Se refiere a las fracturas que involucran las vértebras lumbares (L1-L5), el sacro o la pelvis ósea (ilion, isquion, pubis), excluyendo clasificaciones más específicas en otras secciones. Estas fracturas suceden por caídas desde altura, accidentes de tráfico con impactos de gran energía o aplastamientos, provocando fisuras o fracturas complejas que pueden comprometer la médula espinal (en lumbar alto) o las raíces nerviosas de la cauda equina. La pelvis es un anillo óseo clave para la estabilidad corporal, y sus fracturas graves pueden acarrear hemorragias importantes y alteraciones en la marcha. Un tratamiento integral (ortopédico y/o quirúrgico) es fundamental para restablecer la función y reducir complicaciones.
| Tipos |
1. Fracturas lumbares compresivas: Aplastamiento de la vértebra, a menudo en L1. 2. Fracturas inestables de la columna: Comprometen la estabilidad (columna anterior y posterior). 3. Fracturas de pelvis por compresión lateral o anteroposterior: Riesgo de lesión vascular y sangrado retroperitoneal. 4. Fracturas por cizallamiento: Pueden separar hemipelvis o generar subluxaciones sacroilíacas. |
| Síntomas |
Saltar o caer desde alturas considerables en posición vertical (impacto con las piernas extendidas), choques vehiculares de alta velocidad, hundimiento de estructuras o fallas en mecanismos de protección laboral. En ancianos, la osteoporosis facilita fracturas lumbares con menor fuerza. También se observa en deportes de competición, como equitación o motociclismo, cuando el jinete colisiona con el suelo a gran velocidad. |
| Causas |
El dolor lumbar o pélvico intenso es el principal síntoma, exacerbado al movimiento o al intentar pararse. Puede presentarse incapacidad para caminar o apoyar peso. Cuando la lesión vertebral afecta la médula o nervios, aparecen hormigueos, debilidad en miembros inferiores, retención urinaria o incontinencia. En fracturas pélvicas severas, se advierte deformidad, inestabilidad del anillo pélvico (un lado puede “moverse”) y hemorragias ocultas con hipotensión. Los pacientes con fractura lumbar pueden mantener la marcha si la vertebra no está colapsada en gran medida, pero sufren dolor punzante al menor esfuerzo. |
| Diagnóstico |
La radiografía AP y lateral de columna lumbar, y de pelvis, es el primer paso. La tomografía computarizada define la forma y el grado de desplazamiento en las fracturas lumbares y pélvicas. La resonancia magnética es clave si se sospecha compresión neural o disco-ligamentaria. En fracturas pélvicas, la exploración de inestabilidad (compresión lateral o anteroposterior manual) corrobora si existe daño de ligamentos. Los estudios de sangre (hemoglobina) y la ecografía FAST descartan hemorragias abdominales asociadas. |
| Tratamiento |
Las fracturas estables lumbares se manejan con corsés o fajas, analgésicos y rehabilitación temprana. Si hay inestabilidad o compromiso neurológico, se recurre a la fijación quirúrgica (tornillos pediculares, barras). En pélvicas, las fracturas estables (tipo A) permiten un manejo conservador con muletas. Las inestables (tipos B o C) exigen reducción y fijación interna (placas, tornillos) o externa. La prevención de infecciones, la analgesia adecuada y la rehabilitación orientada a restablecer la marcha resultan esenciales. Cuando existe shock hipovolémico, se atiende con reanimación y control quirúrgico de vasos sangrantes. |
| Complicaciones |
En fracturas lumbares, la principal complicación es la lesión nerviosa, que puede producir paraplejía, cauda equina syndrome o dolores neuropáticos crónicos. Las fracturas pélvicas graves conllevan hemorragias masivas, inestabilidad de la marcha y riesgo de artrosis de cadera a largo plazo. La inmovilización prolongada favorece úlceras por presión, trombosis venosa profunda y atrofia muscular. Una consolidación defectuosa genera deformidades en la columna y pelvis, limitando la actividad cotidiana. |
| Prevención | Emplear cinturones de seguridad, airbags y diseños de vehículos seguros reduce el impacto en la columna y pelvis. En la construcción y trabajos de altura, los arneses de sujeción y los protocolos anticaída evitan colisiones verticales. Las revisiones periódicas en pacientes con osteoporosis, junto con actividad física y adecuada ingesta de calcio y vitamina D, disminuyen la fragilidad vertebral y pélvica. Finalmente, la educación postural y la ergonomía al levantar pesos también minimizan fracturas lumbares. |
| Conclusión | Las fracturas en la columna lumbar y la pelvis son lesiones complejas que requieren un diagnóstico claro para definir la estabilidad ósea y descartar afectaciones neurológicas. Las técnicas de imagen (radiografía, TC, RM) encaminan al tratamiento conservador o quirúrgico, según el tipo de fractura y el grado de desplazamiento. La rehabilitación juega un rol crucial en la recuperación funcional y la prevención de discapacidades a largo plazo. La prevención a través de seguridad vial, laboral y el cuidado de la salud ósea son pilares para evitar este tipo de traumatismos. Fuente: OMS |
