Esta lesión se origina cuando los tejidos de la vía aérea —incluyendo nariz, faringe, laringe, tráquea y bronquios— sufren quemaduras térmicas (por exposición a vapores o aire extremadamente caliente) o corrosiones químicas (inhalación de gases o humos tóxicos). La inflamación resultante puede obstruir la vía respiratoria, comprometiendo la oxigenación. En incendios caseros o industriales, la inhalación de humo caliente y sustancias irritantes desencadena daños a nivel de la mucosa respiratoria, agravados por la toxicidad de los gases. Estas quemaduras pueden manifestarse desde irritaciones leves hasta edema severo con necesidad de intubación o traqueostomía.
| Tipos |
1. Inhalación de aire sobrecalentado que quema la mucosa laríngea. 2. Exposición a vapores químicos (ácidos, amoníaco) que corroen vías respiratorias. 3. Daño por humo de incendios, con partículas tóxicas que irritan laringe y bronquios. 4. Quemadura en tráquea y bronquios profundos, afectando la oxigenación alveolar. |
| Síntomas |
Incendios en espacios cerrados, donde el calor y el humo no se disipan, accidentes en laboratorios con gases corrosivos, escapes de cloro o amoníaco en plantas industriales, inhalación de vapores de productos de limpieza concentrados sin ventilación. Los bomberos y trabajadores químicos presentan mayor riesgo ocupacional si no cuentan con máscaras especializadas. |
| Causas |
El paciente puede manifestar tos, ardor en garganta, ronquera o voz apagada si la laringe está inflamada. Existe dificultad respiratoria (disnea), dolor torácico y en casos graves, estridor inspiratorio por edema. El esputo puede volverse oscuro o carbonáceo cuando se inhala hollín. La irritación química genera sensaciones de quemazón nasal y faríngea, con lagrimeo y estornudos. Si la lesión es severa, surgirán signos de hipoxia y confusión mental. |
| Diagnóstico |
Se sospecha por el antecedente de exposición a humos o vapores calientes/químicos, especialmente en incendios o derrames industriales. La endoscopia broncoscópica visualiza las lesiones en laringe, tráquea y bronquios. Los gases en sangre (oxígeno, dióxido de carbono) determinan la capacidad respiratoria. La pulsioximetría puede ser confusa si hay carboxihemoglobina (monóxido de carbono), por lo que la co-oximetría es relevante. Radiografías o TC torácica descartan neumonitis o edema. |
| Tratamiento |
La prioridad es asegurar la vía aérea. En casos con edema laríngeo, puede requerirse intubación temprana para prevenir la obstrucción total. La inhaloterapia con oxígeno humedecido y nebulizaciones de medicamentos (broncodilatadores, corticoides) alivia la inflamación. Si hay quemadura química, se neutraliza o se disipa el agente irritante (retirada inmediata del ambiente tóxico, irrigación con solución salina). Los analgésicos y sedantes se administran según la dificultad respiratoria. El soporte ventilatorio mecánico es vital en casos críticos. |
| Complicaciones |
El mayor peligro es la obstrucción aguda de la vía aérea por edema subglótico o laríngeo, conduciendo a asfixia. La bronquitis química o la neumonía pueden sobrevenir por la irritación y necrosis del epitelio respiratorio. La cicatrización excesiva en vías aéreas puede producir estenosis traqueal o laríngea crónica. Adicionalmente, el monóxido de carbono o cianuro presentes en humos generan intoxicaciones sistémicas fatales si no son diagnosticadas y tratadas rápidamente. |
| Prevención | La instalación de detectores de humo y ventilación adecuada en cocinas y laboratorios reduce el riesgo de inhalación. Los trabajadores deben portar respiradores y máscaras contra vapores y humos específicos. Evitar fumar en lugares con sustancias inflamables. La formación en manejo de sustancias químicas y la señalización clara de zonas peligrosas limitan la exposición accidental. En caso de incendio, evacuar rápidamente, gatear cerca del suelo para evitar el humo denso y llamar a emergencias. |
| Conclusión | Las quemaduras y corrosiones en vías respiratorias representan lesiones graves que afectan la respiración y pueden ser letales por edema u obstrucción. El diagnóstico recae en la sospecha clínica y la broncoscopia, en conjunto con el manejo urgente de la vía aérea. Una asistencia temprana con oxígeno, control de la inflamación y protección pulmonar resulta determinante para la supervivencia. La prevención, por medio de sistemas de alerta, equipo de protección respiratoria y la correcta gestión de sustancias químicas, minimiza su incidencia. Fuente: OMS |
