Traumatismo de nervios y de la médula espinal a nivel del tórax

Comprende lesiones medulares y/o de raíces nerviosas que se localizan en la zona torácica de la columna (vértebras T1-T12), sin clasificarse como fracturas óseas o traumatismos de otra índole más específica. Incluye contusiones, secciones incompletas o completas, desplazamientos de discos y compresiones que afectan las vías nerviosas. La consecuencia puede ir desde paresias segmentarias hasta paraplejías completas, con impacto severo en la función respiratoria accesoria, motora y sensitiva del tronco y las extremidades inferiores. Su manejo requiere una intervención multidisciplinaria, con alto riesgo de secuelas definitivas si no se actúa con urgencia y eficacia.

Tipos

1. Contusión medular torácica: Producción de edema y microhemorragias sin rotura completa de la médula.

2. Sección medular incompleta: Varias presentaciones clínicas (Brown-Séquard, síndrome central) dependiendo de la porción lesionada.

3. Lesión medular completa: Pérdida absoluta de la función motora y sensitiva por debajo del nivel torácico.

4. Afectación de raíces nerviosas: Compresión o rotura de nervios intercostales, generando dolor irradiado y debilidad segmentaria.

Síntomas

Los accidentes vehiculares con impacto en la espalda o proyección desde el vehículo, caídas de altura sobre la región dorsal y golpes directos en actividades de riesgo (deportes extremos) figuran entre las causas principales. También puede ocurrir un trauma penetrante (herida de bala o puñalada) que afecte la médula. Pacientes con patologías previas como osteoporosis o escoliosis severa pueden ser más vulnerables a sufrir estas lesiones con fuerzas de menor magnitud.

Causas

Dependiendo del nivel de la lesión, se observan paraplejías, pérdida sensitiva en el tronco por debajo de la zona afectada, dolor torácico irradiado y, a veces, déficit en el control de esfínteres. Lesiones altas (T1-T4) pueden complicar el automatismo respiratorio adicional. El shock medular inicial se manifiesta con arreflexia y parálisis flácida transitoria, seguida de espasticidad y reflejos hiperactivos cuando la fase aguda concluye. El paciente puede reportar un ‘cinturón’ de dolor o sensación anómala en la línea que marca el nivel de la lesión.

Diagnóstico

La valoración del nivel neurológico (fuerza, sensibilidad, reflejos) es clave. La radiografía torácica y la tomografía pueden mostrar desplazamientos vertebrales o fragmentos óseos, mientras que la resonancia magnética define contusiones o hematomas en la médula. Se revisa la función respiratoria, ya que algunas lesiones torácicas pueden afectar los músculos intercostales. Potenciales evocados confirman el grado de interrupción de las vías nerviosas. El diagnóstico diferencial excluye fracturas vertebrales más específicas o traumatismos costales que pudieran generar dolor referidor.

Tratamiento

La estabilización de la columna dorsal y la protección medular constituyen la primera prioridad. Puede contemplarse la administración de esteroides en la fase aguda (dependiendo de protocolos vigentes), además de la descompresión quirúrgica cuando hay evidencia de compresión significativa. La fijación vertebral por placas o tornillos se practica en lesiones inestables. Posteriormente, una rehabilitación intensa intenta recuperar la mayor movilidad y autonomía posibles, abordando marcha asistida, terapia ocupacional y tratamiento del dolor neuropático. El apoyo psicológico es fundamental para afrontar la discapacidad.

Complicaciones

Los pacientes pueden presentar paraplejía o debilidad crónica en los miembros inferiores, trastornos de esfínteres (retención urinaria, incontinencia fecal), infecciones urinarias recurrentes, úlceras por presión y dolor neuropático refractario. La disfunción respiratoria aumenta la vulnerabilidad a neumonías, sobre todo en lesiones torácicas altas. Sin el cuidado adecuado, son propensos al deterioro muscular y a la espasticidad severa. El pronóstico mejora con intervención temprana y rehabilitación continuada.

Prevención

La seguridad vial con cinturones y asientos que protejan la espalda reduce el riesgo de estos traumatismos. En trabajos de altura o con riesgo de caída, los arneses de seguridad previenen el impacto dorsal severo. El uso de protecciones en deportes de riesgo (chalecos, espalderas) mitiga golpes en la región torácica. Las evaluaciones médicas preventivas en personas con deformidades espinales y fortalecer la musculatura dorsal también ayudan a resistir mejor ante un posible trauma.

Conclusión El traumatismo de nervios y médula espinal a nivel del tórax conlleva alto riesgo de secuelas motoras y sensoriales, repercutiendo intensamente en la calidad de vida. La evaluación radiológica y la resonancia magnética determinan la magnitud del daño, mientras que la estabilización vertebral y la rehabilitación multidisciplinaria favorecen la recuperación. La prevención a través de la seguridad en transporte, industria y deporte, así como el reconocimiento temprano de las lesiones, resulta clave para reducir su impacto.

Fuente: OMS
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