Absceso de las regiones anal y rectal

Los abscesos anales y rectales son colecciones de pus en el tejido que rodea el ano o el recto, generalmente causadas por la infección de las glándulas anales o la progresión de fisuras, fístulas o enfermedades inflamatorias (como Crohn). Pueden localizarse en zonas perianales superficiales o profundizar en espacios ischiorrectales, interesfinterianos o pelvirrectales. Se presentan con dolor intenso y pulsátil, fiebre, enrojecimiento local y edema. Si no se drenan a tiempo, pueden extenderse, generando complicaciones como fascitis necrotizante, sepsis o la formación de fístulas crónicas.

Tipos

Los abscesos perianales superficiales aparecen cerca del margen anal, mientras que los isquiorrectales se ubican en planos más profundos de la fosa isquiorrectal. Los abscesos interesfinterianos se sitúan entre los esfínteres anal interno y externo, y los pelvirrectales o supralevadores se forman más arriba en la pelvis. La clasificación depende de la localización anatómica y se relaciona con la posible evolución a fístulas con trayectos distintos. Cuanto más profundo el absceso, más difícil el diagnóstico inicial y más graves pueden ser las secuelas.

Síntomas

La infección de las criptas glandulares anales es la causa principal; las bacterias intestinales penetran y proliferan, provocando inflamación y pus. Otras etiologías incluyen fisuras anales infectadas, trauma rectal, procedimientos quirúrgicos previos, infecciones de transmisión sexual o enfermedad de Crohn. En individuos con defensas bajas (VIH, diabetes, uso de inmunosupresores), la progresión a abscesos múltiples o gangrena perianal es más factible. La mala higiene, la humedad local y el estreñimiento con materia fecal dura pueden predisponer al daño anal y la infección.

Causas

El cuadro típico consiste en dolor intenso, punzante, que aumenta al sentarse, defecar o toser, acompañado de enrojecimiento local, calor y tumefacción perianal. En abscesos profundos, el dolor puede irradiarse al glúteo, la región pélvica o incluso al abdomen bajo. La fiebre y el malestar general son frecuentes, y puede haber drenaje espontáneo de pus si el absceso se rompe en la piel o en el canal anal. La persistencia de un orificio drenante con secreción sugiere la formación de una fístula anal.

Diagnóstico

El examen físico revela el área de inflamación, edema, dolor y fluctuación característica al palpar el absceso. La anoscopia o rectoscopia ayudan a descubrir la existencia de una lesión interna o un trayecto fistuloso. En abscesos profundos o si se sospechan complicaciones, la ecografía endoanal o la resonancia magnética perineal ofrecen un mapa preciso de la cavidad y la relación con esfínteres. El hemograma muestra leucocitosis. Se exploran enfermedades subyacentes (Crohn, inmunodepresión) si hay recurrencias frecuentes.

Tratamiento

El drenaje quirúrgico del absceso es el pilar fundamental: se realiza incisión en la zona más fluctuante para evacuar el pus, aliviando el dolor y la presión. En abscesos superficiales, puede ser ambulatorio con anestesia local; los más profundos requieren anestesia regional o general. El uso de antibióticos se indica en pacientes inmunocomprometidos o con celulitis extensa. Si se identifica un trayecto fistuloso, puede abordarse en el mismo acto quirúrgico o diferirse hasta controlar la infección. Los cuidados postoperatorios, baños de asiento y analgésicos facilitan la cicatrización.

Complicaciones

La propagación del absceso al tejido circundante puede llevar a la fascitis necrotizante, complicación muy grave. El drenaje espontáneo o inadecuado incrementa el riesgo de formar fístulas anales persistentes. En casos negligidos o en pacientes muy frágiles, la sepsis puede instaurarse rápidamente, comprometiendo la vida. La recidiva del absceso es posible si persisten factores predisponentes (Crohn, mala higiene, alteraciones anatómicas). Las secuelas de incontinencia son escasas si el procedimiento respeta el esfínter.

Prevención

Mantener una buena higiene anal, evitar la retención fecal (estreñimiento) y manejar adecuadamente patologías anorrectales (fisuras, hemorroides) reduce la incidencia de abscesos. Un diagnóstico precoz y el drenaje oportuno de colecciones pequeñas impiden la diseminación a planos más profundos. En pacientes con enfermedad de Crohn, el control de la inflamación intestinal y la administración de terapias adecuadas minimizan la formación recurrente de abscesos. Se recomienda la evaluación proctológica ante cualquier dolor anal intenso y persistente.

Conclusión El absceso en las regiones anal y rectal se caracteriza por la acumulación de pus en el tejido perianal o rectal, provocando dolor, inflamación y, en ocasiones, fiebre. Suele originarse a partir de la infección de glándulas anales o fisuras. El tratamiento consiste en el drenaje quirúrgico o percutáneo, asociado a antibióticos si se sospecha de infección extensa. Un manejo oportuno evita complicaciones como la formación de fístulas y promueve una recuperación más rápida.

Referencia:
UpToDate. (2023). Anorectal Abscesses. Recuperado de https://www.uptodate.com/

Fuente 1:
American Society of Colon and Rectal Surgeons. (2022). Abscess Management. Recuperado de https://www.fascrs.org/
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