La hipertensión gestacional con proteinuria significativa (también denominada preeclampsia) es el incremento de la presión arterial sistólica (≥140 mmHg) y/o diastólica (≥90 mmHg) después de las 20 semanas de gestación, sumado a proteinuria relevante (>300 mg en 24h). Implica un riesgo para la madre y el feto, asociándose a complicaciones como restricción del crecimiento fetal, desprendimiento placentario y progresión a eclampsia.
| Tipos |
– **Leve**: PA sistólica 140-159 o diastólica 90-109 mmHg, proteinuria moderada. – **Severa**: PA ≥160/110 mmHg, proteinuria elevada, signos de gravedad (neurológicos, hepáticos, etc.). – **Preeclampsia con criterios de severidad**: cefalea, alteraciones visuales, dolor epigástrico, trombocitopenia, etc. |
| Síntomas |
Se relaciona con alteraciones en la remodelación de las arterias espirales uterinas, dando lugar a mala perfusión placentaria. Existen factores genéticos, inmunológicos y ambientales implicados. Mayor frecuencia en primigestas, embarazos múltiples, edad materna avanzada o muy joven, antecedentes de preeclampsia y enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión preexistente. |
| Causas |
Las pacientes pueden cursar asintomáticas inicialmente, detectándose la hipertensión y la proteinuria en el control prenatal. En formas severas, aparece cefalea, visión borrosa, fosfenos, dolor en el epigastrio (hipocondrio derecho), edema y malestar general. El laboratorio puede mostrar alteraciones como elevación de enzimas hepáticas, disminución de plaquetas, elevación de creatinina y ácido úrico. |
| Diagnóstico |
La medición repetida de la presión arterial por encima de los valores umbral y la cuantificación de proteinuria (recolección de orina 24 horas o cociente proteína/creatinina) confirmarían el cuadro. El perfil de laboratorio (función hepática, renal, hemograma) evalúa la severidad. El control fetal con ecografía y doppler analiza el crecimiento y la perfusión placentaria. Diferenciarla de la hipertensión crónica requiere historial previo de PA elevada. |
| Tratamiento |
La única curación definitiva es la finalización del embarazo. El manejo incluye control estricto de la presión (fármacos antihipertensivos seguros en embarazo como metildopa, labetalol, nifedipino), valoración de la madurez fetal y prevención de complicaciones (sulfato de magnesio en formas severas para evitar eclampsia). El reposo relativo y la monitorización materno-fetal son cruciales. En gestaciones cercanas al término, se induce el parto. En pretermino, se busca prolongar la gestación con manejo hospitalario y corticoides para maduración fetal si es oportuno. |
| Complicaciones |
La progresión a eclampsia con convulsiones, el síndrome HELLP (hemólisis, enzimas hepáticas elevadas, plaquetas bajas), el desprendimiento prematuro de placenta y la insuficiencia renal o hepática son complicaciones maternas severas. A nivel fetal, el crecimiento intrauterino restringido y la prematurez impactan la morbimortalidad. En escenarios extremos, la muerte materna o fetal puede ocurrir. |
| Prevención | La detección y el control prenatales son esenciales: medición regular de la presión arterial, evaluación de proteinuria, seguimiento del crecimiento fetal y educación sobre signos de alarma. El uso de ácido acetilsalicílico en dosis bajas y calcio en poblaciones de riesgo reduce la incidencia de preeclampsia. La atención temprana de factores de riesgo (obesidad, hipertensión crónica, diabetes) minimiza complicaciones. |
| Conclusión | La hipertensión gestacional con proteinuria significativa (preeclampsia) es una patología obstétrica que exige vigilancia y tratamiento para evitar la progresión a formas graves (eclampsia, HELLP). El seguimiento prenatal, el control de la PA y la proteinuria, junto con la correcta decisión del momento del parto, son fundamentales para la seguridad materno-fetal. La prevención se basa en el control de riesgos, la monitorización y las medidas farmacológicas si procede. Fuente: Organización Mundial de la Salud (OMS). |
