Administración de antibióticos directamente en la vena para combatir infecciones graves o que requieren concentraciones elevadas de medicamento en el organismo.
| Tipos |
1. **Penicilinas y Cefalosporinas IV**: Amplio espectro para infecciones respiratorias, urinarias y septicemias. 2. **Glicopéptidos (Vancomicina)**: Para bacterias resistentes, p. ej., Staphylococcus aureus meticilinoresistente. 3. **Carbapenémicos (Imipenem, Meropenem)**: Uso en infecciones multirresistentes. 4. **Aminoglucósidos (Gentamicina)**: Combinados a menudo con otros antibióticos en infecciones graves. |
| Síntomas |
Infecciones severas como sepsis, meningitis, neumonías complicadas, endocarditis o infecciones osteoarticulares. También en pacientes inmunodeprimidos o con patógenos resistentes a terapias orales. |
| Causas |
Fiebre alta persistente, compromiso hemodinámico, escalofríos, dolor localizado, marcadores inflamatorios elevados. La terapia IV busca un efecto rápido y concentraciones terapéuticas óptimas. |
| Diagnóstico |
Cultivos de sangre, orina o tejidos, pruebas de sensibilidad a antibióticos (antibiograma). El especialista selecciona el fármaco basado en el patógeno y la localización de la infección. |
| Tratamiento |
Se instaura en hospital o en terapia ambulatoria domiciliaria, según estabilidad del paciente. La duración varía de días a semanas. Control de niveles plasmáticos en casos específicos para evitar toxicidad. |
| Complicaciones |
Reacciones alérgicas, nefrotoxicidad, ototoxicidad (aminoglucósidos), tromboflebitis en el sitio de venopunción. La monitorización estrecha reduce los riesgos. |
| Prevención | Uso racional de antibióticos para evitar resistencia. Profilaxis en cirugías de alto riesgo. Asepsia rigurosa al colocar catéteres intravenosos. |
| Conclusión | La terapia con antibióticos intravenosos se utiliza para tratar infecciones bacterianas graves o resistentes, permitiendo concentraciones séricas más altas y un efecto más rápido que la vía oral. Se emplea en sepsis, neumonías complicadas, infecciones óseas y de tejidos profundos, entre otras. Su administración requiere vigilancia estrecha de la respuesta clínica y de posibles efectos adversos, como reacciones alérgicas o toxicidad renal. Fuente: Rybak MJ, et al. (2009). "Therapeutic monitoring of antimicrobials" en Clinical Infectious Diseases. Stevens DL, et al. (2014). "Practice guidelines for serious bacterial infections" en Infectious Diseases Society of America. |
