Durante la adolescencia, su salud mental puede ser realmente frágil. Esto se ve agravado ante problemas como la ansiedad, muy limitante a la hora de realizar tareas cotidianas, o la capacidad de socializar. Y es que esta etapa del desarrollo es crucial para formar hábitos sociales y emocionales que puedan generar bienestar en el futuro. No obstante, las cifras no son positivas. Muchos estudios sostienen que 1 de cada 5 adolescentes tiene un problema de salud mental, y el suicidio es la primera causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años.
Algunos de los trastornos con mayor prevalencia, es decir, los trastornos mentales que más afectan a los adolescentes, son la ansiedad yla depresión. Además de ellos, también es muy alta la incidencia de trastornos por déficit de atención, alteraciones del estado de ánimo, trastornos de la conducta alimentaria, autolesiones y conductas de riesgo.
Para promover la salud mental en los adolescentes es importante considerar su etapa del desarrollo, tanto físico como cognitivo y social, a la hora de diseñar un abordaje que tenga en cuenta las necesidades o la joven. Algunos de los objetivos que deben perseguirse para fomentar el bienestar mental de los adolescentes incluyen: Trabajar el autoconocimiento, aumentar la autoestima, ganar confianza y aprender a gestionar sus miedos e inseguridades, identificar qué le motiva y le apasiona, mejorar las habilidades sociales asertivas, entender qué emociones negativas provocan comportamientos límites o disruptivos, revisar posibles usos abusivos de las nuevas tecnologías.
Actividades que pueden hacerse son algunas de las iniciativas que se pueden poner en marcha en el ámbito escolar, laboral o incluso en el entorno natural, pueden ser:
Organizar jornadas formativas, como por ejemplo poner en marcha una serie de charlas o seminarios puede ser una excelente manera de entender cómo funciona la mente de los jóvenes, qué problemas les afectan y cómo pueden solucionarse. Porque tienen solución,
es muy importante destacar esta idea puesto que, cuando estás inmerso en una depresión o estás sufriendo las consecuencias de la ansiedad, muchas veces puedes pensar que esto será para siempre.
Salir de la escuela o instituto. Realizar una práctica algo más activa puede ser de utilidad. Salir a dar un paseo bajo el sol, contactar con la naturaleza y relajar el ambiente puede propiciar el entorno perfecto para que los jóvenes escuchen y comprendan cómo el contexto afecta a nuestro cerebro. De hecho, muchos estudios demuestran que practicar actividad física moderada y salir a la naturaleza reducen los niveles de ansiedad y ayudan a combatir el estrés.
Realizar trabajo comunitario; Contribuir a una causa social ayuda a sentirnos más conectados con la comunidad y fomenta la gratitud y la humildad. Además, puede otorgar un objetivo, dar respuesta a la pregunta «qué puedo aportar al mundo».
Organizar actividades temáticas: Realizar talleres y actividades de salud mental que ayuden a fomentar la confianza y la autoestima puede ser una buena manera de comprender cómo nos ven los demás en realidad y poner el foco en las virtudes, más que en los defectos. Además, pueden otorgar herramientas altamente valoradas para combatir los ataques de ansiedad, los pensamientos negativos y ayudar a afrontar situaciones difíciles. Fuente:
Más información en texto “Programa Nacional de Salud Integral de Adolescentes y jóvenes” del Ministerio de Salud de Chile en nuestra Biblioteca.
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