Neva Milicic, destacada psicóloga chilena y profesora emérita de la Pontificia Universidad Católica, ha dedicado su carrera a estudiar y comprender a los niños. Desde su hogar en Santiago, donde escucha el bullicio de un colegio cercano, reflexiona sobre los cambios significativos en la infancia actual, influenciados por la irrupción de la tecnología. Junto a las psicólogas Teresita Marchant y Soledad López de Lérida, Milicic publicó este año Los padres que queremos ser, una obra que actualiza su trabajo previo con una perspectiva basada en las neurociencias.
La tecnología, especialmente el uso del celular, ha transformado la forma en que los niños interactúan y aprenden. Según Milicic, los dispositivos multifuncionales han reemplazado actividades esenciales para el desarrollo, como la conversación y el juego. Esto impacta directamente en la arquitectura cerebral de los niños, limitando el desarrollo del lenguaje y la empatía. Cita al neurocientífico Daniel J. Siegel al destacar que toda acción educativa crea cerebro, y enfatiza que lo que no se hace también tiene efectos en su formación.
Milicic ilustra estos cambios con una anécdota sobre una madre que, ocupada en su teléfono, usó un iPad para entretener a su bebé. Al intentar interactuar con ella, el resultado fue una rabieta incontenible, reflejando una desconexión temprana en las relaciones interpersonales. Según la psicóloga, esta dependencia tecnológica reduce las interacciones sociales, derivando en un aumento de la violencia infantil. Los vínculos afectivos, fundamentales para la estabilidad emocional y el desarrollo del cerebro, se han debilitado, mientras los niños reproducen patrones agresivos observados en una sociedad marcada por conflictos y violencia.
La violencia no solo es un reflejo de la falta de vínculos, sino también de problemas estructurales como el narcotráfico. En los sectores vulnerables, los narcotraficantes captan a los niños mediante regalos y fiestas, enseñándoles una forma fácil de obtener dinero en un contexto de pocas oportunidades laborales y bajos salarios. Estos ambientes hostiles limitan aún más la socialización infantil, pues las plazas y calles son controladas por actividades delictivas.
Los colegios son espacios donde esta problemática se manifiesta con mayor claridad. Profesores enfrentan aulas llenas de alumnos agresivos, un reto que Milicic asocia al tamaño excesivo de las escuelas. Propone reducir el número de estudiantes por clase para fomentar una educación más personalizada que permita reconocer y desarrollar los talentos de los niños. Señala el caso del Instituto Nacional, un liceo emblemático de Santiago, que perdió el control tras superar los 4.000 estudiantes.
Milicic subraya la importancia de actuar con urgencia para atender las necesidades de los niños y evitar que se pierdan talentos como los de figuras chilenas icónicas como Violeta Parra o Pablo Neruda. Inspirada por Gabriela Mistral, recuerda que “el niño se llama hoy”, instando a priorizar la infancia en las decisiones sociales y educativas. Su mensaje es claro: debemos reconstruir los vínculos y reducir la violencia para garantizar un futuro más humano y equitativo para las nuevas generaciones.
Fuente: El País.
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