En todo el mundo, se calcula que unos 120 millones de mujeres menores de 20 años han sufrido diversas formas de relaciones sexuales no consentidas. Los datos de 24 países predominantemente de renta alta y media indican que la prevalencia oscila entre el 8% y el 31% entre las chicas y entre el 3% y el 17% entre los chicos menores de 18 años.
Los adultos que sufrieron 4 o más experiencias infantiles adversas, incluidos abusos físicos, sexuales y emocionales, tienen 7 veces más probabilidades de verse implicados en violencia interpersonal como víctimas o agresores y 30 veces más probabilidades de cometer un intento de suicidio.
En el marco mundial de múltiples problemáticas -las secuelas de la pandemia de COVID-19, los conflictos, el cambio climático y las catástrofes-, la falta de acción o de medidas para abordar las causas profundas, como el aumento de las desigualdades, la acentuación de la pobreza y la discriminación estructural por motivos interrelacionados, agravan aún más las situaciones que exponen a los niños a la explotación, el abuso y la violencia.
Las víctimas y supervivientes de estos delitos pueden sufrir efectos nocivos de larga duración en su salud física, mental y sexual, así como en su desarrollo. Estos traumas en los niños pueden incluso equivaler a tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes. Muchas víctimas y supervivientes nunca revelan los hechos ni recurren a la justicia, la rehabilitación o el apoyo debido a la vergüenza. Para muchas víctimas y supervivientes, el maltrato infantil que han sufrido afecta a su salud física y mental y a su bienestar, y a veces tiene consecuencias para toda la vida.
Fuente: ONU.
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