"Los alimentos ultraprocesados son los que más perjudican la microbiota intestinal, por lo que debe limitarse su consumo. Los alimentos procesados pueden formar parte de la dieta como complementos, por ejemplo, una porción de queso en el desayuno. Pero no deben constituir la base de nuestra alimentación", recomendó la Dra. Amanda Spiller, nutricionista y doctoranda en Fisiopatología y Medicina Clínica en la Universidade Estadual Paulista "Júlio de Mesquita Filho", y autora principal del artículo.
"Existe una gran estrategia de marketing que instala la idea de que, para que un alimento sea saludable, debe contener proteínas. Pero un mayor contenido de proteínas no implica necesariamente que sea saludable. Por ejemplo, muchas personas han comenzado a reemplazar la fruta por barras. Estas pueden utilizarse como suplemento, pero contienen numerosos aromatizantes como aditivos alimentarios", agregó. "Consumimos muchos productos sin saber qué son ni para qué sirven. Los tres primeros ingredientes de la lista son los que están presentes en mayor proporción. Si el primero es azúcar o grasa, conviene preguntarse si realmente se trata de un alimento saludable".
La dieta como principal regulador de la microbiota intestinal
Las dietas ricas en fibra y alimentos mínimamente procesados favorecen el efecto contrario. El consumo regular de frutas, verduras, cereales y semillas estimula el crecimiento de bacterias productoras de butirato, la principal fuente de energía de las células epiteliales intestinales, y aumenta la producción de inmunoglobulina A secretora, que participa en la defensa de la mucosa. Este patrón alimentario reduce especies proinflamatorias como Escherichia coli y Ruminococcus gnavus, promueve una mayor diversidad microbiana y mejora la integridad de la barrera intestinal, reduciendo la permeabilidad epitelial y las cantidades circulantes de citocinas inflamatorias como factor de necrosis tumoral alfa e interleucina 6.
"Aunque no es el único, la dieta es uno de los factores centrales para la prevención, por lo que es importante destacar el papel de una alimentación saludable en la reducción del riesgo de desarrollar enfermedades", agregó la Dra. Sassaki.
Sin embargo, no se puede ignorar el factor genético. "Aunque una persona no fume, practique actividad física y mantenga una alimentación 100 % saludable, si tiene un riesgo familiar importante, desarrollará una de estas enfermedades debido al componente genético. Pero, entre los factores que se pueden modificar a lo largo de la vida, la dieta es uno de los más importantes", afirmó la gastroenteróloga.
Orientar mejor para lograr cambios sostenibles
La mayor parte de los estudios que sustentan estas asociaciones se realizaron en animales y modelos in vitro. "Los resultados obtenidos en animales no se pueden extrapolar directamente a los seres humanos, y menos aún en el caso de la microbiota, que varía de una persona a otra", señaló la Dra. Márcia Terra, miembro de la junta directiva de la Sociedad Brasileña de Alimentación y Nutrición, en São Paulo, Brasil, quien no participó en el estudio.
La clasificación NOVA, un elemento central del estudio, tampoco está exenta de controversias. "La categoría 'alimento ultraprocesado' es demasiado amplia. Agrupa bajo una misma denominación al pan fortificado, las bebidas gaseosas y el yogur. Cuando se reúnen productos tan distintos, siempre puede aparecer alguna asociación estadística, pero eso no permite identificar ningún mecanismo. Es la dosis la que determina el efecto, no la categoría", cuestionó la Dra. Terra.
A su juicio, el concepto en sí mismo es discutible. "Existen alimentos industrializados y no industrializados; la comida es comida, ya sea preparada en casa, en un restaurante o en un comedor. Lo que previene enfermedades es el patrón alimentario sostenido en el tiempo, no el grado de industrialización."
La Dra. Spiller reconoce las limitaciones, pero defiende la utilidad clínica de la herramienta. "Cuando vamos a orientar a pacientes, debemos utilizar la evidencia disponible en la literatura. Entiendo que no debe colocarse todo en la misma categoría, pero realmente existe una diferencia entre un pan fortificado industrial, que contiene aditivos para prolongar su vida útil, y un pan elaborado en el hogar."
Según la nutricionista, el consumo se debe limitar, no prohibir. "¿Pueden estos alimentos estar presentes en la dieta? Sí. Pero no pueden ser la base de la alimentación", subraya.
"En Brasil, donde los alimentos industrializados forman parte de la estructura alimentaria por cuestiones de practicidad y costo, pedirle a una persona que los abandone por completo es un consejo que ignora la realidad. La respuesta es el equilibrio. Un consumo bajo no es perjudicial", concluye la Dra. Terra.
Este contenido se tradujo de la edición en portugués de Medscape.
![]()


