Refiere la intoxicación aguda o crónica por sustancias narcóticas (opiáceos) o psicodislepticas (alucinógenos) que alteran la conciencia, la percepción y la sensación de dolor. Incluye opioides como la morfina, heroína, fentanilo, y drogas alucinógenas (LSD, psilocibina, mescalina) capaces de distorsionar la realidad. Con frecuencia, el consumo es recreativo o por automedicación inadecuada, y puede desencadenar depresión respiratoria, pérdida de la conciencia, alteraciones cardiacas o crisis psicóticas. La severidad depende de la dosis, pureza, vía de administración y combinaciones con otras drogas.
| Tipos |
1. Sobredosis de opioides (heroína, fentanilo, metadona) con depresión respiratoria. 2. Intoxicación por LSD, psilocibina u otras sustancias alucinógenas. 3. Mezclas con benzodiacepinas o alcohol que potencian la sedación. 4. Abuso crónico de narcóticos con tolerancia y dependencia física severa. |
| Síntomas |
Uso recreativo de opiáceos y alucinógenos, prescripciones médicas descontroladas de analgésicos potentes (oxycodona, fentanilo), adulteración de drogas con potentes opiáceos sintéticos, experimentación con LSD o hongos psicoactivos. En regiones con crisis de opioides, las sobredosis accidentales se disparan, y el acceso ilegal a fármacos hospitalarios agrava la problemática. |
| Causas |
En opiáceos, la depresión respiratoria y la miosis (pupilas puntiformes) resaltan, acompañadas de bradicardia, hipotensión, somnolencia intensa o coma. En alucinógenos, predominan distorsiones sensoriales (visuales, auditivas), confusión, hipertensión leve, dilatación pupilar, crisis de pánico o euforia. Si la sobredosis es masiva, puede inducirse un estado catatónico, convulsiones o paro cardiorrespiratorio en caso de mezclas con otros depresores del SNC. |
| Diagnóstico |
Se basa en el historial (hallazgo de jeringuillas, pastillas, testigos) y la clínica típica (miosis severa en opiáceos, alucinaciones vívidas en psicodélicos). Los test rápidos de orina o sangre confirman la presencia de opioides, LSD o metabolitos asociados. La gasometría arterial y oximetría valoran la depresión respiratoria. ECG y panel metabólico pueden mostrar arritmias, acidosis o disfunción renal secundaria. |
| Tratamiento |
Para opioides, la administración de naloxona (antagonista) revierte la depresión respiratoria de forma inmediata, pudiendo requerir dosis repetidas. Se asegura la vía aérea con ventilación asistida si el paciente está inconsciente. En alucinógenos, se ofrecen benzodiacepinas para la ansiedad extrema o psicosis; si aparece hipertermia, el enfriamiento externo ayuda. El monitoreo hemodinámico y soporte vital se prolongan hasta estabilizar las constantes. Tras la fase aguda, se insta a un programa de desintoxicación y rehabilitación. |
| Complicaciones |
La hipoxia prolongada daña el cerebro en sobredosis de opioides si no se aplica naloxona a tiempo. La rabdomiólisis o insuficiencia renal pueden manifestarse en colapsos prolongados. Las alucinaciones intensas en psicodislépticos desencadenan conductas suicidas o violentas, traumatismos accidentales. La dependencia crónica a narcóticos conlleva abstinencia severa, infecciones (VIH, hepatitis) por jeringas compartidas y problemas socioeconómicos agudos. |
| Prevención | Los programas de reducción de daños (intercambio de jeringuillas, naloxona disponible) disminuyen muertes por opiáceos. Las campañas de educación advierten sobre la potencia del fentanilo y la posible adulteración de drogas. El control médico estricto de analgésicos potentes evita la dispersión en el mercado negro. Una legislación que facilite la rehabilitación de adictos a opiáceos y la sensibilización sobre el uso recreativo de alucinógenos reducen complicaciones. |
| Conclusión | El envenenamiento por narcóticos y psicodislepticos evidencia la cara más peligrosa del consumo de opiáceos y alucinógenos. La depresión respiratoria en opioides y las alteraciones perceptivas intensas en alucinógenos pueden comprometer la vida. Un diagnóstico temprano, la administración de antagonistas (naloxona) o sedantes controlados y el soporte vital continúan siendo claves para evitar la mortalidad. La estrategia preventiva combinando legislación, educación y acceso a tratamiento ayuda a contener el impacto de estas sustancias. Fuente: OMS |
