La vía transorbitaria endoscópica es un abordaje mínimamente invasivo que utiliza incisiones cutáneas o transconjuntivales pequeñas en el párpado para acceder, mediante endoscopios angulados, a regiones de la órbita, el techo y pared medial orbitarias, el seno frontal, el techo etmoidal y segmentos anterolaterales de la base del cráneo. Permite resección de lesiones orbitarias y de base anterior/ántero-lateral, descompresión del nervio óptico y manejo de traumatismos, reduciendo retracción cerebral y morbilidad cosmética respecto de craniotomías convencionales. Requiere trabajo conjunto de neurocirugía y oftalmología/otorrinolaringología con soporte de neuronavegación.
| Tipos |
Se describen varios corredores según el punto de entrada: (1) Transpalpebral superior (incisión en pliegue del párpado superior) para techo orbitario, seno frontal y base anterior; (2) Transconjuntival inferior para pared inferior y reborde infraorbitario; (3) Lateral a través de blefaroplastia lateral para lesiones de pared lateral; (4) Medial endoscópica combinada con corredor endonasal para pared medial y ápice orbitario; (5) Abordajes combinados (transorbitaria + endonasal) para lesiones que cruzan compartimentos. La elección depende de localización, tamaño, relación con nervio óptico y vasos, y objetivo oncológico. |
| Síntomas |
Los síntomas que motivan el procedimiento dependen de la patología subyacente: proptosis progresiva, diplopía, dolor orbitario, disminución de agudeza visual, campos visuales alterados, cefalea frontal o fístulas de LCR tras trauma. Tras la cirugía, es esperable edema palpebral transitorio, ojo seco leve y sensación de cuerpo extraño. La mejoría clínica se traduce en reducción de proptosis, recuperación de visión cuando hay compresión reversible y control del dolor. La rehabilitación oculomotora se considera en casos con paresias residuales. |
| Causas |
Las indicaciones abarcan tumores orbitarios extraconales seleccionados (cavernomas, schwannomas), meningiomas del ala esfenoidal medial y del surco olfatorio con extensión orbitofrontal, mucoceles del seno frontal/etmoidal con compromiso orbitario, descompresión del nervio óptico en neuropatía compresiva, reparación de fístulas de LCR y reducción/osteosíntesis de fracturas del techo orbitario. La selección considera ejes de acceso seguros, ausencia de invasión difusa intra/retroconal compleja y factibilidad de márgenes oncológicos cuando aplique. |
| Diagnóstico |
La planificación requiere TC de alta resolución (cortes finos orbitarios y de base) para cartografía ósea, y RM con secuencias T1/T2 y realce para caracterizar partes blandas, relación con nervio óptico, músculos extraoculares y duramadre. La angio-TC/RM valora vasos orbitarios y ramas de la oftálmica. La neuronavegación con fusión TC/RM guía el corredor mínimamente invasivo. En lesiones tumorales se indica estudio histopatológico y, cuando corresponde, evaluación oftalmológica completa con campimetría y tomografía de fibras nerviosas. |
| Tratamiento |
La técnica general incluye marcaje en pliegue palpebral o conjuntiva, disección roma hasta el reborde orbitario y creación de corredor subperióstico hacia el objetivo. Se utilizan endoscopios 0°/30°/45°, microinstrumental y fresas de alta velocidad para osteotomías del techo o pared medial, protegiendo periorbita y duramadre. En tumores bien delimitados se realiza disección capsular y extracción en bloque o fragmentada. En descompresión óptica se fenestra canal óptico y lámina papirácea con cuidado del anillo tendinoso. Se controla hemostasia con agentes tópicos y se reconstruye el techo con malla reabsorbible o titanio si es necesario. Cierre por planos con suturas finas y pomada oftálmica. |
| Complicaciones |
Aunque infrecuentes, pueden presentarse diplopía por alteración o edema de músculos extraoculares, ptosis palpebral, hipoestesia fronto-supraorbitaria por lesión del nervio supraorbitario, fístula de LCR, neumoencéfalo, hematoma orbitario con riesgo de neuropatía óptica aguda, infección de herida y cicatriz visible. En descompresión óptica existe riesgo de déficit visual si hay lesión térmica/mecánica. El control posoperatorio temprano con vigilancia del dolor, visión y proptosis es esencial para detectar eventos que requieran reintervención. |
| Prevención | Las estrategias incluyen planificación con neuronavegación, identificación y preservación de ramos supraorbitarios/supratrocleares, disección subperióstica para proteger contenido orbitario, hemostasia meticulosa y reconstrucción adecuada del techo para evitar enoftalmos. Profilaxis antibiótica según protocolo, cuidado ocular con lubricación y protección corneal intraoperatoria, y manejo cuidadoso de presión arterial para minimizar sangrado. La selección de casos y el trabajo en equipos con curva de aprendizaje consolidada reducen complicaciones. |
| Conclusión | La vía transorbitaria endoscópica expande las posibilidades de tratamiento mínimamente invasivo de la órbita y la base anterior/ántero-lateral, con buenos resultados funcionales y cosméticos en series seleccionadas. Su éxito depende de una cuidadosa selección de casos, planificación de imágenes, dominio de la anatomía orbitofrontal y coordinación entre especialidades. En manos entrenadas, puede disminuir estancia hospitalaria y acelerar la recuperación, manteniendo seguridad oncológica y neurológica. Fuentes: Zanation PN et al. Endoscopic orbital and skull base surgery. | Moe KS, Bergeron CM. Endoscopic transorbital approaches. | Kassam A et al. Expanded endoscopic approaches to the skull base. |
