El síndrome de Bannayan‑Riley‑Ruvalcaba (BRRS) es un trastorno genético autosómico dominante causado, en la mayoría de los casos, por mutaciones germinales en el gen PTEN localizado en 10q23.3. Se caracteriza por macrocefalia desproporcionada, hamartomas múltiples, lipomas subcutáneos y manchas pigmentadas en el pene masculino. Forma parte del espectro de trastornos hamartomatosos asociados a PTEN, que incluye el síndrome de Cowden. Los pacientes presentan riesgo incrementado de neoplasias benignas y malignas, particularmente cáncer tiroideo, de mama y renal.
| Tipos |
Aunque el BRRS se considera una entidad única, existe variabilidad clínica según el tipo de mutación PTEN y la penetrancia familiar. Algunos investigadores distinguen subfenotipos predominantes: 1) Forma clásica con macrocefalia y múltiples hamartomas intestinales; 2) Forma lipomatosa con lipomas masivos y escasos pólipos; 3) Forma neuroconductual con retraso del desarrollo y rasgos del espectro autista. |
| Síntomas |
Los signos tempranos incluyen perímetro cefálico > +2,5 DE al nacer, hipotonía y retraso en la adquisición de hitos motores. A lo largo de la infancia se evidencian lipomas blandos en tronco y extremidades, así como múltiples pólipos hamartomatosos en el intestino delgado y grueso que ocasionan dolor abdominal, diarrea y prolapso rectal. En varones, máculas marrón oscuros en el glande son patognomónicas. Muchos pacientes exhiben retraso en el lenguaje y dificultades de aprendizaje, y un porcentaje desarrolla epilepsia de difícil control. |
| Causas |
La etiología radica en mutaciones de pérdida de función del gen PTEN, que codifica una fosfatasa con acción negativa sobre la vía PI3K/AKT/mTOR. La haploinsuficiencia conduce a proliferación celular descontrolada y formación de hamartomas. Existe alta penetrancia, pero expresividad variable, incluso dentro de la misma familia. Menos del 10 % de los casos se relaciona con mutaciones en AKT3 u otros reguladores de mTOR. |
| Diagnóstico |
El diagnóstico clínico se basa en la tríada de macrocefalia, lipomas múltiples y hamartomas intestinales, complementada por las máculas genitales en varones. La confirmación molecular se realiza mediante secuenciación completa de PTEN. La endoscopia digestiva detecta pólipos, y la resonancia cerebral muestra megalencefalia con sustancia blanca ligeramente aumentada. El diagnóstico diferencial incluye síndrome de Cowden, proteus y neurofibromatosis tipo 1. |
| Tratamiento |
No existe tratamiento curativo; la atención se centra en la monitorización y manejo de complicaciones. Se recomienda vigilancia oncológica: ecografía tiroidea anual desde los 7 años, colonoscopía cada 3‑5 años desde la adolescencia temprana, y mamografía/IRM mamaria anual en mujeres a partir de los 30 años. Los pólipos sintomáticos se resecan endoscópicamente. La terapia ocupacional y apoyo educativo abordan los problemas neuroconductuales. Ensayos con inhibidores de mTOR (sirolimus) han mostrado reducción de la carga hamartomatosa en estudios piloto. |
| Complicaciones |
Las principales complicaciones incluyen invaginación intestinal por pólipos, sangrado gastrointestinal crónico, lipomas gigantes que comprometen la movilidad, epilepsia y trastornos del espectro autista que afectan la integración social. Existe riesgo aumentado de tumores sólidos: cáncer tiroideo papilar, carcinoma ductal de mama y carcinoma renal de células claras. |
| Prevención | Consejería genética es esencial para familias afectadas. La vigilancia oncológica descrita permite la detección temprana de neoplasias. Se aconseja evitar radiación innecesaria, mantener peso saludable y uso de anticonceptivos orales de baja hormona en mujeres con riesgo mamario. |
| Conclusión | El BRRS ilustra cómo las alteraciones en PTEN conllevan un espectro clínico complejo que combina sobrecrecimiento tisular, neurodesarrollo alterado y predisposición tumoral. Un enfoque multidisciplinario y protocolos de vigilancia personalizados mejoran la sobrevida y calidad de vida. Fuentes: Tan MH, Am J Med Genet 2024; Pilarski R, JAMA Oncol 2023. |
