En 2024, una de cada ocho personas en el mundo eran obesas. Es así que desde 1990, la obesidad se ha duplicado con creces en los adultos de todo el mundo, y se ha cuatriplicado en los adolescentes.
En 2022, 2.500 millones de adultos (18 años o más) tenían sobrepeso. De ellos, 890 millones eran obesos.
La obesidad es una compleja enfermedad crónica definida por una acumulación excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. La obesidad puede provocar un aumento del riesgo de diabetes de tipo 2 y cardiopatías, puede afectar la salud ósea y la reproducción y aumenta el riesgo de que aparezcan determinados tipos de cáncer. La obesidad influye en aspectos de la calidad de vida como el sueño o la movilidad.
El sobrepeso y la obesidad son consecuencia de un desequilibrio entre la ingesta calórica (alimentación) y el gasto calórico (actividad física).
En la mayoría de los casos, la obesidad es una enfermedad multifactorial que se debe a un entorno obesogénico, factores psicosociales y variantes genéticas.
El sobrepeso en la infancia y la adolescencia afecta de forma inmediata a la salud de los niños y adolescentes, y está asociado a un mayor riesgo de contraer, de manera precoz, distintas ENT, como la diabetes de tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares. La obesidad en la infancia y la adolescencia tiene consecuencias psicosociales adversas; afecta el rendimiento escolar y a la calidad de vida, a lo que se añaden la estigmatización, la discriminación y la intimidación. Los niños con obesidad tienen muchas probabilidades de ser adultos obesos y además tienen mayor riesgo de sufrir ENT en la edad adulta*
En nuestro país llama la atención que ya en adultos jóvenes se registraron muertes por esta causa según tabla siguiente.

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