas que se manifiestan de forma aguda durante el proceso de dilatación o el expulsivo. El sangrado puede ser evidente, si se observa sangre fresca o coágulos, o estar parcialmente oculto, como en los casos de hematomas en los tejidos pélvicos. Cada una de estas variantes exige un abordaje específico, que puede incluir suturas, agentes uterotónicos o intervenciones quirúrgicas más invasivas, dependiendo de la gravedad y de la respuesta al tratamiento inicial. |
| Síntomas |
Las causas de la hemorragia intraparto no clasificada en otra parte incluyen lesiones en los tejidos blandos del canal del parto, como desgarros vaginales profundos o laceraciones cervicales, que pueden suceder cuando el parto es muy rápido o el feto es de gran tamaño. También se encuentra la atonía uterina, en la cual el útero no se contrae adecuadamente para comprimir los vasos sanguíneos tras el nacimiento del bebé. Asimismo, alteraciones de la coagulación materna, como la enfermedad de von Willebrand o trombocitopenias, incrementan la susceptibilidad al sangrado. La mala posición fetal, el uso de fórceps o ventosas, y las maniobras obstétricas complejas pueden también desencadenar hemorragias no asociadas a diagnósticos más definidos como la placenta previa. |
| Causas |
Los síntomas más evidentes son el sangrado vaginal, que puede variar desde un goteo hasta una hemorragia profusa, y la aparición de signos de hipovolemia en la madre, como palidez, mareo, taquicardia, hipotensión y sudoración fría. A medida que el sangrado se agrava, pueden surgir alteraciones en la conciencia, agitación o letargo, y disminución en la diuresis. El personal sanitario debe estar alerta a cualquier descenso brusco de la presión arterial, así como a cambios en la frecuencia cardíaca fetal, que podrían indicar una inadecuada perfusión placentaria. |
| Diagnóstico |
El diagnóstico se basa en la inspección y palpación cuidadosa durante el trabajo de parto y el parto, así como en la monitorización de los signos vitales de la madre. Se descartan primero las causas más frecuentes de hemorragia intraparto, como placenta previa o abruptio placentae, a través de la historia clínica y la ecografía. Una vez descartadas estas entidades, se procede a la exploración del canal de parto para identificar posibles laceraciones, desgarros o signos de atonía uterina. El conteo de hemoglobina y hematocrito, así como la evaluación de la coagulación, permiten determinar la magnitud del problema y orientar la terapia de reanimación. |
| Tratamiento |
El manejo de la hemorragia intraparto no clasificada en otra parte requiere medidas de soporte vital y control inmediato del foco de sangrado. El uso de uterotónicos como la oxitocina, el misoprostol o la ergometrina ayuda a promover la contracción uterina y reducir la pérdida sanguínea. Si la causa es un desgarro vaginal o cervical, la sutura oportuna de la lesión suele ser suficiente para detener el sangrado. En casos de atonía refractaria o hemorragias más severas, pueden emplearse taponamientos intrauterinos, técnicas de compresión uterina o, en último recurso, procedimientos quirúrgicos como la ligadura de arterias o la histerectomía de urgencia. El soporte transfusional y la reposición de fluidos intravenosos son cruciales para estabilizar a la paciente. |
| Complicaciones |
Si no se controla con rapidez, la hemorragia intraparto puede derivar en shock hipovolémico, coagulopatía de consumo, insuficiencia multiorgánica y, en el peor de los casos, la muerte materna. El feto también corre riesgos, ya que la pérdida de sangre materna puede comprometer el flujo uteroplacentario, causando sufrimiento fetal agudo o incluso la muerte in utero. A largo plazo, la madre podría enfrentar secuelas como anemia crónica, problemas de cicatrización y efectos psicológicos asociados al trauma del parto complicado. |
| Prevención | La prevención implica un adecuado control prenatal, donde se identifiquen factores de riesgo como embarazos múltiples, fetos macrosómicos o trastornos de coagulación. Un plan de parto bien estructurado, con personal capacitado y acceso a fármacos uterotónicos y equipamiento de reanimación, resulta esencial. Además, fomentar una comunicación efectiva entre la madre y el equipo de salud, así como la vigilancia estrecha de la evolución del trabajo de parto, ayuda a detectar tempranamente cualquier complicación que pueda desencadenar una hemorragia intraparto. |
| Conclusión | La hemorragia intraparto puede deberse a desprendimiento prematuro de placenta normoinserta, placenta previa o ruptura uterina. Se manifiesta con sangrado vaginal, dolor abdominal y alteraciones en la frecuencia cardíaca fetal. El manejo depende de la causa pero puede requerir cesárea de emergencia, transfusión masiva o histerectomía. La identificación temprana de factores de riesgo y monitorización estrecha durante el trabajo de parto son clave para la prevención. Fuente: Rath WH (2011). 'Postpartum hemorrhage' en Thrombosis Research. Silver RM (2015). 'Abnormal placentation' en Obstetrics & Gynecology. |
