Engloba el daño térmico o químico en vísceras y tejidos internos más allá de los aparatos respiratorio o digestivo, e incluye posibles lesiones en cavidades torácicas, pélvicas u órganos sólidos. Suelen ocurrir en escenarios de explosiones, radiaciones extremas o aplicaciones inadecuadas de sondas calientes/ corrosivas. El riesgo de peritonitis, hemorragias o necrosis masiva es elevado si no se identifica rápidamente. Al no ser un cuadro frecuente, requiere alta sospecha cuando el paciente presenta signos de dolor visceral atípico tras un accidente con productos químicos o calor. Una cirugía de emergencia puede ser esencial para rescatar la funcionalidad del órgano.
| Tipos |
1. Daño térmico intratorácico (p. ej. contacto con metal al rojo, escaldaduras internas). 2. Corrosión pélvica por inmersión accidental en sustancias ácidas o básicas. 3. Necrosis de órganos sólidos (hígado, bazo) al exponerse a químicos concentrados. 4. Combinación de traumatismo y quemadura orgánica en explosiones. |
| Síntomas |
Explosiones industriales con vapores o esquirlas al rojo vivo que penetran cavidades, errores médicos al introducir irrigaciones exageradamente calientes en cavidades pélvicas o torácicas, incidentes de alta tensión eléctrica que generan calor interno en tejidos profundos, y derrames de ácidos o álcalis que atraviesan la piel dañada y alcanzan órganos subyacentes. |
| Causas |
Intenso dolor en la zona afectada, que puede simular un abdomen agudo si está en la región abdominal, o un hemotórax traumático en el área torácica. Hemorragias internas o shock séptico por perforación visceral. Fiebre alta, peritonismo, inflamación de tejidos adyacentes. El paciente podría presentar disnea si el pulmón o la pleura vecina se ven comprometidos. Ante la duda, la anamnesis sobre exposición a calor o químicos es crucial. |
| Diagnóstico |
La evaluación integral (exploración, radiografías, ultrasonidos, TC) es esencial. Un hemograma completo evidencia leucocitosis si hay infección o necrosis. La laparoscopia o toracoscopia diagnóstica pueden revelar lesiones en superficies viscerales. Si se sospecha perforación, se buscan signos de aire libre en radiografía. El relato de una exposición grave a calor o agentes químicos invasivos conduce a estudiar vísceras supuestamente no afectadas por mecanismos usuales. |
| Tratamiento |
Exige eliminar cualquier fuente residual (retirar cuerpos extraños incandescentes, neutralizar química si hay restos). La estabilización hemodinámica (fluido IV, transfusiones) y la analgesia son prioritarias. En lesiones con necrosis o perforación, se procede a cirugía de urgencia (resección o sutura orgánica). Se instaura cobertura antibiótica amplia para prevenir infecciones profundas. El drenaje de líquidos o abscesos internos es decisivo si hay complicaciones. El soporte en UCI puede ser necesario dependiendo de la severidad. |
| Complicaciones |
Peritonitis fulminante, mediastinitis o pleuritis séptica si la cavidad torácica o abdominal se contamina. Hemorragias incontrolables si grandes vasos se ven dañados. La necrosis extensa de un órgano (bazo, hígado) ocasiona insuficiencia orgánica potencialmente letal. Formaciones de fístulas internas cronifican la lesión y dificultan la recuperación. La respuesta inflamatoria sistémica puede derivar en shock séptico y fallo multiorgánico. |
| Prevención | Respetar estrictamente protocolos de seguridad en industrias con riesgos explosivos o químicos. Mantener un control estricto de temperatura en fluidos usados en procedimientos médicos (lavados, enemas, irrigaciones). Proveer equipo de protección individual (EPI) resistente a químicos y calor en entornos industriales. Las pruebas de integridad de contenedores y tuberías reducen fugas peligrosas. En intervenciones quirúrgicas, seguir directrices para evitar la aplicación de líquidos sobrecalentados. |
| Conclusión | Las quemaduras y corrosiones en órganos internos son eventos graves que pueden pasar desapercibidos inicialmente, pero ponen en riesgo la vida si no se detectan con rapidez. La combinación de estudios de imagen, la monitorización de constantes vitales y la exploración quirúrgica permiten identificar y reparar los daños. Una respuesta multidisciplinaria (cirujanos, intensivistas, toxicólogos) es fundamental. La prevención mediante protocolos y capacitación reduce significativamente su incidencia en los ámbitos industrial y sanitario. Fuente: OMS |
