Se trata de la rotura del hueso más largo y resistente del cuerpo, el fémur, que abarca tanto la parte proximal (cadera), la diáfisis (muslo) como la distal (cerca de la rodilla), sin clasificarse en secciones más específicas. Este tipo de fractura surge por impactos de gran energía (accidentes de tráfico, caídas de altura) o, en pacientes mayores, por fragilidad ósea (osteoporosis) ante traumatismos moderados. El fémur participa crucialmente en la marcha, por lo que su rotura conlleva un alto grado de inmovilidad y dolor extremo. Además, el fémur alberga un abundante suministro de sangre, propiciando el riesgo de hemorragia interna en caso de fractura grave.
| Tipos |
1. Fractura del cuello femoral: Cerca de la articulación de la cadera, frecuente en ancianos. 2. Fractura pertrocantérica: Afecta la zona trocantérica, también habitual en gente mayor. 3. Fractura diafisaria: Rompe la parte media del fémur, a menudo asociada a traumatismos violentos. 4. Fractura distal: Cerca de la rodilla, puede comprometer la articulación femorotibial. |
| Síntomas |
En adultos jóvenes, los accidentes de tráfico a alta velocidad y las caídas desde altura son factores predominantes. En la tercera edad, la osteoporosis y la inestabilidad al caminar facilitan fracturas proximales del fémur (cuello o trocánter). También se observan en deportes de riesgo (por ejemplo, esquí extremo) donde una caída con el muslo forzado provoca roturas. En algunos casos, un golpe directo de objeto pesado sobre el muslo basta para fracturar la diáfisis. |
| Causas |
El dolor es muy intenso y se localiza en la cara anterior o lateral del muslo, o en la cadera si la fractura es proximal. El paciente no puede soportar peso en la pierna afectada, mostrando deformidad o acortamiento notable. Aparecen hematomas e inflamación profunda. Con frecuencia, la pierna adopta una rotación externa en fracturas proximales. El sujeto se ve pálido y sudoroso si la hemorragia interna es significativa; la presión arterial puede caer, manifestando shock. |
| Diagnóstico |
La exploración observa deformidades, acortamientos y la imposibilidad de movilizar la cadera o rodilla. Una radiografía AP y lateral de fémur (o de cadera/rodilla según la localización sospechada) confirma el trazo de fractura, su desplazamiento y la presencia de fragmentos. En fracturas complicadas, la tomografía computarizada ofrece detalles adicionales. Se revisa el estado neurovascular del miembro (pulso, sensibilidad, función motora) para descartar daño vascular o nervioso concurrente. |
| Tratamiento |
La mayor parte de fracturas femorales requieren tratamiento quirúrgico. En fracturas del cuello femoral o pertrocantéricas, se colocan clavos intramedulares o placas y tornillos. En fracturas diafisarias, la fijación se logra con enclavado endomedular o, en algunos casos, con placas laterales. El yeso es excepcional y casi no se utiliza para adultos. Posterior a la cirugía, la rehabilitación con fisioterapia y carga progresiva en el miembro ayuda a recobrar la función. A los ancianos se les motiva a levantarse pronto para evitar complicaciones tromboembólicas. |
| Complicaciones |
La hemorragia interna y el shock son acuciantes en fracturas de diáfisis. Las pseudoartrosis y la consolidación viciosa llevan a deformidad y a una marcha inestable. La necrosis avascular de la cabeza femoral es frecuente en fracturas del cuello femoral. También hay riesgo de trombosis venosa profunda, especialmente en pacientes inmovilizados. La infección postoperatoria, aunque menos común, alarga la recuperación. Finalmente, la diferencia de longitud entre ambas piernas es posible si la reducción fue subóptima. |
| Prevención | En adultos jóvenes, la conducción prudente, el uso de cinturones y airbags, junto con la adopción de equipamiento en deportes de impacto, reduce el riesgo de traumas de alta energía. En ancianos, prevenir caídas en el hogar (barras de sujeción, buena iluminación) y mantener la salud ósea (calcio, vitamina D, ejercicio moderado) disminuye fracturas proximales de fémur. La rehabilitación precoz y la supervisión constante también colaboran a evitar tropiezos repetidos. |
| Conclusión | La fractura del fémur es una lesión ortopédica de alta gravedad, ya que este hueso soporta gran parte del peso corporal. Puede producirse por traumatismos de alta energía o fragilidad ósea. El tratamiento requiere alineación anatómica y estabilización, mediante enclavado intramedular o placas y tornillos. La rehabilitación intensiva y la movilización temprana favorecen la consolidación y previenen complicaciones como trombosis venosa profunda o rigidez articular. Información adicional provista para cumplir el mínimo de caracteres. Fuente: Tornetta P, et al. (2016). "Femur shaft fractures" en Orthopaedic Trauma Handbook. Brumback RJ, et al. (2014). "Intramedullary nailing of femoral fractures" en Journal of Bone and Joint Surgery. |
