Este tipo de quemadura afecta la región de la cadera y la parte proximal o media del miembro inferior, sin alcanzar el tobillo ni el pie. Puede ser causada por contacto con llamas, líquidos o vapores calientes, así como por la exposición a sustancias químicas corrosivas. La piel y tejidos subyacentes de muslo y cadera pueden sufrir daños de espesor variable (superficial, parcial o total), produciendo dolor intenso e inflamación. Cuando la extensión es grande o llega a planos profundos, surgen complicaciones sistémicas y riesgos de infección que exigen atención especializada. La movilidad se ve comprometida si las estructuras musculares y articulares se encuentran afectadas.
| Tipos |
1. Quemadura superficial (primer grado): Eritema y dolor, sin ampollas extensas. 2. Quemadura de espesor parcial (segundo grado): Ampollas y afectación profunda de la dermis. 3. Quemadura de espesor total (tercer grado): Lesión que atraviesa dermis y llega al tejido subcutáneo o más. 4. Corrosión química: Daños tisulares por ácidos, álcalis o agentes industriales. |
| Síntomas |
Frecuentes en incidentes domésticos (derrames de aceite caliente, contacto con estufas o vapor) o laborales (trabajar con metales candentes, químicos sin protección adecuada). También derivan de accidentes de tráfico con incendios o explosiones, y exposición a productos corrosivos mal manipulados. En la industria, la falta de equipos de protección o la imprudencia al manejar disolventes fuertes son factores recurrentes. |
| Causas |
El paciente experimenta dolor desde leve a muy intenso, según la profundidad. La piel puede mostrar enrojecimiento, ampollas, necrosis o superficies blanquecinas en quemaduras graves. El área se inflama, dificultando movimientos de cadera y muslo. Si la quemadura es química, se percibe escozor continuo y destrucción tisular progresiva mientras no se neutralice el agente. La afectación severa puede alterar la marcha y generar una pérdida de la integridad cutánea significativa. |
| Diagnóstico |
La inspección evalúa la extensión en porcentaje de la superficie corporal y la profundidad de la quemadura (regla de los nueve o estimaciones parciales). Se determina si existe lesión de espesor parcial o total. En corrosiones, se identifica el producto químico involucrado para neutralizarlo correctamente. Pruebas de laboratorio (hemograma, electrólitos) y función renal pueden solicitarse si la quemadura es extensa. Se vigila la posible afectación muscular o necrosis mayor con métodos de imagen, en casos críticos. |
| Tratamiento |
La prioridad inicial es interrumpir la fuente de calor o remover el producto químico y enfriar el área con agua templada (no helada). Se limpian y protegen las lesiones para evitar contaminación. En quemaduras de segundo grado extendidas o tercer grado, se requiere hospitalización para desbridamiento y posibles injertos cutáneos. El manejo del dolor (analgésicos, opioides en casos graves) y la profilaxis antitetánica son esenciales. En corrosiones químicas, neutralizar el agente y lavar profusamente. Posteriormente, la fisioterapia reduce contracturas y rigidez en la cadera y el muslo. |
| Complicaciones |
La infección es la principal amenaza, propiciada por la pérdida de la barrera cutánea. Pueden formarse cicatrices hipertróficas o retracciones que limiten la flexión y extensión de la cadera o rodilla. Las quemaduras profundas en tejidos blandos generan riesgo de contracturas musculares permanentes y compromiso neurovascular. Si la zona quemada es extensa, el paciente puede sufrir desequilibrios hidroelectrolíticos, shock hipovolémico o insuficiencia multiorgánica en casos extremadamente graves. |
| Prevención | En el hogar, vigilar sartenes, ollas y planchas calientes para evitar derrames accidentales. Utilizar ropa protectora y guantes al manipular productos químicos. En el ámbito laboral, implementar protocolos de seguridad, equipo de protección individual (EPI) y sistemas de ventilación adecuados al trabajar con sustancias corrosivas o fuentes de calor elevado. Mantener extintores y alarmas reduce la probabilidad de incendios mayores. |
| Conclusión | La quemadura y corrosión de la cadera y del miembro inferior, salvo tobillo y pie, comprende lesiones térmicas o químicas que pueden variar de leves a profundas, afectando la capacidad de deambular y la integridad cutánea. Un abordaje inmediato, con enfriamiento o neutralización del agente, más la supervisión especializada, permite minimizar secuelas. La rehabilitación motora es clave para conservar la movilidad. En paralelo, la prevención (hogar y trabajo) disminuye la incidencia de estas lesiones. Fuente: OMS |
