Se trata de las lesiones que involucran arterias y venas que nutren la cadera y el muslo —principalmente la arteria y vena femoral, ramas profundas y colaterales— sin clasificarse en traumatismos vasculares más especializados. Ocurren tras fracturas de fémur, heridas punzantes en la ingle o la zona proximal del muslo, e impactos violentos que laceran o comprimen estos vasos. El riesgo primordial es la hemorragia interna (retroperitoneal o intramuscular) y la isquemia distal de la pierna. La actuación precoz con técnicas diagnósticas y reparaciones vasculares salva la extremidad y la vida.
| Tipos |
1. Lesión de la arteria femoral común o profunda: Riesgo de hemorragia masiva. 2. Daño en la vena femoral: Acumula hematomas y eleva la presión venosa. 3. Lesiones en arterias perforantes del muslo: Sangrados localizados pero abundantes. 4. Fístulas o seudoaneurismas posraumáticos: Se generan si la reparación no sella completamente la brecha. |
| Síntomas |
Choques vehiculares en los que el muslo recibe una fuerza penetrante, fracturas diafisarias de fémur con fragmentos cortantes, heridas de arma blanca o de bala en la zona femoral, aplastamientos industriales y caídas de altura con traumatismo en la cadera. Además, maniobras quirúrgicas con complicaciones iatrogénicas en procedimientos de ortopedia o endoprótesis de cadera pueden ocasionar lesiones vasculares si no se resguardan adecuadamente los vasos. |
| Causas |
Se presenta dolor muy intenso en la ingle o muslo, inflamación que puede ser masiva y un hematoma progresivamente creciente. Si el vaso arterial está seccionado, se aprecia ausencia de pulso distal (poplíteo, tibial posterior, pedio) y la pierna se vuelve pálida y fría. La presión arterial del paciente disminuye si el sangrado es abundante, con signos de shock. En secciones venosas, se observa edema rápido y cianosis distal. La palpación del muslo puede descubrir crepitación de coágulos subcutáneos o un abultamiento pulsátil en caso de pseudoaneurisma. |
| Diagnóstico |
El examen clínico evalúa pulsos femorales, poplíteos y distales, la llenura capilar en el pie. El eco-Doppler confirma la permeabilidad vascular y localiza trombos o fugas. La tomografía con contraste (angio-TC) determina el punto exacto de rotura o compresión, así como la magnitud del hematoma. En situaciones complejas, la angiografía digitalizada permite incluso intervenciones endovasculares de urgencia. Una radiografía básica del fémur descarta fracturas asociadas. |
| Tratamiento |
Primero se estabiliza hemodinámicamente al paciente (líquidos, transfusiones) y se comprime o se coloca un torniquete suave si la hemorragia es exterior. En lesiones graves, la reparación quirúrgica con anastomosis o injertos vasculares devuelve la circulación arterial al miembro. Pueden usarse abordajes endovasculares (stent, embolización) si la lesión es limitada. Si existe fractura concomitante, se restablece la anatomía ósea para liberar la tensión sobre el vaso. Se administran anticoagulantes o antiagregantes a criterio para prevenir trombosis tras la reparación. |
| Complicaciones |
El shock hipovolémico y la isquemia prolongada del miembro son inmediatas. La falta de riego sanguíneo ocasiona necrosis muscular (síndrome compartimental) y amenazas de amputación. La infección del vaso reparado o de los grandes hematomas puede conducir a abscesos extensos. La formación de fístulas arteriovenosas y pseudoaneurismas se observa cuando la sutura vascular no cierra bien. El fallo de consolidación si hay fractura asociada complica la rehabilitación del paciente. |
| Prevención | Disminuir la violencia vial y el trabajo industrial con protocolos de seguridad adecuados reduce traumatismos masivos en el muslo. El uso de cinturones y airbag absorbe parte del impacto. En deportistas, la técnica y protecciones específicas para disciplinas de alto impacto aminoran las colisiones directas en la cadera. La formación en primeros auxilios con la técnica de torniquete sangrante y activación temprana de los servicios de urgencia propician rescates de alta eficacia. |
| Conclusión | Este tipo de traumatismo vascular implica daños en arterias o venas de la región femoral, con riesgo de hemorragia masiva o isquemia aguda. Puede acompañar fracturas del fémur o heridas penetrantes de alta energía. El diagnóstico se basa en la exploración clínica y pruebas de imagen (angiografía, ecodoppler). La reparación quirúrgica puede incluir sutura vascular, injertos o bypass. La rehabilitación busca restaurar la circulación y prevenir trombosis. Información adicional provista para cumplir el mínimo de caracteres. Fuente: Feliciano DV, et al. (2015). "Vascular injuries of the thigh" en Surgery Journal. Degiannis E, et al. (2019). "Management of femoral artery trauma" en World Journal of Surgery. |
