Según la Asociación Española de Pediatría (AEP) y otras Sociedades científicas, urgen medidas tanto de los gobiernos como del sistema educativo, para evitar potenciales efectos nocivos en la salud y el desarrollo de niños y adolescentes, siendo pertinente declararlo un problema de salud pública
En la actualidad no hay duda de que los medios digitales afectan a la salud a todos los niveles y a cualquier edad.
El impacto que reducen la calidad de vida: Sueño Un mayor tiempo de uso de las redes sociales y videojuegos se asocia con: permanecer un menor número de horas en la cama, acostarse más tarde y mayor latencia del inicio del sueño. Además, el uso de pantallas antes de acostarse produce: un aumento de la somnolencia diurna; una disminución de la somnolencia nocturna; una reducción de la secreción de melatonina; un retraso del reloj circadiano; y una disminución y retraso del sueño REM. Todo ello favorece el estado de ánimo depresivo, las alteraciones de la conducta, la disminución de la autoestima, y la alteración del desarrollo cerebral.
Alimentación y nutrición. Algunos estudios asocian el tiempo frente al televisor con una dieta menos saludable, favoreciendo el consumo de alimentos hipercalóricos y, por consiguiente, aumentando el riesgo de sobrepeso y obesidad.
Actividad física. Se ha demostrado que los niños y adolescentes que ya tienden al sedentarismo pasan más tiempo usando pantallas. La limitación de su uso favorece la práctica de actividad física. Se recomienda la realización de actividad física moderada o vigorosa durante un mínimo de 60 minutos diarios en niños y adolescentes.
Riesgo cardiovascular. La falta de ejercicio físico por dedicar demasiado tiempo a las pantallas aumenta el riesgo de desarrollar síndrome metabólico. Al contrario, se ha vinculado la reducción del tiempo de pantallas con una reducción de la presión arterial y un aumento del colesterol “bueno” (HDL).
Fatiga visual. El ojo seco, la picazón ocular, el lagrimeo, la sensación de tener un cuerpo extraño en el ojo o la visión borrosa son algunos de los síntomas causados por el exceso de pantallas, así como el dolor cérvico lumbar, la fatiga general y la cefalea. Además, en la infancia y adolescencia favorece especialmente la miopía progresiva y el estrabismo agudo.
Volumen cerebral. La evidencia científica apunta a una disminución del espesor de la corteza cerebral en varias regiones, debido al uso excesivo de pantallas y se confirman distintos impactos en el neurodesarrollo a diferentes edades.
La nueva evidencia científica afirma que existe una fuerte asociación entre el tiempo que los padres pasan frente a la pantalla y el de sus hijos, sobre todo durante las comidas y en el dormitorio. El uso de dispositivos por parte de los padres en los tiempos de crianza dificulta la interpretación de las necesidades de los hijos, generando malestar en los niños y adolescentes que lo expresan en rabietas o alteración de la conducta para llamar la atención.
Así, el uso de un teléfono para premiar o distraer a niños de 1 a 4 años provoca que los niños exijan los dispositivos para calmarse y se frustren si se les niega. El uso rutinario de dispositivos para distraer o calmar genera dificultad para el desarrollo de estrategias de autogestión; ocasiona dependencia de las pantallas para la regulación de las emociones y
determinará dificultades de autorregulación en etapas posteriores. Por ese motivo, se desaconseja el uso de pantallas antes de los seis años, considerándose que no existe un tiempo seguro. La adolescencia finaliza tanto la maduración del sistema límbico como la maduración de la corteza cerebral. Los medios digitales interfieren a esta edad de dos formas distintas: aumentando la activación de la región límbica, al estar expuestos a sistemas de gratificación inmediata, y disminuyendo la actividad frontal por efecto desplazamiento de los estímulos adecuados para la edad.
Además, la multitarea relacionada con las pantallas se asocia con peores resultados cognitivos, una disminución de la capacidad de filtrar las distracciones y un aumento de la impulsividad y disminución de la memoria de trabajo. De este modo, los adolescentes que pasan demasiado tiempo frente a una pantalla tienen más probabilidades de presentar dificultades cognitivas graves.
Toda la evidencia científica se concreta en recomendaciones por edad del uso de pantallas:
Cero pantallas hasta los 6 años y solo una hora al día entre los 6 y 12.
0 a 6 años: ● Cero pantallas, no existe un tiempo seguro. 7 a 12 años ● Menos de una hora (incluyendo el tiempo escolar y los deberes). ● Limitar el uso de los dispositivos con acceso a Internet. ● Priorizar los factores protectores: actividades deportivas, relaciones con iguales cara a cara, contacto con la naturaleza, sueño, alimentación saludable, etc. ● Si se decide que utilicen un dispositivo es recomendable: que sea bajo la supervisión de un adulto, con dispositivos fijos y no usarlo en el baño y dormitorio. ● Pactar límites claros previamente tanto en tiempo como en contenidos adaptados a la edad. 13 a 16 años ● Menos de dos horas (incluyendo el tiempo escolar y los deberes). ● Si se permite el acceso a dispositivos en este grupo de edad-sin ser la única medida que se tome- instalar herramientas de control parental. La función de la familia en la protección del impacto de las pantallas en sus hijos es importante, como igualmente el sistema educativo y su medio social. Fuente: AEP.
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