La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la depresión como un trastorno del estado de ánimo que se manifiesta a través de una tristeza profunda, pérdida de interés en actividades que antes eran placenteras y una serie de síntomas físicos y emocionales que interfieren con la vida diaria. Los síntomas pueden incluir:
· Pérdida de energía y fatiga.
· Alteraciones en el sueño y el apetito.
· Dificultades para concentrarse y tomar decisiones.
· Sentimientos de inutilidad o culpa. · Pensamientos suicidas en casos severos.
Algunas investigaciones indican que el riesgo genético para la depresión es el resultado de la influencia de varios genes que actúan junto con factores ambientales y otros factores de riesgo.
Algunos tipos de depresión tienden a presentarse en familias. Sin embargo, la depresión también puede ocurrir en personas sin antecedentes familiares de depresión. No todas las personas con enfermedades depresivas experimentan los mismos síntomas. La gravedad, frecuencia y duración de los síntomas varían dependiendo de la persona y su enfermedad en particular.
La depresión no es un signo de debilidad. Se puede tratar con terapia o intervención psicológica, con medicación antidepresiva o con una combinación de ambos métodos.
Las personas expuestas a violencia frecuentemente experimentan una variedad de reacciones que incluye: ansiedad, estrés, frustración, temor, irritabilidad, enojo, dificultad de concentrarse, pérdida del apetito y pesadillas.
Es importante destacar que la depresión no es simplemente una fluctuación normal del estado de ánimo, sino una condición médica que requiere atención y tratamiento adecuados. Fuente: OMS y OPS.
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