Este apartado incluye anomalías renales no abarcadas por agenesia, hipoplasias, enfermedades quísticas o defectos obstructivos. Pueden ser alteraciones en la migración (riñón ectópico, riñón en herradura), en la forma (riñones lobulados) o en la estructura (cambios anatómicos que no causan obstrucción directa). Aunque algunos defectos son asintomáticos, otros influyen en la hemodinámica renal, predisponen a infecciones o afectan el drenaje del sistema colector. En casos raros, se descubren al investigar dolor lumbar o hematuria repetida.
| Tipos |
• Riñón ectópico pélvico • Riñón en herradura • Lóbulo renal persistente • Arterias accesorias o variantes vasculares El impacto clínico depende de la localización y vascularización. |
| Síntomas |
Se producen cuando el riñón, en su ascenso embrionario, no completa el trayecto o se fusiona con su homólogo. Factores genéticos y vasculares explican la forma final del órgano. El riñón en herradura surge al unirse los polos renales, impidiendo un ascenso normal. No se asocian fuertemente a teratógenos, aunque sí pueden existir síndromes polimalformativos. |
| Causas |
Muchos casos son asintomáticos, descubiertos incidentalmente. El riñón en herradura predispone a reflujo vesicoureteral, litiasis e infecciones. El riñón ectópico pélvico puede ocasionar dolor ocasional, alteraciones menstruales (si comprime el útero) o infecciones urinarias. Las arterias accesorias pueden comprimir el uréter, provocando síntomas obstructivos leves. La hematuria y el dolor lumbar son motivos de consulta frecuentes en la adolescencia. |
| Diagnóstico |
La ecografía detecta la ubicación anómala y la forma del riñón. El Doppler valora las arterias accesorias. La tomografía computarizada o la resonancia magnética 3D confirmarán el trayecto de los vasos y la anatomía del parénquima. La urografía excretora describe la forma calicial en el riñón en herradura. La gammagrafía DMSA establece la función diferencial de cada riñón y revela cicatrices relacionadas con infecciones repetidas. |
| Tratamiento |
Las anomalías asintomáticas sin repercusión en la función renal no requieren cirugías, sólo controles periódicos. En presencia de obstrucción, dolor crónico o litiasis recurrente, se valora la corrección quirúrgica de la inserción arterial o la liberación de bridas fibrosas. El riñón en herradura rara vez se separa a menos que cause complicaciones graves. El control de la presión arterial y el uso de fármacos contra infecciones urinarias recurrentes completan el manejo. |
| Complicaciones |
Las posiciones anómalas predisponen a reflujo, obstrucciones y bacteriurias crónicas, afectando la función renal. Las arterias accesorias pueden cruzar el uréter, generando hidronefrosis progresiva si no se atienden. El riñón en herradura está relacionado con mayor incidencia de cálculos renales y, en contados casos, tumores renales. La monitorización a largo plazo reduce la posibilidad de deterioro renal y complicaciones urológicas. |
| Prevención | No hay prevención específica, pues la migración renal anómala es un evento embrionario multifactorial. El control prenatal a menudo no percibe estas anomalías, excepto por hallazgos de vasos inusuales o localizaciones extrañas en ecografías de alta resolución. Educar sobre la relevancia de las revisiones pediátricas y los estudios de imagen si surgen infecciones urinarias repetidas favorece la detección temprana y el manejo oportuno. |
| Conclusión | Las malformaciones renales (agenesia, hipoplasia, riñones poliquísticos) alteran la estructura y función del riñón. Pueden manifestarse como hipertensión, infecciones o insuficiencia renal progresiva. El manejo incluye control de complicaciones, terapia de sustitución renal si es necesaria y, en algunos casos, trasplante. El consejo genético es relevante para formas hereditarias como la poliquistosis autosómica recesiva. Fuente: Sanna-Cherchi S, et al. (2017). 'Congenital kidney anomalies' en Nature Reviews Nephrology. Hildebrandt F (2010). 'Genetic kidney diseases' en The Lancet. |
